El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta que el crecimiento mundial se desacelerará desde 3,5% en 2025 a 3,1% en 2026, para luego recuperarse a 3,4% en 2027, según su informe Perspectivas de la Economía Mundial (WEO, por su sigla en inglés) de octubre.
La estimación para este año se mantiene sin cambios respecto de abril, mientras que la de 2027 sube 0,2 punto porcentual.
El organismo sostiene que el auge tecnológico impulsado por la inversión en inteligencia artificial (IA), las medidas de apoyo fiscal y la capacidad de adaptación de empresas y economías han contenido el daño de la guerra en Medio Oriente y de las tensiones comerciales.
“La economía mundial vuelve a mostrarse resiliente, pero de manera desigual y con márgenes de ajuste que se estrechan rápidamente en el corto plazo”, plantea el resumen ejecutivo del informe, titulado “Resiliencia bajo presión, decisiones urgentes”.
Según el FMI, la actividad en la primera mitad de 2026 resistió mejor de lo esperado.
La interacción entre la geopolítica y la tecnología, agrega, “ha producido una economía mundial dividida”: los términos de intercambio favorables o las exportaciones e inversiones ligadas a la tecnología dan un colchón a algunos países, mientras otros enfrentan mayores costos de importación y una demanda más débil.
El Fondo identifica varios mecanismos que contuvieron el impacto de la guerra: respuestas flexibles de la oferta, el desvío de embarques, el uso de inventarios, medidas de apoyo fiscal y una menor intensidad energética que en décadas anteriores.
El sector privado también se ha adaptado. Según el informe, las empresas han redirigido una parte importante de su comercio hacia destinos alternativos, lo que ayudó a amortiguar el impacto agregado de los aranceles entre China y Estados Unidos, y las referencias a la resiliencia y la adaptación han ido en aumento en las conferencias de resultados de las compañías.
Como ejemplo, el Fondo cita a los agricultores estadounidenses, que ante el alza de los fertilizantes por la guerra pasaron de cultivos intensivos en nitrógeno, como el maíz, a otros como la soya.
Para el FMI, el impulso tecnológico asociado a la IA es “una compensación importante” frente a los vientos en contra geopolíticos, a través de mayores exportaciones, inversión y profundización del capital. El organismo advierte, sin embargo, que no beneficiará a todas las economías por igual.
El informe detalla que el comercio neto de hardware para IA ha crecido de forma exponencial como proporción del PIB mundial, impulsado más por precios que por volúmenes.
Taiwán y Corea concentran el 62% del comercio neto de hardware computacional vinculado a la IA, mientras que China y Estados Unidos dieron cuenta de más del 75% de las importaciones netas de ese hardware en 2025 y del 57% de los nuevos data centers construidos desde 2024.
Según el Fondo, las economías con exposición limitada al shock de la guerra y una fuerte participación en el auge tecnológico están viendo su actividad mantenerse o fortalecerse, y los exportadores de energía fuera de la zona de conflicto se benefician de mejores términos de intercambio.
En el extremo opuesto, los importadores de energía con poca conexión a la cadena de valor tecnológica enfrentan “la configuración más difícil”: importaciones más caras, presiones cambiarias, ingresos reales más débiles y menor espacio fiscal.
El organismo advierte que muchos países de bajos ingresos pertenecen a este grupo, lo que aumenta el riesgo de que se amplíen las brechas de ingreso, algo que había adelantado la directora del organismo, Kristalina Georgieva, la semana pasada.