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Los episodios se suman a una relación bilateral marcada desde el regreso de Trump a la Casa Blanca por amenazas arancelarias
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Las instituciones internacionales atraviesan una crisis profunda. Muchas fueron concebidas para un mundo distinto: uno marcado por el impulso de la globalización, la expansión de la democracia liberal y la confianza en que la cooperación entre países podía resolver gran parte de los problemas globales.
Ese consenso quedó atrás. Hoy la búsqueda de seguridad vuelve a prevalecer sobre la eficiencia económica y las afinidades ideológicas. Este deterioro se advierte en organismos como la Organización Mundial del Comercio, cuyo sistema de solución de controversias está seriamente debilitado, y también en las Naciones Unidas, donde las divisiones entre los miembros permanentes paralizan con frecuencia al Consejo de Seguridad.
Pero de esta crisis surge una paradoja: cuanto menos previsible e institucionalizado se vuelve el orden internacional, más importantes resultan las instituciones nacionales. Los países que cuenten con reglas estables, burocracias profesionales y capacidad estratégica estarán mejor preparados para transformar sus oportunidades económicas y geopolíticas en desarrollo.
El primer motivo es de orden económico. En un mundo atravesado por conflictos e incertidumbre, las instituciones son las que brindan los niveles de certidumbre que los inversores necesitan. Las naciones capaces de ofrecer reglas de juego claras y estables, sostenidas por sistemas judiciales confiables, se encuentran en mejores condiciones para atraer inversiones. En mi experiencia, a la hora de decidir dónde invertir, los empresarios otorgan un peso decisivo a la vigencia del Estado de derecho, incluso frente a retornos potencialmente más altos o ventajas impositivas transitorias.
Para los países en desarrollo, la estabilidad y la previsibilidad ofrecen una ventaja adicional: crean las condiciones para que las empresas locales lideren la inserción económica de sus países en el mundo. Sin una moneda confiable y estabilidad, el crédito no se expande ni surge un mercado de capitales capaz de financiar a los emprendedores. La Argentina ofrece un ejemplo elocuente: el crédito al sector privado equivale a menos del 18% del PBI, frente a más del 100% en Chile. Sin instituciones sólidas, en definitiva, resulta muy difícil planificar, crecer y competir en los mercados internacionales.
Lo mismo ocurre con la política exterior. Sin instituciones tampoco es posible llevar adelante una estrategia internacional exitosa. Nunca alcanza con tener una buena idea o un diagnóstico acertado: también hacen falta los medios adecuados para implementarlos. De lo contrario, cualquier estrategia termina reducida a un ejercicio intelectual condenado a golpearse contra la realidad.
Instituciones como el Servicio Exterior de la Nación, las Fuerzas Armadas y el sistema de inteligencia adquieren una importancia particular en un mundo en el que los desafíos de seguridad son cada vez mayores. Basta observar los conflictos en Medio Oriente, la guerra entre Rusia y Ucrania o las tensiones recurrentes entre India y Pakistán, dos potencias nucleares, para advertir que la competencia estratégica volvió al centro de la escena internacional. Los datos de la Universidad de Uppsala muestran que el número de conflictos armados en los que participa al menos un Estado más que se duplicó desde 2010, hasta alcanzar 65 en 2025, el máximo desde 1946. La Argentina no puede permanecer indiferente ante este cambio de época.
Dotar a estas organizaciones de las capacidades que exige el nuevo escenario requiere una administración pública profesional, donde el ingreso y la promoción respondan al mérito y la capacidad, reduciendo de esta manera la politización, la discrecionalidad y la arbitrariedad. La calidad de la formación de los funcionarios, los incentivos que guían sus carreras y los criterios de profesionalización son tan importantes como los recursos materiales con los que cuentan.
Si bien un escenario internacional de mayor conflictividad genera desafíos, también realza algunas ventajas argentinas. Las más conocidas son Vaca Muerta y nuestro potencial minero. El aumento sostenido de las exportaciones de estos sectores puede contribuir a aliviar dos problemas macroeconómicos persistentes: la escasez de dólares y la volatilidad cambiaria. A mi juicio, hay un aspecto de esta oportunidad al que todavía prestamos poca atención: la geopolítica.
