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Nevaco Global
5 de julio de 2026

Bamdidaje itinerante

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La estructura económica argentina atraviesa una involución profunda. Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba concentraron el 79,2% de las exportaciones agroindustriales, el 20,8% restante se atomiza entre las otras 21 provincias. Las explotaciones agropecuarias mayores a las 2.000 hectáreas, que representan menos del 6% del total de productores ya controlan la mitad la superficie cultivable.

En las postrimerías de la dictadura de Porfirio Díaz, el régimen que enfrentó una crisis de legitimidad social aceleró de manera drástica la entrega de concesiones mineras, petroleras y de tierras a holdings e inversores extranjeros bajo condiciones fiscales leoninas que eximían de impuestos a las corporaciones por décadas. La urgencia por captar dólares para sostener el patrón oro y dar una falsa señal de estabilidad al mercado internacional terminó por desatar el estallido de la Revolución Mexicana, impulsado por el masivo rechazo popular a la entrega del subsuelo nacional en vísperas del fin del régimen. Siguiendo sus huellas Milei consciente de su transitoriedad e inestabilidad, acelera la extracción voraz de recursos, la concesión de monopolios y el endeudamiento. El RIGI y el Súper-RIGI institucionalizan este modelo predador, al otorgar exenciones impositivas, aduaneras y cambiarias por 30 años a menos de 50 grandes jugadores, excluyendo deliberadamente al 99,8% de las empresas argentinas.

En 2025, las ventas al exterior de nuestra provincia registraron un retroceso del 3,7% interanual (acumulando una baja superior al 22% al compararse con el pico de 2022). La rentabilidad agropecuaria es residual de las decisiones de solo 28 empresas —26 de ellas multinacionales— controlan el mercado de producción de alimentos. Las 6 principales cadenas de supermercados concentran el 89% de las ventas minoristas, posibilitándoles la aplicación de márgenes monopólicos.

La concentración no es neutra, 1.400 empresas con más de 100 empleados (solo el 0,7% del total) explican casi el 45% del empleo formal y 70% del valor agregado. Menos del 1% del total de empresas del país, explicaban en el período 2004/2009 el 28% del Valor Bruto de la Producción, del 2009/2019 34% y actualmente el 40%. Las grandes empresas tienen coeficientes de importación del 11,5%, frente al 7,3% de las nacionales. No generan encadenamientos ni desarrollo tecnológico local. El 15% de las empresas más grandes absorbe más del 75% del financiamiento corporativo.

Lejos de alentar la la Inversión Extranjera Directa (IED) que presenta saldo negativo, se registra una fuga de control de corporaciones globales como HSBC, Telefónica, ExxonMobil, Nutrien y Carrefour, etc. Las contrapartes de los RIGI solo formulan sus promesas de inversión a cambio de concesiones inéditas.

Este fenómeno de marginalidad e irrelevancia económica regional guarda un paralelismo directo con el declive del Cinturón del Óxido (Rust Belt) en USA o el rezago crónico del sur de Italia (Mezzogiorno), donde la concentración del capital en otras zonas desencadenó un severo proceso de vaciado demográfico e institucional.

Los estados como Ohio y Michigan perdieron más de 2,5 millones de empleos manufactureros de alta calificación, provocando un colapso demográfico masivo donde ciudades como Detroit registraron una caída poblacional superior al 60%. Esta sangría de mano de obra calificada fue acompañada por una obsolescencia terminal de la infraestructura local: el abandono de vías férreas, el colapso de redes de agua potable por falta de financiamiento fiscal y la depreciación de los activos público. Debido a la pérdida de habitantes frente al dinámico sur y oeste del país, la región del Rust Belt cedió más de 30 bancas legislativas y votos electorales clave desde el inicio de su rezago económico.

La tasa proyectada de emigración pampeana muestra un saldo negativo de -4,2 por cada 1.000 habitantes en el rango etario clave de 20 a 34 años, ubicándonos entre las cinco provincias con la estructura poblacional más envejecida del interior argentino. La Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam) reveló que, a partir de 2023, la tasa de retención de profesionales de ingeniería, agronomía, ciencias económicas y sistemas cayó al 42%. El 58% restante emigra dentro de los primeros 24 meses de graduación. El empleo privado registrado cayó un 3,56%, duplicando la tasa de caída media nacional (1,67%). El desplome fue drástico en el sector de la construcción, donde la provincia perdió un 23,7% de sus puestos de trabajo registrados.

Esta no es una fatalidad. Es el fruto de decisiones políticas deliberadas en beneficio de las bandas similares a las itinerantes de la película “Mad Max” en busca de combustible. Se ejecuta mediante mantenimiento de la ley de inversiones extranjeras de la dictadura, tratados bilaterales que protegen al capital foráneo, preferencia por financiar el déficit antes que la inversión productiva nacional y una sistemática renuncia a una verdadera política industrial.

