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Nevaco Global
31 de agosto de 2026

Corficolombiana destaca al fracking como una oportunidad

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El área de Investigaciones Económicas de Corficolombiana emitió un informe sobre la urgencia de implementar fracking en Colombia, las consecuencias de no haberlo hecho antes y las oportunidades que están todavía bajo tierra.

“Colombia enfrenta el reto de recuperar su seguridad energética y revitalizar un sector históricamente clave para las exportaciones, la inversión, los ingresos fiscales y el crecimiento económico”, recalcó mediante un informe el área de Investigaciones Económicas de Corficolombiana, en el que se aborda el fracking como una oportunidad urgente. Algo que en el presente gobierno, contrario al periodo del expresidente Gustavo Petro, será uno de los temas prioritarios en la agenda del ejecutivo.

Los yacimientos no convencionales son depósitos de petróleo y gas atrapados en rocas de baja permeabilidad, que requieren técnicas especiales de extracción, como el fracturamiento hidráulico o fracking. Esa técnica se utiliza dada la baja permeabilidad, que no permite que el hidrocarburo fluya fácilmente hacia el pozo por sí solo. Es decir, a diferencia de un yacimiento convencional, se necesita fracturar la roca artificialmente para liberar el gas o el petróleo.

Según el informe de Corficolombiana, el fracking representa una oportunidad para ampliar las reservas, fortalecer la producción nacional, reducir la dependencia de las importaciones de gas y generar recursos para la reconstrucción del país, así como para el crecimiento, el empleo y la inversión.

Advierte que “la experiencia reciente evidencia los costos de haber limitado la exploración y la generación de información sobre alternativas energéticas, mientras que la evidencia internacional muestra que estos recursos pueden fortalecer la seguridad energética y dinamizar la economía. Colombia cuenta hoy con mejores condiciones para evaluar su potencial y gestionar sus riesgos, gracias a las líneas base desarrolladas, el marco jurídico vigente y los avances tecnológicos”.

Por eso, para los expertos, el desafío ahora no consiste en seguir restringiendo el aprovechamiento de estos recursos, sino en asegurar que avance de manera responsable y eficiente.

Sin embargo, hacen una importante aclaración y es que “este proceso no será inmediato. Entre los factores que incidirán en sus tiempos de desarrollo se encuentran el licenciamiento ambiental y los procesos de consulta previa, que deben surtirse de manera rigurosa y transparente, pero también con una participación más activa y efectiva del Estado, que garantice agilidad. El reto es fortalecer las instituciones para gestionar los riesgos, coordinar la acción pública y convertir la evidencia disponible en crecimiento, empleo, inversión, seguridad energética y sostenibilidad fiscal para el país”.

Recuerda Corficolombiana que durante más de dos décadas, el sector minero-energético fue uno de los principales motores de la economía colombiana.

“Su aporte a las exportaciones, la inversión y las finanzas públicas convirtió a los hidrocarburos en un activo estratégico para el desarrollo del país. Sin embargo, esta dinámica se ha debilitado de manera significativa en los últimos años, en un contexto de decisiones que redujeron la exploración, la incorporación de nuevas reservas y la generación de evidencia sobre algunas de las alternativas con mayor potencial para fortalecer la oferta futura de energía”.

Según sus datos, el valor agregado del sector se encuentra cerca de 20% por debajo de los niveles observados antes de la pandemia, es decir, 2019.

Al mismo tiempo, la participación del gas importado en el suministro nacional y el acortamiento del horizonte de autosuficiencia han reabierto el debate sobre las alternativas disponibles para fortalecer la oferta futura de petróleo y gas.

Durante el primer semestre de 2026, la producción de crudo se redujo 2,1% frente al mismo período de 2025 y la producción comercializada de gas cayó 13,8%, en un contexto en el que las reservas probadas equivalían a apenas 7,4 años de producción de petróleo y 5,9 años de gas.

El deterioro también se ha reflejado en el frente externo y fiscal: las exportaciones de petróleo y sus derivados pasaron de USD 16 mil millones en 2019 a USD 12,5 mil millones en 2025, mientras que los ingresos del Gobierno nacional central asociados a la actividad cayeron de 3,3% del PIB en 2013 a apenas 0,6% en 2025.

Además, desde 2024, Colombia comenzó a importar gas para atender parte de la demanda esencial, sustituyendo producción nacional por un suministro más costoso y dependiente de infraestructura de importación.

Por eso, “los yacimientos no convencionales cobran relevancia por su potencial para ampliar la producción de hidrocarburos, fortalecer la seguridad energética y contribuir al crecimiento, la inversión y la generación de empleo”.

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