Pertenecer a una región de paz -al menos en términos de conflictos interestatales- representa una ventaja para atraer inversiones que buscan reducir su exposición a los grandes focos de tensión geopolítica. Del mismo modo, la menor vulnerabilidad de la producción energética argentina frente a rutas críticas como el estrecho de Ormuz puede fortalecer la posición de nuestro país como futuro exportador de GNL ante compradores interesados en diversificar sus fuentes de abastecimiento. A su vez, recursos estratégicos como el litio nos ofrecen una plataforma para negociar acuerdos comerciales y de inversión desde una posición de mayor fortaleza que en el pasado.
Finalmente, la matriz comercial argentina está ampliamente diversificada. China y Estados Unidos representan, cada uno, alrededor del 10% de nuestras exportaciones. En el futuro, esa diversificación puede otorgarnos una ventaja respecto de nuestros vecinos, más dependientes de un único gran mercado. Un país que no depende de un solo comprador negocia mejor con todos, y puede defender sus intereses con mayor margen de maniobra. Pero disponer de recursos naturales, una geografía relativamente segura y una estructura comercial diversificada no garantiza el desarrollo. El crecimiento económico es una condición necesaria, aunque insuficiente, para mejorar de manera sostenida los niveles de vida y para que el país pueda responder a los desafíos que plantean los conflictos internacionales y la revolución tecnológica liderada por la inteligencia artificial.
Aquí importan otras instituciones. El sistema científico y universitario, las organizaciones de la sociedad civil y los centros de pensamiento tienen la responsabilidad de promover debates de calidad, impulsar la investigación y formar futuros dirigentes. La capacidad de un país para comprender los cambios que ocurren en el mundo y construir consensos sobre cómo responder a ellos también forma parte de su fortaleza institucional.
En definitiva, el debilitamiento de las instituciones internacionales hace todavía más decisiva la fortaleza de las instituciones nacionales. La Argentina tiene por delante oportunidades que pocas veces se presentan con esta magnitud. Pero no se convertirán por sí solas en desarrollo. Sin instituciones sólidas, previsibles y profesionales, la oportunidad seguirá siendo apenas una promesa.
Presidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI)
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Los episodios se suman a una relación bilateral marcada desde el regreso de Trump a la Casa Blanca por amenazas arancelarias
A finales de este verano, en los cines chinos, el público está dando buena acogida a Bienvenidos al restaurante del Dragón . La película —cuyo título en el extranjero es Once Upon a Time in the Middle East (Érase una vez en Oriente Medio)— narra, con humor y también con emoción, las aventuras de un cocinero chino ahogado en deudas que se ha ido a vivir a una ciudad de un país imaginario de Oriente Medio. Al verse repentinamente enfrentado a una invasión del ejército americano, convierte su local en un refugio para los huérfanos y los civiles de la región. Desde su estreno el 11 de agosto, esta producción, rodada en su mayor parte en China con actores y actrices egipcios , ha recaudado ya unos 245 millones de euros, según Variety . Aunque el director Wen Muye afirma no haberse inspirado en hechos reales, las similitudes con la invasión de Irak por parte de Estados Unidos son bastante sorprendentes. El estreno de esta película antimilitarista casa con el momento actual . Otro conflicto desencadenado por Washington, esta vez contra Irán a principios de año, con bombardeos que se han reanudado en los últimos días, perturba a corto plazo los planes de Pekín para la zona, que vuelve a verse sumida en la inestabilidad. El conflicto ha debilitado a Irán, uno de los principales socios regionales de China, sin que esta haya podido ofrecer más apoyo que la compra de petróleo y los llamamientos a la calma y al diálogo. “Pekín se ha erigido en mediador , desde Gaza hasta las tensiones entre Irán e Israel: en 2024 facilitó una declaración de reconciliación entre catorce facciones