El economista Mancur Olson describió la diferencia entre un "bandido establecido" y un "bandido viajero". Un gobierno con expectativas de permanencia en el tiempo tiene incentivos para no destruir la economía de su país, ya que necesita que siga produciendo para cobrar impuestos en el futuro. Sin embargo, cuando un gobierno se sabe contingente y su horizonte temporal se acorta, no se LIBRA de comportarse como un "bandido viajero": su tasa de descuento se vuelve inmediata, se trata de extraer la mayor cantidad de “plata dulce” antes del colapso cambiario, dejando tierra arrasada a su retirada.

* Ing. Javier Mariano García Guerrero. Ex Consultor del Consejo Federal de Inversiones CFI a cargo del programa de desarrollo del Noreste Puntano. San Luis.

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La Unión Europea se une a la Pax Silica y confirma su condición de periferia tecnológica de Washington

Por un lado, están los discursos grandilocuentes de Europa sobre la “soberanía digital”, sobre la necesaria independencia del Viejo Continente respecto a Estados Unidos y las peroratas sobre el “momento gaullista de Europa”. Por otro lado, hay una capitulación tras otra y la integración silenciosa , pero indudable, de la Unión Europea (UE) en la arquitectura tecnológico-militar estadounidense . Así, un año después de haber aceptado un acuerdo comercial desequilibrado con Washington, que finalmente fue aprobado por el Parlamento Europeo, Bruselas anunció, el jueves 25 de junio, la adhesión oficial de la UE a la iniciativa Pax Silica . Una firma que integra a los Veintisiete en un régimen de vasallaje avanzado. 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La Découverte, 2024), enmarca esta iniciativa en “una voluntad explícita de Estados Unidos de asegurar por completo la cadena de valor de la IA, desde las materias primas hasta la demanda solvente” . La Pax Silica pretende controlar la “materialidad de la IA”, señala, y, en este sentido, es “complementaria al plan sobre inteligencia artificial puesto en marcha por Washington el año pasado” con el fin de respaldar su capital tecnológico. La propia expresión utilizada, Pax Silica , lo dice todo: se inspira evidentemente en la Pax Romana y designa una forma de paz imperial , fruto de la dominación de un centro sobre las periferias. Esta paz armada se sustenta, en esta ocasión, en el sílice , un componente fundamental para los semiconductores y, de manera más general, para la economía digital. La promesa de la Pax Silica es, por tanto, la estabilidad y la prosperidad basadas en el dominio conjunto de los actores privados del sector digital y del Estado federal estadounidense. 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También por esta razón hay signatarios estratégicamente insignificantes para la industria, pero políticamente importantes, como El Salvador, cuyo presidente autoritario, Nayib Bukele, es una referencia política de la nueva extrema derecha proestadounidense de América Latina que acaba de ganar todas las elecciones en el subcontinente. Queda un último pilar en el conjunto. El centro organiza una forma de competencia interna en su periferia. El concepto de “soberanía de la innovación” de Jacob Helberg refleja ese hecho: el bloque está jerarquizado en función del carácter estratégico de lo que ofrecen los socios de Washington. Países como Israel, Países Bajos o Singapur pueden pues presumir de niveles avanzados de desarrollo y hacerse con una porción mayor del pastel, aunque sigan dependiendo del centro estadounidense. En cuanto a los demás, les toca a ellos hacerlo igual de bien. Evgeny Morozov considera así que la Pax Silica induce a “un nuevo ciclo de sumisión en el que los Estados compiten no por su independencia, sino por la proximidad” al centro . La competencia se desplaza, por tanto, del mercado mundial al interior mismo del bloque para ponerse al servicio del monopolio. La globalización no desaparece como tal, sino que cambia de naturaleza. ¿Y qué hay de Europa en todo esto? La Comisión Europea se escuda en su comunicado, bastante lacónico, tras el argumento de la “cooperación internacional” y el apoyo a la “competitividad” y a la “soberanía”. Todo ello no es más que una cortina de humo que oculta la verdadera naturaleza de la iniciativa. En realidad, la UE ha cedido ante Washington porque la Pax Silica conlleva un elevado coste por no participar que Bruselas no estaba dispuesta a aceptar. En el plano económico, la no participación amenaza con reducir el acceso a los servicios de IA estadounidenses que ahora se consideran críticos para las empresas. En el plano político, rompe un vínculo de confianza con Washington. La UE necesita desesperadamente crecer . El colapso industrial alemán y la estabilización del crecimiento del PIB en torno al 1 % anual amenazan los sistemas sociales del Viejo Continente. La perspectiva de ver cómo se abren nuevos mercados en el marco de la Pax Silica y de quedar excluidos de ellos se estaba volviendo intolerable para el