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Nevaco Global
19 de julio de 2026

Las sorpresas que puede dar Trump en una final en la que también será protagonista

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El presidente de EE.UU. irá por primera vez a un partido del Mundial y llegará a la final rodeado de tensiones diplomáticas; desde el palco buscará hacer otra demostración de poder

¿Será aclamado como Angela Merkel en 2006, silbado como Dilma Rousseff en 2014, convertido en el villano perfecto como Vladimir Putin en 2018 o ridiculizado por exagerar su protagonismo como Emmanuel Macron en 2022? Con Donald Trump, todas las respuestas pueden ser correctas al mismo tiempo.

Cuando mañana por la tarde la pelota empiece a rodar por el pasto del MetLife Stadium, todas las miradas estarán puestas en las selecciones, pero antes y después el presidente norteamericano encontrará la forma de ser protagonista. No importa que Lionel Messi esté en la cancha: para Trump este es su Mundial y finalmente asistirá a un partido. Desde un palco en el que habrá no pocos líderes con los que mantuvo una relación tensa, buscará consolidar su poder y su visión del mundo.

Desde que se confirmó que España y la Argentina disputarían la final, una lectura geopolítica se instaló en varios medios: será una batalla entre un aliado fiel del magnate, Javier Milei, y un enemigo ideológico, Pedro Sánchez. Lecturas que llegan al extremo en un medio progresista neoyorquino como The Nation, que instó a sus lectores a hinchar por España no solo por su juego, sino por su política. “La idea de que [Trump y Milei] se unan en el campo y levanten juntos el trofeo del campeonato de la FIFA es nauseabunda", publicó el medio, no enterado de que el presidente argentino ya dijo que lo verá en el país por cábala.

Trump hasta ahora ha evitado pronunciarse sobre si hinchará por la Argentina o por España. En las últimas horas, la Casa Blanca, a través de su grupo de trabajo para el Mundial, defendió el derecho de los jugadores argentinos a mostrar una bandera reivindicando la soberanía de las Malvinas tras la victoria ante Inglaterra, apelando a la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense sobre la libertad de expresión. Este gesto, que enfureció al gobierno británico, contrasta con la rigidez de su política migratoria, ejemplificada en el caso de Joan Capdevila. El excampeón del mundo español denunció que se le negó el permiso de viaje (ESTA) para asistir a la final con sus hijos, aparentemente por haber participado en un partido de leyendas en Irán en 2016, una muestra de las restricciones de ingreso que sobrevolaron todo el torneo.

Con su debilidad por la realeza, Trump probablemente no esquive el saludo al rey Felipe VI, que también confirmó su presencia. ¿Pero le dará la mano a Pedro Sánchez después de las amenazas que lanzó contra quien considera un “terrible aliado” de la OTAN? En todo caso, no será el único líder con el que mantiene una relación tensa que estará presente en el palco. También compartirá espacio con los otros dos coanfitriones del torneo. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aceptó la invitación directa del mandatario a pesar de las crecientes tensiones por el narcotráfico, la seguridad fronteriza y la renegociación del tratado de libre comercio. Y también estará presente el primer ministro canadiense, Mark Carney, un crítico acérrimo de Trump. El presidente estadounidense amenazó con imponer nuevos aranceles a Canadá para cubrir los costos de la contaminación generada por los incendios forestales que ensombrecieron los cielos de Nueva York y Nueva Jersey en las horas previas a la final, calificando la situación de “negligencia deliberada”.

El combo explosivo lo completa el alcalde de Nueva York, el socialista democrático Zohran Mamdani, convertido en un referente de todo lo contrario a lo que representa Trump. Mamdani, que había sugerido un “robo a Egipto” en su eliminación con la Argentina, también se negó a inclinarse por un favorito para no llevar mala suerte. “Todos los equipos por los que hinché quedaron afuera”, dijo entre risas.

El despliegue de seguridad para esta final recibió por parte de las autoridades federales la calificación de Nivel 1 (SEAR 1), una categoría reservada para eventos de importancia nacional e internacional “significativa”

Esto significa que el operativo exige un apoyo masivo entre varias fuerzas que incluye vigilancia aérea, equipos de inteligencia de campo y perros detectores de explosivos coordinados por el Departamento de Seguridad Nacional para proteger a los mandatarios. La presencia de Trump y sus invitados al palco se traslada así en una molestia extra para los hinchas, con cortes de calles programados y más medidas de seguridad.

Muchos pondrán la lupa en cada gesto que pueda haber en el palco, pero para Trump estas fricciones parecen secundarias frente a su deseo de estar en el centro de todo. En una recepción previa a la final en la Torre Trump junto a Gianni Infantino, el mandatario se mostró exultante y hasta se animó a hablar de fútbol. No escatimó elogios hacia Messi —destacó el “brillante” centro en el segundo gol de la semifinal—, defendió a Harry Kane, con quien jugó alguna vez al golf, y criticó el planteo defensivo de Inglaterra. “Creo que tal vez cometieron un error cuando lo convirtieron en un jugador defensivo”, un análisis compartido por buena parte del mundo del fútbol.

Además, aprovechó para recordar su intervención directa en la polémica de Folarin Balogun. Admitió que llamó a Infantino para que se revisara la tarjeta roja del delantero estadounidense, una acción que generó acusaciones de interferencia política pero que él defendió como una “gran decisión” para evitar controversias. En su estilo característico, sugirió su intención de organizar otro Mundial en 2038 y bromeó con que “esta vez dejaremos fuera a México y Canadá“.

También fiel a su estilo, Infantino se inclinó ante Trump. “Todo esto no habría sido posible, y digo esto porque es la verdad, porque no necesita que la gente lo felicite, señor presidente, esta Copa del Mundo no habría sido un éxito tan increíble sin usted”, dijo el jefe de la FIFA, que evitó mencionar las controversias que rodearon al plantel de Irán o la prohibición de ingreso al país de un árbitro somalí.

Feliz tras los halagos, Trump concluyó diciendo que la Copa del Mundo había demostrado a todos los hinchas que viajaron la idea que intenta instalar desde que asumió su segundo mandato: que esta es una “edad de oro de Estados Unidos”. Para The Wall Street Journal, el Mundial ha funcionado como una afirmación del “soft power” estadounidense. “En un momento en que el Atlántico nunca se ha sentido más ancho y la política exterior estadounidense a veces ha enfrentado al país incluso con sus aliados más antiguos, la Copa del Mundo fue un claro recordatorio de que Estados Unidos todavía posee un brillo deslumbrante capaz de cautivar al resto del mundo”, señaló el diario neoyorquino.

Pero el Mundial todavía puede guardar alguna sorpresa en su último día. ¿Qué papel desempeñará Trump en la entrega de la copa? La historia de los palcos de honor tiene algunos precedentes fascinantes.

¿Será elogiado como Angela Merkel en 2006? En el último Mundial de Alemania, la entonces canciller usó el torneo para transformar su imagen de burócrata fría en la de “hincha número uno”, mejorando la imagen internacional de su país. Trump ha intentado una narrativa similar, pero su liderazgo polarizador contrasta con lo que entonces encarnó Merkel: una figura unificadora.

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