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Nevaco Global
16 de junio de 2026

¿Dónde se encuentra la economía nacional y que nos espera?

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A pesar de que el gobierno reitera que vamos bien y que creceremos en el segundo semestre de 2026, después de la caída de 0.6% en el primer trimestre del año, la economía no muestra signos de crecimiento, dadas las altas tasas de interés, el abaratamiento del dólar y de las importaciones que desplazan a la producción nacional, junto con los recortes presupuestales que disminuyen el gasto y la inversión. A ello se suma la posición de Estados Unidos en las negociaciones del T-MEC, que insiste en los aranceles y reglas de origen a favor de su producción para reducir nuestras exportaciones y que le compremos más, factores que afectarían la economía nacional.

El gobierno no realiza cambios en la política que se ha venido instrumentando desde hace décadas, donde han predominado las llamadas políticas macroeconómicas de estabilidad, de apertura económica generalizada y de creciente privatización de la economía, sin que se logren condiciones de crecimiento sostenido y mejores niveles de vida para la población. Tales políticas han agudizado las desigualdades de ingreso y riqueza a favor del sector financiero. El mayor poder económico y político de dicho sector le permite seguir determinando la política económica que lo beneficia, en detrimento del resto de la economía. Ello reduce el ingreso de empresas no financieras, de las familias y del gobierno, obligándolos a depender del endeudamiento, lo que continúa enriqueciendo al sector financiero. Se realiza una transferencia creciente y permanente de recursos de los sectores endeudados a favor de la banca, lo que restringe la inversión, el consumo, la actividad económica y la generación de empleo, además de continuar aumentando la desigualdad del ingreso y de la riqueza, fortaleciendo al sector financiero y su poder.

Ante la falta de oportunidades de inversión rentable en el sector productivo, derivada de la falta de crecimiento, los capitales han fluido hacia el mercado de capitales, el cual muestra un crecimiento muy por encima de la dinámica económica. Del 2 de enero de 2025 al 12 de junio de 2026, la Bolsa Mexicana de Valores registra un crecimiento de 36.5%, mientras que la economía nacional solo creció 0.6% en 2025 y cayó 0.6% en el primer trimestre de 2026. Ello podría volverse insostenible, por lo que el mercado de capitales tendría que ajustarse al comportamiento de la economía. La desvalorización de activos que esto ocasione aumentaría los problemas de insolvencia, desestabilizando al sector bancario.

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El rezago del sector productivo aumenta las importaciones, frena el crecimiento económico, incrementa los niveles de endeudamiento y la dependencia de la entrada de capitales, lo que nos coloca en un contexto de fragilidad y vulnerabilidad externa. Ello provoca que la política económica siga actuando a favor de la entrada de capitales y continúe marginando al sector productivo, así como al crecimiento del empleo formal bien remunerado y al bienestar de la población.

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Prosigue la alta tasa de interés, la cual, según el planteamiento expuesto, no bajará la inflación, sino que la mantendrá, debido a que restringe la inversión y la producción, mientras persisten la baja productividad y los rezagos productivos que presionan los precios. Además, al no poder sustituir importaciones, seguiremos sujetos a la inflación internacional. Al continuar la inflación, se mantendrá la alta tasa de interés para evitar la salida de capitales y una devaluación de la moneda, por lo que continuará la apreciación cambiaria, actuando en detrimento de la producción, del sector externo, de la actividad económica y aumentando los problemas de insolvencia.

Tal situación contrae el mercado interno, aumenta el desempleo, deteriora el poder adquisitivo de los salarios, así como los servicios públicos, y ello incrementa el descontento de amplios sectores de la población, lo que compromete la popularidad del gobierno.

No existe una correlación de fuerzas capaz de contrarrestar el poder económico y político del sector financiero para que la política económica deje de actuar a favor de dicho sector y, en cambio, beneficie al sector productivo, impulse la sustitución de importaciones y fomente el empleo para disminuir la dependencia de la entrada de capitales y encaminarnos hacia un crecimiento más sostenido e incluyente. Por ello, según esta visión, seguiremos de mal en peor.

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