Consejo y la Comisión. Ante las necesidades económicas, el precio a pagar —la dependencia— se considera relativamente bajo . Sobre todo si se tiene en cuenta que, más allá de los discursos grandilocuentes, gran parte de los países de la UE son incapaces de alcanzar la autonomía respecto a Estados Unidos. El reflejo en materia de defensa, al igual que en materia económica, es intentar integrarse en la esfera de influencia estadounidense. El peligro para la seguridad que representa Rusia y el peso del segundo choque comercial con China no pueden sino reforzar este reflejo, que la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca apenas ha modificado. La dependencia de la UE respecto a Estados Unidos no es, por tanto, ningún problema. Es más, la estrategia de Washington ha consistido en debilitar a la UE centrándose no en una posición de la UE, sino en las posiciones de cada país. Esa es la lógica de la Pax Silica : dar prioridad a los nodos estratégicos y generar competencia dentro del bloque. Como hemos visto, Washington insistió mucho en conseguir la adhesión de Países Bajos. También se abordó individualmente a otros países europeos: los países nórdicos, Alemania y Grecia. De hecho, para la UE, una firma conjunta se convertía en una cuestión de supervivencia para frenar esta lógica de fragmentación . Pero esta firma “no ha anulado” la de algunos países miembros, lo que refuerza lo que se ha señalado anteriormente: la jerarquización interna del conjunto. De hecho, esa “competencia por la proximidad” de la que habla Evgeny Morozov ya se ha puesto en marcha en Europa, donde cada uno sueña con hacerse con las migajas del monopolio estadounidense. Y ese ha sido un aspecto crucial de la firma conjunta de los Veintisiete. Francia, por ejemplo, no podía resignarse a renunciar a las inversiones en IA prometidas durante las cumbres Choose France . Sin embargo, permanecer al margen de la Pax Silica significaba, para muchos actores, la posibilidad de trasladar esas inversiones a países “de confianza”. En Alemania, el canciller Friedrich Merz, por ejemplo, busca ahora fabricar armas estadounidenses en su territorio y, en consecuencia, no le quedaba otra que llamar rápidamente a la puerta de la Pax Silica . Para Benjamin Bürbaumer, “Europa siempre ha ocupado un lugar subordinado en el capitalismo liderado por Estados Unidos, pero con esta adhesión se hace explícita esa subordinación en el ámbito digital”. Y las consecuencias podrían ser importantes. La posición global de la UE en su conjunto es la de un mercado periférico y, como tal, tendrá que amoldarse a los deseos del centro. Así es sobre todo en materia de regulación . Como subraya Uri Gabai, por naturaleza, “la Pax Silica presupone un entorno permisivo para el desarrollo de la IA”. Es lógico: la estructura tiene como objetivo garantizar un beneficio creciente para el capital tecnológico europeo. Para ello, no solo hay que garantizar una carrera tecnológica hacia adelante que asegure el dominio de la IA sobre los distintos sectores de la economía, sino también asegurarse de que dicho dominio no se vea limitado por la regulación . Aquí es donde la propia participación de la UE resulta fundamental para la Pax Silica ; también es necesario controlar los mercados, no solo los recursos. El año pasado, Donald Trump intentó integrar esta cuestión en las negociaciones sobre aranceles, pero no lo logró. Sin embargo, consiguió una revisión a la baja de la regulación de la IA en forma de “simplificación”, en gran parte gracias al apoyo de la presión ejercida por ciertos grupos como Meta . Pero el interés del capital estadounidense es, sin duda, ir más allá. Y eso es precisamente lo que permitirá la firma de la Pax Silica . A partir de ahora, la UE tendrá que defender su posición de “socio de confianza” de Estados Unidos, pues depende, por ejemplo, en un 70 % de actores estadounidenses para sus servicios de almacenamiento de datos y va a entrar en una dinámica de dependencia cada vez mayor. Una vez más, en nombre de la estabilidad geopolítica (la “paz”), habrá que ceder en materia de regulación. No cabe duda de que los firmantes directos de la declaración, aquellos que están más integrados en el sistema (y que serán los que más tengan que perder en un enfrentamiento con su mandante estadounidense), se convertirán en los más fervientes defensores de la desregulación. Lo que llama la atención es que esta firma entra en contradicción con la mayoría de los objetivos declarados de la UE: la autonomía en materia de defensa, la soberanía digital y la regulación de la IA . Los discursos progresistas y posneoliberales europeos se han disuelto ahora en una capitulación incondicional. La firma neerlandesa, impulsada por el primer ministro centrista Rob Jetten —que durante la campaña electoral de principios de año se presentó como un baluarte contra Trump—, es el símbolo de este desastre. La Pax Silica es la tumba concreta de los discursos vacíos de los dirigentes europeos. Traducción de Miguel López

5 jul 2026