Impacta Ley Aduanera cooperación con EU
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La victoria del “Leave” contra el “Remain” (“irse contra quedarse”), hace diez años, fue relativamente estrecha: un 52% de los británicos votaron para salirse de la Unión Europea. Hoy, todas las encuestas indican que solo un tercio de los británicos piensan que fue una buena idea.
Una rápida mirada al Reino Unido post-brexit podría explicar el arrepentimiento: desde entonces, la economía solo ha empeorado, los costos de la comida y los impuestos son más altos. Desde entonces hasta ahora ya han habido 7 primer ministros, mientras que fuerzas populistas ya están dejando atrás en los sondeos a los partidos tradicionales.
Precisamente esta semana, cuando el Brexit cumple diez años, el primer ministro laborista Keir Starmer renuncia. Y de a poco, una intención de reconstruir puentes (e incluso reintegrarse) a la Unión Europea empieza a percibirse al otro lado de la Mancha.
Hay un arrepentimiento, eso es seguro. Una encuesta encargada por el centro de estudios European Council on Foreign Relations y realizada por Mandate y YouGov en mayo reveló que solo el 30% de los votantes considera que el Reino Unido hizo bien en abandonar la UE. Las personas que eran demasiado jóvenes para votar en 2016 se muestran aún más europeístas que sus mayores: el 70% afirmó que votaría a favor de reincorporarse a la UE.
Simon Usherwood, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Surrey, Guildford, reconoce el arrepentimiento entre los votantes pero no cree que sea algo tan simple: “Si bien hay más arrepentimiento, lo cierto es que la mayoría de quienes votaron a favor de la salida mantienen su postura; en parte, porque depositaron gran parte de su identidad política en ello y, en parte, porque se aferran a la idea de que el Brexit fracasó porque no se ejecutó correctamente o porque las élites intentaron obstaculizarlo. No obstante, tanto el Partido Conservador como el Reform UK han restado importancia al Brexit en sus discursos durante los últimos años, al percibirse como un tema que mira hacia el pasado”.
“La mayor parte de los efectos inmediatos del Brexit ha pasado inadvertida para el público en general, razón por la cual la opinión pública podría mostrarse más ambivalente respecto a su impacto de lo que cabía esperar. Las empresas que exportan a la UE o importan de ella se han enfrentado a una carga administrativa y unos costes mucho mayores, lo que ha llevado a muchas pequeñas empresas a desistir directamente en sus intentos. El gobierno se ha visto excluido de debates importantes sobre diversas cuestiones o, alternativamente, obligado a acatar una postura de la UE en cuya definición no ha participado. De manera más visible, los viajeros se enfrentan a controles adicionales y retrasos al entrar en los países del espacio Schengen”, recapitula Usherwood.
Las especulaciones son pesimistas. El producto interior bruto del Reino Unido es hasta un 6% menor de lo que habría sido si el país hubiera permanecido en la UE, declaró John Springford, del Centre for European Reform, a The European Correspondent, basándose en su modelo económico sobre las pérdidas derivadas del Brexit. Algunas estimaciones sitúan incluso esa cifra cerca del 8 %.
Los alimentos son más caros: aumentaron casi un 40% entre 2020 y 2025, mientras que en la UE se registró un incremento del 30% en un periodo similar. Mientras tanto, con la deuda fiscal en alza después de la pandemia, los servicios públicos, como la sanidad, se están viendo afectados, y el comercio de mercancías ha disminuido a medida que los exportadores británicos lidian con los costes adicionales y las complicaciones para cumplir las normas de la UE, al no ser ya miembros del bloque. La UE adquiere alrededor del 40% de todas las exportaciones del Reino Unido y representa la mitad de sus importaciones.
“Actualmente existe mucha más fricción en el comercio con la UE, además de retrasos en la renegociación de la mayoría de los acuerdos de libre comercio con otros países. Las empresas británicas también han perdido el acceso a los programas de financiación de la UE y la oportunidad de influir en la elaboración de normas comunitarias que a menudo tienen repercusiones a escala mundial”, explica Usherwood.
El profesor John Bartle, del departamento de gobierno de la Universidad de Essex, agrega por su parte: “Aquellas pequeñas empresas que comerciaban con Europa han encontrado el proceso más difícil y burocrático. Algunas se han adaptado; otras han afrontado costes considerablemente más elevados, y algunas han desistido de intentar comerciar con la UE. Los consumidores han notado que ciertos productos son más difíciles de conseguir o más caros. Viajar a la UE conlleva ahora retrasos importantes. Los estudiantes de la UE son menos visibles en las universidades del Reino Unido y el intercambio de estudiantes se realiza a menor escala”.
En términos de comercio, Bartle lo resume en estas palabras: “El Reino Unido ya no se percibe como el punto de entrada natural para quienes desean comerciar con la Unión Europea”. Algunos sectores, como los de ocio y hostelería, han tenido dificultades para contratar personal y se han visto obligados a aumentar los salarios, indica el profesor, ya que antes era más fácil contratar a ciudadanos europeos.
La migración ha sido uno de los grandes temas que, hoy por hoy, enarbolan los partidos que en su tiempo apoyaron el Brexit. En ese entonces, los votantes del “Leave” culpaban a la Unión Europea del aumento de los trabajadores polacos en el Reino Unido, sobretodo después de la ampliación que vio el bloque en 2004.
El Brexit, en efecto, redujo la inmigración procedente de la UE, pero no la proveniente del resto del mundo. Los cambios normativos provocaron que la migración alcanzara cifras récord en 2022 y 2023, antes de volver a los niveles anteriores al Brexit.
A esto se le suma la falta de control sobre los migrantes que llegan en pequeñas embarcaciones sigue siendo un tema políticamente conflictivo. En 2022 llegó una cifra récord de 45 mil personas.
“La inmigración no fue el tema principal del referéndum de 2016. La cuestión central giraba en torno a la soberanía y al deseo de ‘recuperar el control’. Uno de los ámbitos en los que la gente quería recuperar ese control era la inmigración. La inmigración ha sido una gran preocupación desde principios de la década de 2000. Su principal efecto fue abrir una brecha en la coalición del Partido Laborista, compuesta por la clase trabajadora con menor nivel educativo y la clase media con mayor formación”, destaca Bartle.
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