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Nevaco Global
5 de julio de 2026

Un nuevo orden energético en Oriente Medio: los países del Golfo buscan vías alternativas al estrecho de Ormuz

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Imagen vía satélite del estrecho de Ormuz. / DPA / EUROPA PRESS

La amenaza siempre había estado allí. Irán, en lo últimos años, había mencionado reiteradamente la posibilidad de cerrar el estrecho de Ormuz, atacarlo o bloquearlo si sufría algún ataque de sus dos enemigos históricos, Israel y Estados Unidos. Y el pasado 28 de febrero, cuando Washington y Tel Aviv bombardearon por sorpresa Teherán, la República Islámica apretó su botón nuclear particular. Ormuz —bajo ataques, amenazas, drones, y bombardeos constantes— cerró. Con él, el 20% del comercio mundial de petróleo y gas, que pasaba antes por esta vía, una de las más transitadas del mundo.

Ormuz separa el golfo Pérsico del golfo de Omán, y alberga a varios de los países con más reservas de crudo y gas de todo el mundo. Las exportaciones de algunos de estos países —como Qatar, Bahréin, Kuwait e Irak— se redujeron a casi cero.

Ahora, Ormuz ha reabierto, aunque el fantasma de una vuelta al conflicto, ya sea la semana que viene, el mes que viene o en unos años, se mantiene. Las monarquías de la región han entrado en una carrera contra el reloj para encontrar alternativas. Será difícil y, sobre todo, nada barato.

En la actualidad, de todos los países del Golfo, tan solo Arabia Saudí dispone de una alternativa al estrecho y los peligros de la costa cercana a Irán. Riad tiene un oleoducto que le permite pasar petróleo y gas hacia el mar Rojo, desde donde es cargado en petroleros. Este oleoducto, sin embargo, es tan solo capaz de transportar la mitad de todas las exportaciones saudíes de crudo de antes de la guerra.

Emiratos Árabes Unidos (EAU) está estudiando un nuevo oleoducto que conecte el este con el oeste de su propio país, fuera ya del Golfo Pérsico, y Qatar ha abrierto negociaciones con Ankara para crear un enorme oleoducto internacional que conecte la pequeña monarquía del Golfo con su mayor aliado internacional, Turquía, pasando por Arabia Saudí, Jordania y Siria.

Con ello, el Gobierno turco —cuyo ministro de Energía ha visitado el Golfo en varias ocasiones durante los últimos dos meses— espera convertirse en un nuevo punto neurálgico de la llegada de energía hacia Europa. Turquía ya es la puerta de entrada de gas y crudo azerbaiyano e iraquí, además de ruso a través del Türkstream, un oleoducto que cruza el mar Negro.

Un buque surca las aguas del estrecho de Ormuz en una imagen facilitada por el Ministerio de Información de Omán. / XINHUA / EUROPA PRESS

"Las posibilidades de un oleoducto desde Qatar hacia Turquía parecen bastante altas, ya que sería económicamente viable. En el pasado, Qatar siempre vio con malos ojos la inversión en infraestructuras de este tipo, sobre todo porque Europa expandió sus capacidades de almacenaje en puertos. Pero el cierre de Ormuz ha cambiado los cálculos. Ahora los exportadores de petróleo de la región se han dado cuenta de que necesitan diversificar sus vías de exportación", explica el experto del think tank internacional Atlantic Council Ömer Özkizilcik.

Las conversaciones no son solo entre Qatar y Turquía. Kuwait, Emiratos y Arabia Saudí mantienen supuestamente diálogos para unir sus exportaciones y mandarlas hacia el oeste, en dirección a Egipto. Irak ya anunció a inicios de junio la multiplicación por tres del volumen de sus exportaciones hacia el norte, a través del Kurdistán iraquí. Los puntos cardinales apuntan todos en las direcciones contrarias a un mismo eje: Irán y los peligros que alberga el estrecho de Ormuz.

"Estamos en diálogo con muchos países vecinos. Antes, muchos nos decían que '¿por qué construir oleoductos si nadie los usaría?'. Pero ahora les vemos un uso y razón claros", declaró la semana pasada en un encuentro de inversores Khaled Ahmad al Sabah, miembro del equipo directivo de la Corporación de Petróleo Kuwaití.

"La mayor lección de la guerra en Irán, en términos energéticos, es la constatación de lo dependientes que son los países del Golfo de la seguridad en Ormuz, y lo fácil que es para Irán crear disrupciones en este sentido. Hasta hoy, estos países dependieron de EEUU en materia de seguridad para seguir con su producción y exportación de energía. Pero la guerra ha demostrado que para Washington los intereses de Israel son más importantes que los de los países del Golfo", continúa Özkizilcik.

"La guerra ha evidenciado que la protección política y militar de Washington ha sido fútil —asegura el experto—. EEUU no avisó a los países del Golfo de que iba a atacar, ni demostró tener en consideración su seguridad. Y, más aún, se mostró incapaz de proveer protección militar contra los ataques iraníes".

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