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Nevaco Global
3 de agosto de 2026

Exportadores contra las cuerdas por caída en el dólar

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Aunque un dólar barato beneficia a las importaciones del país, de otro lado, pone contra las cuerdas a las empresas exportadoras, alerta la Anif.

Las empresas colombianas, principalmente las exportadoras, enfrentan una vulnerabilidad financiera que combina el endurecimiento de la regulación laboral con la reciente apreciación del peso frente al dólar. De acuerdo con el centro de estudios económicos Anif, por el lado laboral, la reforma de 2025 elevó el costo de contratar mano de obra formal, con medidas como la reducción de la jornada laboral, el incremento del recargo nocturno y de horas extra, y las restricciones a la contratación bajo la modalidad de tiempo fijo. A esto se suma el incremento del 23% en el salario mínimo, un ajuste que por sí solo representa un peso considerable en la nómina de las empresas.

Para los expertos de la Anif, el reto no es solo de mayor gasto, sino de caja. Manteniendo un mismo nivel de producción, las empresas deben destinar una mayor parte de los ingresos para cubrir estos costos laborales en un momento en que el valor en pesos colombianos de esas ventas se reduce por cuenta de la apreciación cambiaria.

A corte del 24 de julio de 2026, el dólar cayó por debajo de los $3.200 COP, su nivel más bajo desde 2019. La magnitud del movimiento es significativa: en lo corrido del año el peso acumula una apreciación del 12,8%, un giro considerable frente a la misma ventana del año pasado, cuando el dólar, por el contrario, registraba una depreciación del 6,9%.

En ese sentido, el tejido empresarial de algunas actividades económicas presenta un reto en doble vía: por un lado, deben enfrentar el incremento en los costos laborales sobre su mano de obra formal y por otro, una reducción de sus ingresos tasados en pesos por cuenta de las ventas al exterior. A la dificultad anterior, se suma la imposición arancelaria a algunos productos colombianos, como los agroindustriales y textiles, por parte de Estados Unidos que, según Analdex, podrían afectar al 30% de las exportaciones del país.

En materia de dólar, en los últimos meses, Colombia ha registrado una de las apreciaciones más marcadas de la región, resultado tanto de factores externos como de elementos propios de la economía nacional.

Para la Anif, en el frente externo, el fenómeno responde principalmente a una debilidad generalizada del dólar frente a las monedas emergentes, en un contexto de mayor apetito por activos de riesgo a nivel global y el repunte reciente en los precios del petróleo, que ha fortalecido el balance externo. En el frente local, los expertos identifican al menos dos factores: el diferencial de tasas de interés, que ha hecho particularmente atractivo el carry trade hacia Colombia, en un contexto en que el Banco de la República mantiene su tasa en 12,0% como resultado de su esfuerzo por converger a la meta de inflación del (3%). Y la mejora en las expectativas de los inversionistas de cara al relevo presidencial del 7 de agosto, que ha impulsado una entrada sostenida de capitales de inversión asociada a la menor percepción de riesgo.

La apreciación del peso colombiano ha sido atípica frente al panorama de América Latina. Además, mientras que en 2022, el peso colombiano era, en términos relativos, la moneda más depreciada de la región, hoy es la que exhibe la mayor apreciación de todo el grupo.

Pero este giro no ha sido gradual: la caída se concentra en los últimos meses, de forma más pronunciada que en el resto de las monedas latinoamericanas, las cuales se han mantenido en un rango comparativamente más estable.

Este hecho refleja dos realidades que conviven de manera simultánea: por un lado, la menor tasa de cambio representa una ventaja para las importadoras, pues ahora por el mismo producto se pagan menos pesos, e incluso beneficia a los viajeros nacionales que visitan países en el exterior con el dólar norteamericano como moneda de intercambio; pero, por otro lado, las exportadoras reciben menos pesos por cada dólar exportado.

A pesar de ser un país principalmente importador, donde las compras al exterior representan cerca del 20,5% del Producto Interno Bruto (PIB), la participación de las exportaciones (15,1%) no es menor.

La canasta exportadora se compone principalmente de bienes industriales extractivos (40,2%), agrícolas (26,8%) y manufacturas (15,1%), de acuerdo con las cifras registradas entre enero y mayo de 2026. A nivel de producto, se destaca la participación de los aceites crudos de petróleo o de mineral bituminoso (21,3%), el oro (15,1%) y el café sin tostar ni descafeinar (8,5%).

Además de los productos anteriores, existen sectores que dependen casi exclusivamente de las exportaciones, como la floricultura y otros productos agroindustriales. En cuanto a las flores, del total de la producción nacional de pompones y otras flores de capullo cortado, el 94,8% son exportadas, 88,8% para el caso de las rosas y 87,8% para claveles. Respecto al café trillado, este porcentaje alcanza el 88,3%, 65,7% para el banano y 63,4% para artículos de confitería que no contengan cacao.

Indudablemente, las empresas exportadoras de estos productos, así como las exportadoras de tilapia, como las presentes en Huila, enfrentarán mayores dificultades para cubrir sus costos operativos, disminuyendo el margen de acción ante choques financieros o cambios regulatorios laborales.

Por eso, para la Anif, es evidente el reto que enfrentan actualmente las empresas exportadoras para mantenerse a flote: el endurecimiento regulatorio en las condiciones de contratación y los menores ingresos derivados de la apreciación cambiaria. A esto se suma el mayor costo proveniente de los recientes aranceles anunciados por Estados Unidos, principal socio comercial del país.

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