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El cargamento estaba compuesto por unidades de 5,2 centímetros de longitud y está valorado en cientos de miles de dólares.
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Sillas, pupitres, pizarras, cajas de herramientas y, en especial, máquinas de coser. ¿Qué ocurre con todo este material escolar que se sustituye por nuevos modelos o queda desfasado por el tipo de formación que se imparte, pero aún continúa en buenas condiciones? Podría acabar en la basura. O incluso peor, olvidado en un almacén y desaprovechando su potencial. Pero nada más lejos de la realidad. Lo que para algunos centros educativos ya no tiene utilidad, para otros puede convertirse en el principio de todo. Y es precisamente en esta sencilla idea en la que se resume el nuevo proyecto de la Consejería de Educación y la organización sin ánimo de lucro (ONG) Startup Gambia: el Centro de Producción y Capacitación Técnica Local de Gambia.
El proyecto parte de la cesión de 18 máquinas de coser industriales procedentes de equipamiento de Formación Profesional en desuso en Canarias. Con ellas, la iniciativa busca dar una segunda vida a estos recursos y convertirlos en una herramienta para formar a jóvenes y reforzar la capacidad productiva de Gambia. El objetivo es que la maquinaria no solo sirva para enseñar un oficio, sino también para sentar las bases de una producción local capaz de responder a algunas de las necesidades del país.
Algunas de las sillas para los colegios de Gambia. / Andrés Gutiérrez
Y esas necesidades son concretas. Por ejemplo, las Fuerzas Armadas, los bomberos, la policía y otros servicios de emergencias y seguridad de Gambia necesitan uniformes, calzado y equipamiento profesional que, en buena parte, todavía deben adquirir en el exterior. El proyecto pretende que algunos de estos productos puedan fabricarse y repararse localmente. "El proyecto pretende transformar esa necesidad en una oportunidad", explica la directora de proyectos de Startup Gambia, Sonja Arup.
La idea de utilizar maquinaria en desuso para generar formación y producción local no parte de cero. De hecho, el nuevo proyecto toma como punto de partida una experiencia que ya ha dado sus primeros frutos. Hace dos años, la Consejería cedió a la asociación siete máquinas de costura, procedentes de equipamiento educativo en desuso para el proyecto Salvacostura. Y un año después fueron trasladadas a Gambia. "Teníamos claro que no queríamos que terminaran vendidas en un mercado, como ocurre muchas veces con otras donaciones por desconocimiento o falta de mantenimiento", detalla Arup.
Por eso, el trabajo comenzó antes incluso de ponerlas a funcionar. "Las máquinas de coser llevaban un montón de años sin usarse, así que hicimos una puesta a punto", explica. Una vez recuperadas, se impartió formación para enseñar a utilizarlas y se contó con una persona especializada en máquinas de coser. El siguiente paso fue poner ese conocimiento al servicio de una necesidad concreta. Un bombero del Consorcio de Emergencias de Gran Canaria, especialista y formador en rescate acuático, diseñó un prototipo de chaleco salvavidas y un churro de rescate. "Un material de este tipo en España te cuesta 250 euros y un chaleco, 500, pero Gambia no tiene poder económico para comprarlo, explica Arup.
El prototipo viajó hasta el país africano y allí se enseñó a las bomberas gambianas a confeccionarlo. Se fabricaron hasta 50 chalecos salvavidas y 25 brazos de rescate, empleando también materiales reutilizados de Canarias. A día de hoy, las máquinas continúan en el país y sirven para que los equipos de emergencia confeccionen sus propios uniformes de trabajo. "Eso se traduce en un ahorro de un 80%, y no solo de dinero, también de mano de obra", señala. Así, la experiencia demostró que, con formación y continuidad, reutilizar este equipamiento puede ir más allá de darle una segunda vida: puede servir para que Gambia gane capacidad para producir por sí misma.
El buen resultado de aquella experiencia llevó a Starup a plantear un proyecto de mayor alcance. "Cuando vi que eso funcionó súper bien, se lo planteé al consejero, me dijo que había 18 máquinas de coser más y pensé: me las llevo, las ponemos a punto y montamos un proyecto dirigido a la juventud", comenta. El proyecto contempla comenzar con el diseño y fabricación de uniformes adaptados a las condiciones climáticas de África Occidental, después del envío del material en septiembre. "Sabemos que se importan uniformes, pero no están preparados para esa climatología", recuerda. Y añade que "lo mismo hicimos con los chalecos, los diseñamos específicamente para los cuerpos de allí y su forma".
La previsión es formar directamente a unos 150 jóvenes durante el primer año en confección de uniformes destinados a los servicios de emergencias y seguridad. Pero la repercusión irá más allá de quienes reciban la formación. La producción local de uniformes, botas y calzado permitiría reducir la dependencia de las importaciones y, con ello, los costes para el país. La intención es que, una vez consolidada la formación, el centro pueda dar paso a una pequeña industria local capaz de producir y reparar parte del equipamiento que ahora mismo Gambia necesita importar.
En realidad, el proyecto no surge de la nada. De hecho, forma parte de del Programa Internacional de Cooperación para el Fortalecimiento de los Sistemas de Emergencia y Protección Civil de Gambia que desarrolla la asociación desde hace tres años. La iniciativa se enmarca en un plan estratégico a siete años vista para el desarrollo de los servicios de emergencias, protección civil, seguridad y Economía Azul en la República de Gambia.
Además de las 18 máquinas de coser, la Consejería ha cedido otros recursos procedentes de centros de Formación Profesional, entre ellos maquinaria de marroquinería, equipamiento de cocina industrial, herramientas, material de obra, pizarras, tableros y mobiliario. "Es material que también servirá para desarrollar más proyectos de este tipo en otros ámbitos, además de equipar clínicas y colegios", concluye Arup.
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Perfumes y cosméticos concentran buena parte de los decomisos. Interpol advirtió que detrás del negocio operan redes de crimen organizado. Perfumes y cosméticos concentran buena parte de los decomisos. Interpol advirtió que detrás del negocio operan redes de crimen organizado.