palestinas y pidió la distensión entre Teherán y Tel Aviv”, señala Émilie Tran, profesora e investigadora de la Universidad Metropolitana de Hong Kong, que trabaja en las relaciones entre China y Oriente Medio. “Pero su papel sigue siendo sobre todo diplomático y declarativo : no ha sustituido a los mediadores tradicionales ni ha impuesto ninguna negociación entre las partes beligerantes”. Pero a largo plazo, debido a la creciente desconfianza hacia los Estados Unidos de Trump, la situación podría beneficiar a la potencia asiática. Cada vez son más los análisis publicados en Estados Unidos que llegan incluso a afirmar que China es la gran ganadora de la guerra de Irán. Este era el sentido de un artículo publicado en junio por el politólogo estadounidense Ryan Hass, director del John L. Thornton China Center de la Brookings Institution. En su opinión, “este conflicto ha abierto a China nuevas perspectivas para reforzar su papel económico central y suplantar a Estados Unidos como proveedor de bienes públicos a los países necesitados”. El analista destaca que Pekín ayuda a los países afectados por la crisis energética provocada por la guerra de Irán, amplía su ventaja en el ámbito de las tecnologías de energía renovable y, a diferencia de Estados Unidos, se presenta como un actor internacional fiable . Oriente Medio se ha convertido en el principal destino de las inversiones del proyecto de las nuevas rutas de la seda , puesto en marcha en 2013 por Xi Jinping para dar salida al exceso de producción de las empresas de su país. La región también suministra más del 55 % de las importaciones chinas de petróleo. Esta importancia que se concede a Oriente Medio, a pesar de las vicisitudes de la guerra, queda ilustrada por el viaje del rey de Jordania, Abdalá II, a China del 18 al 24 de agosto, y posteriormente por la visita del líder chino, Xi Jinping, a Egipto, los días 1 y 2 de septiembre. Ambos países son aliados históricos de Estados Unidos. Washington destina a El Cairo más de mil millones de dólares en ayuda militar al año, y la ayuda anual de Estados Unidos a Jordania se ha triplicado en los últimos quince años . Según un informe del Congreso estadounidense , el importe total de la ayuda bilateral estadounidense (supervisada por los Departamentos de Estado y de Defensa) al Reino Hachemita desde principios de la década de 1950 ha ascendido a unos 33.800 millones de dólares. La última visita de Xi Jinping a Egipto se remonta a 2016, año en el que se publicó el primer “Libro Blanco sobre las relaciones chino-árabes”. En aquella ocasión, el líder chino también visitó Irán y Arabia Saudí, dos países rivales pero importantes para Pekín. La potencia asiática facilitó el acercamiento entre ambos países y el acuerdo alcanzado en este sentido en 2023 se anunció en la capital china . En El Cairo , durante su encuentro con el presidente Abdel Fattah Al-Sissi, Xi Jinping abogó el miércoles por “la construcción de una nueva arquitectura de seguridad para Oriente Medio”, según el informe de la televisión oficial china CCTV . El líder chino también subrayó que convenía “respetar el principio de que los pueblos de Oriente Medio deben ser dueños de su propio destino [y] oponerse a las injerencias externas”. Una declaración que no puede sino contar con el beneplácito de El Cairo, pocos días después de la decisión de Washington de prohibir el acceso a su sistema financiero a la sucursal emiratí del banco público egipcio Misr, acusada de participar en transacciones financieras con Irán. Esta sanción es la primera de la operación “Paria económico”, anunciada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, para aislar totalmente a Irán y cortar sus flujos de ingresos. Según la televisión oficial china, Al-Sissi indicó a su homólogo chino que “Egipto valoraba enormemente la postura constante, objetiva e imparcial de China sobre las cuestiones de Oriente Medio” . En Oriente Medio se diseña el laboratorio de un nuevo orden mundial en el que se socava la hegemonía estadounidense y en el que, al mismo tiempo, China se impone sin sustituir a Estados Unidos como garante de la seguridad. John Calabrese, del think tank estadounidense Middle East