Trump acaba de prometer un dividendo de 5.000 dólares (4.300 euros) a los americanos si los republicanos ganan las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre, cuando se renueva toda la Cámara de Representantes y la tercera parte del Senado. Dos flashes. Uno, me ha recordado aquellos rancios carteles de las películas americanas de cowboys, en los que siempre salía el forajido perseguido junto a la cifra en dólares de la recompensa. ¿La ley del Oeste? Dos, ¿tan acojonado está Trump, el hombre más prepotente del mundo, para pagar 5.000 dólares a cada adulto americano —que sumarían nada menos que el 3% del PIB— para evitar una derrota en noviembre?
Sí, casi está desesperado. Ganó prometiendo que América no entraría en más guerras (Vietnam, Irak y Afganistán costaron muchas vidas), y que los precios —que dijo que habían subido por culpa de Biden— bajarían. Y resulta que hace seis meses empezó una guerra contra Irán que se debía acabar en dos o tres semanas y aún continua. Y el estrecho de Ormuz, que siempre estaba abierto, sigue cerrado. Ha hecho el ridículo. Dijo que, si no se rendían, haría desaparecer la civilización iraní y no se ha atrevido ni a intentarlo, porque Irán puede responder dañando seriamente a los países del Golfo —Arabia Saudí incluida — que son los aliados de América y con los que Trump planea negocios inmobiliarios en Gaza, en las tierras arrebatadas a los palestinos. Exagero, sí, ma non troppo.
Y lo peor es que la subida del petróleo —ha vuelto a pasar de los 100 dólares por barril, un aumento del 67% en el año— está tirando los precios al alza. Y el galón de gasolina roza los 4,15 dólares, algo que hace trizas todas sus promesas de rebajar el coste de la vida. Por eso, según la última encuesta consultada (Financial Times), Trump solo es aprobado hoy por el 33% de los electores, el 66% cree que la economía va mal y —más definitivo— el 57% asegura que su situación financiera es peor que cuando volvió a ser presidente.
Si Trump pierde las elecciones en la Cámara de Representantes (bastante posible) será un pato cojo los dos años que le quedan. Casi no podrá hacer nada. Y si también pierde el control del Senado (más difícil) puede ser destituido con un impeachment de los demócratas. Razones, empezando por la riqueza acumulada por su familia, no faltarán, sobrarán.
Trump no puede perder y como tiene el Nobel de la prepotencia —dice que el estrecho de Ormuz se llamará de Trump y que el estado de Nuevo México cambiará de nombre porque no le gusta— está dispuesto a todo. De momento, a pagar a los americanos una mordida de 5.000 dólares, como si fueran poco escrupulosos intermediarios. ¿Luego?
Pero su telón de Aquiles es que su instinto económico —bajar impuestos y subir el gasto— está disparando el déficit y la deuda pública, que ha sobrepasado los 40.000 millones de dólares, lo que inquieta a los mercados y hace subir los intereses de los bonos del Tesoro con los que se financia el déficit. Así, la deuda americana a 10 años pagaba ya el 4,9% el pasado jueves, bastante por encima del 3,48% de la alemana e incluso el 3,94% de la española, que también se han disparado. A Trump lo sufrimos todos, aunque Sánchez y Feijóo vayan a lo suyo.
Y el interés de los bonos empuja al alza las hipotecas y los créditos y castiga a la economía. Trump se ha pasado dos años atacando con saña a Powell, el presidente de la Reserva Federal, porque no bajaba los tipos de interés y ahora Kevin Warsh, el presidente que acaba de nombrar, seguramente tendrá que subirlos para no perder credibilidad contra la inflación. El BCE ya lo hizo el jueves, hasta el 2,5%.
Y Trump ha perdido su proverbial instinto de hacer marcha atrás cuando veía que no podía (Groenlandia). Ahora no sabe parar la locura de Irán y hace que Scott Bessent, su secretario del Tesoro que hasta ahora le moderaba, compre bonos para que no suban sus intereses. Pero así solo inquieta más a los mercados y los bonos americanos a 30 años estaban el jueves al 5,34%, el punto más alto desde la crisis de 2007.
¿Solución? Más aranceles al rebelde Canadá y 5.000 dólares de propina a todos los americanos… si se portan bien.