Volver a la edición
Nevaco Global
8 de noviembre de 2026

Votantes sin dueño

Cargando análisis estratégico...

Cuando todas las señales parecían confirmar que el continente entraba a la era de las nuevas derechas o también llamadas ultraderechas, gana Lula y los demócratas se llevan las elecciones de medio término en Estados Unidos. La pregunta inevitable es ¿qué pasó? ¿qué cambió en el electorado? Quisiera decir que la respuesta es que la gente eligió opciones más democráticas, imperfectas como todo, pero que buscan cuidar más la democracia. La realidad está lejos de mi fantasía.

Trump pensó que era home run, bateó fuerte a lo más sur del continente apoyando a Milei y cuando perdió la elección de Brasil se dio cuenta de que era un tiro elevado y largo que le costó el out llegando a casa.

Algunas cosas en las que los analistas estadounidenses coinciden son que la elección fue un referéndum sobre Trump, el costo de vida, los aranceles y la guerra con Irán fueron determinantes; así como la votación de poblaciones afectadas por medidas concretas, en particular población negra por el desmantelamiento de los distritos y población latina que es foco principal de la violencia de ICE.

Los temas que dominaron la elección se tradujeron en que personas que votaron a Trump en 2024 eligieron a un demócrata el pasado martes. En estados tradicionalmente republicanos como Texas, Ohio, Iowa, Kansas y Carolina del Sur, cerca del 10% de quienes votaron por Trump se cambió de bando, sumado a una abstención de jóvenes republicanos y una mayor movilización de demócratas dieron la victoria al partido azul.

Hay que destacar las candidaturas nuevas y los formatos comunicativos que movilizaron la votación. El partido Demócrata comprendió muy bien la necesidad de buscar liderazgos que de verdad conectaran con los problemas de las personas y que las representaran no solo en ideas sino en su esencia.

La primera mujer negra electa gobernadora en la historia en Georgia o la primera mujer palestino-estadounidense que usa el hijab y que se convierte en parte de la Legislatura del Estado de Nueva York, entre otras diversidades culturales y religiosas que se presentaron en la lista democrata, incluso un leñador de quinta generación en el estado de Maine, donde esa industria mueve la economía.

Cuando pensamos en cómo esto se extrapola al contexto suramericano, los datos presentados por Cristóbal Rovira de la Universidad Católica de Chile y Laura Wills de la Universidad de los Andes en un evento hace unos días en Bogotá, cobran mucho valor.

En la investigación Un electorado diverso: radiografía al voto por la ultraderecha en Colombia comparan las respuestas de votantes colombianos de todas las tendencias sobre sus posiciones políticas y las comparan con votantes en Argentina, Chile y Brasil.

Cuando le preguntan a las personas encuestadas si ¿el Estado debe gastar mucho más o mucho menos en beneficios y servicios sociales? la respuesta mayoritaria en Colombia (54%), Chile (63%), y Brasil (62%) es que se debe incrementar el gasto social, Argentina (30%) históricamente ha tenido un gasto social alto, de ahí que sea el único país que quiere gastar menos. Y cuando hacen zoom en las personas simpatizantes a candidaturas de ultraderecha, esta tendencia se mantiene en Colombia y Chile, en Brasil no es mayoritaria, pero el 43% no considera que se deba disminuir.

La idea que tenemos de quienes votan a personajes como Trump, Bolsonaro, Milei, Kast o De la Espriella no es consistente con lo que esperamos del perfil típico de la derecha.

A la gente le duele profundamente su economía, la gran mayoría de personas en este continente están lejos de la riqueza y del estado de bienestar prometido; el bolsillo es lo que más parece movilizar la balanza electoral en este lado del globo. Claro que hay muchas otras cosas que pesan en cada contexto, pero lo económico y cómo se traduce en calidad de vida es el factor común.

Lo que pasó el martes en Estados Unidos y unas semanas atrás en Brasil es la mejor muestra de que el electorado tienen dolores y que quien no los atienda es intercambiable, la mayoría del electorado no tiene principios políticos férreos ni lealtades completas, tiene necesidades y punto.

En Brasil el 48% de votantes de Lula dicen que su voto está motivado por la protección social de su gobierno y se suma la aprobación en Senado justo antes de la elección del 6×1, el cambio en jornada laboral, una estocada que fue determinante.

Entre tanto, Kast y De la Espriella siguen la fórmula de Milei, la que Agustín Laje escribió para todos. Repiten sin cesar que hay que reducir el Estado y con ello los beneficios sociales. En Argentina las cifras respaldan que el electorado aprueba estas medidas y las considera necesarias, pero en Chile y Colombia, el electorado no está a favor. La gente aunque no lo sepa en teoría es más socialdemócrata de lo que parece.

Kast presentó una reforma que rápidamente fue catalogada como beneficio para los ricos, y en las últimas semanas el proyecto de Ley de Rescate Económico presentado por el gobierno colombiano ha recibido el mismo tipo de críticas. Una fórmula que ya perdió elecciones en dos países de la región y que hoy le empieza a marcar factura a estos dos gobernantes, que no han salido del papel de campaña. Las redes sociales funcionan como cámaras de eco también para los gobernantes, si no salen de su propio algoritmo, con facilidad pueden perder la siguiente elección, en nuestro caso las territoriales.

Continúa la lectura estratégica

Accede a la nota completa y mantente a la vanguardia de los movimientos financieros globales.

Leer artículo en Nevaco Global

Nevaco Report — Monitoreo en tiempo real de mercados globales y análisis macroeconómico.

También podría interesarte