Con poco más de 120 kilómetros de costa sobre el Atlántico norte, en el oeste de África, la selección de la República de Benín (ex Dahomey) será el último rival de la Argentina en una serie de amistosos (los otros dos serán Bolivia y Burkina Faso) de la FIFA. El encuentro, que tendrá lugar el 6 de octubre en el Monumental, va a ser la despedida de Lionel Messi con la albiceleste tras anunciar su retiro del fútbol internacional.
Benín está entre Togo (al oeste), Nigeria (al este) y Burkina Faso y Níger (al norte). Tiene salida al Océano Atlántico por el sur y es un país de poco más de 15 millones de habitantes, en su mayoría concentrados en la costa sur, cerca de los puertos.
Ubicada en forma perpendicular al golfo de Guinea, ocupa una superficie de 112.622 kilómetros cuadrados (un tercio de Portugal). El idioma oficial es el francés y la capital es Porto Novo, el puerto más importante, y donde reside el gobierno: Cotonou.
El país concentra varias de las marcas más profundas de la presencia europea en África occidental: desde los primeros contactos comerciales y el tráfico de esclavos en la costa hasta la conquista francesa y la posterior herencia colonial.
“Dahomey era un reino africano que participó muy activamente en la trata de esclavos entre el siglo XVII y el XIX, previo a la colonización. Los europeos fundaron una serie de establecimientos costeros. De hecho los primeros que llegaron fueron los portugueses buscando oro”, indicó Sergio Galiana, profesor de historia especializado en África y Asia en la Universidad de Buenos Aires (UBA), en diálogo con LA NACION.
Sostuvo, a su vez, que Dahomey formó parte de una serie de países africanos cuyos habitantes fueron esclavizados por ingleses, franceses, portugueses, españoles, daneses, holandeses y alemanes. “Todos participaban de ese negocio”, marcó. En 1704, Francia recibió permiso para construir un puerto y en 1752 los portugueses fundaron Porto Novo, la capital oficial.
La colonización francesa ocurrió en la década de 1890, cuando los europeos, detalló Galiana, abandonaron el tráfico de esclavos y comenzaron a precisar que los africanos compraran productos manufacturados y produjeran bienes, sobre todo a partir de la Revolución Industrial.
En 1904 comenzó a formar parte de la zona occidental francesa, fue proclamada república en 1958 y se independizó en 1960. Hoy integra las Naciones Unidas.
El primer gobierno independiente llegó al poder mediante un golpe de Estado, en 1963, y desde entonces durante casi una década Dahomey soportó numerosos levantamientos, que siempre terminaban en golpes militares, en medio de décadas de golpes de Estado en la región por la inestabilidad que había dejado la ola de independencias africanas. En 1972 comenzó un régimen de 17 años que en 1975 se impregnó de ideología marxista-leninista. Ese año el país cambió de nombre: pasó a llamarse Benín.
Unos años después de que ese régimen fuera desplazado del gobierno, en 1989, se adoptaron reformas democráticas y la transición hacia un sistema multipartidario se completó en 1991.
Desde 2016 hasta este año, el gobierno del país estuvo en manos del presidente Patrice Talon. En diciembre del 2025 su residencia fue atacada y sufrió un intento de golpe de Estado, que fue reprimido por las fuerzas policiales.
Hoy gobierna Romuald Wadagni, exministro de Economía de Talon, desde mayo de este año. Si bien hay cierta estabilidad democrática, fortalecida tras la represión del intento del golpe de Estado, hubo numerosos cuestionamientos de organizaciones internacionales por los presos políticos y la libertad política.
“Los golpes (o intentos de golpes) de Estado recientes en África occidental son diferentes de la oleada de golpes posteriores a las independencias en los 60. Los que se están dando ahora, que dieron origen a los cambios de régimen en Burkina Faso, Níger, Malí, Guinea, Chad, tienen que ver con la crisis política, humanitaria y militar creada por el cambio climático, la inseguridad alimentaria y la competencia por recursos, que fue muy aprovechada por diferentes grupos políticos para llevar adelante procesos de insurrección armada con una fuerte impronta anti-francesa”, expresó Galiana a este diario.
Hizo hincapié en que, si bien hay formalmente una democracia, “hay una utilización de la Justicia para limitar las voces de de opositores”. A modo de ejemplo, Talon modificó la Constitución para establecer que para poder ser candidato a presidente hay que tener un mínimo de avales presentados por diputados, alcaldes y gobernadores, lo que logró evitar el ingreso de outsiders a la política. También, el principal partido de oposición fue impugnado por la Corte Suprema de Justicia, que señaló que no cumplía con los requisitos.
“Es una democracia formal, pero con un sistema que está, de alguna manera, regulado o manejado para evitar que haya transiciones políticas”, resumió el docente de la UBA.