Institute, destaca que “a diferencia de la hegemonía convencional, la competencia [entre las dos grandes potencias] ya no se centra tanto en las bases y las tropas como en los corredores de infraestructuras, las redes financieras, las plataformas tecnológicas y las cadenas de suministro, lo que confiere un poder duradero y a menudo invisible”. En este contexto, los países de Oriente Medio están aplicando una “estrategia de equilibrio” ( hedging en inglés), navegando entre las dos grandes potencias del momento según las circunstancias para obtener beneficios . “Estados Unidos mantiene una influencia considerable en el Golfo porque ofrece garantías de seguridad que China no puede —y no desea, en este momento— proporcionar: bases militares, acuerdos de defensa, armamento sofisticado, inteligencia y capacidad de intervención en caso de crisis”, destaca Emilie Tran a Mediapart . “China ha llegado en un momento en el que los países de Oriente Medio están inmersos en una reflexión sobre la era postpetrolera”, prosigue la investigadora, “en particular Arabia Saudí, con sus proyectos para desarrollar ciudades inteligentes ( smart cities ) en el marco de su plan ‘Saudi Vision 2030’. Tenemos dos mundos que se encuentran en un momento en el que se necesitan mutuamente.” Siguen apareciendo cada vez más proyectos en el ámbito de la inteligencia artificial. En Abu Dabi, la Universidad Mohamed bin Zayed de Inteligencia Artificial (MBZUAI) acoge a numerosos científicos procedentes de China. “La presencia china es llamativa: la universidad está dirigida por Eric Xing [un científico nacido en China y formado en Estados Unidos —ndr] y, según nuestro recuento del anuario de la universidad, 36 de los 144 profesores son chinos , es decir, una cuarta parte del cuerpo docente”, afirma la profesora de la Universidad Metropolitana de Hong Kong. Es cierto, añade, “que los Emiratos no son (todavía) el Silicon Valley, pero están desarrollando rápidamente algunos de sus ingredientes: financiación pública, laboratorios de vanguardia, capacidad de cálculo y atracción de talento internacional. La MBZUAI se encuentra en el centro de esta estrategia de poder tecnológico”. Con el apoyo activo de China. Otra señal de esta presencia china, según Emilie Tran es el auge del mandarín en los sistemas educativos saudí y emiratí , que “constituye un indicador de diversificación estratégica y de acercamiento a China, y no un cambio lingüístico que sustituya al inglés, que sigue siendo la principal lengua extranjera e internacional”. Los regímenes autoritarios de Oriente Medio también se muestran dispuestos a establecer alianzas con una potencia que ha desarrollado un sistema de control de la población gracias a su tecnología. Un laboratorio prometedor para los poderosos, pero muy preocupante para los pueblos. Irán volvió a atacar el jueves objetivos militares estadounidenses en Kuwait y en los Emiratos Árabes Unidos, haciendo caso omiso de las amenazas de Donald Trump, en un enésimo recrudecimiento de las hostilidades en Oriente Medio. Tras un mes de tregua, los enfrentamientos entre Washington y Teherán se reanudaron el domingo por iniciativa del ejército americano, que afirmó querer impedir que se lanzaran cohetes cargados con minas marinas en el estrecho de Ormuz. El ejército iraní atacó “con misiles y drones los sistemas de comunicación por satélite , los depósitos de equipamiento y los hangares de aviones de combate del ejército terrorista americano en la base aérea de Ahmad al-Jaber”, según un comunicado militar. En Emiratos, los ataques se dirigieron contra los sistemas de radar americanos de la base aérea de Al-Minhad , añadió esta fuente. Kuwait expresó su preocupación por “una amenaza directa” contra la seguridad y la estabilidad del país, y denunció una “ignominiosa agresión iraní”. La televisión estatal iraní indicó que estos ataques se habían llevado a cabo “en respuesta a los crímenes cometidos por Estados Unidos contra el pueblo iraní” . Al menos diecinueve personas, entre ellas siete miembros de las fuerzas armadas, murieron en Irán durante la noche del martes al miércoles a causa de los bombardeos estadounidenses. Traducción de Miguel López