Durante los primeros cuatro meses de este año, México colocó en el exterior productos agroalimentarios por 18 mil 460 millones de dólares. De ese total, 15 mil 601 millones correspondieron a ventas realizadas al amparo del T-MEC, hacia Estados Unidos y Canadá, lo que equivale a 84.5 por ciento, revelan datos oficiales.
Las cifras sitúan al sector agropecuario y agroindustrial como uno de los más integrados en el esquema trilateral, indicó el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA).
En las importaciones enero-abril, México adquirió bienes agroalimentarios por 15 mil 432 millones de dólares, de los cuales 10 mil 744 millones provinieron de sus socios del tratado, cifra que representa 69.7 por ciento del total comprado al exterior.
El resultado neto dejó un superávit de 3 mil 28 millones de dólares en la balanza agroalimentaria global, y de 4 mil 857 millones si se considera únicamente el intercambio con Estados Unidos y Canadá.
Dentro de las exportaciones al bloque, Estados Unidos concentró 15 mil 191 millones de dólares, equivalentes a 82.3 por ciento del total vendido al exterior, mientras Canadá absorbió 410 millones, el 2.2 por ciento restante del comercio con los socios del norte.
En las compras desde el mercado estadunidense se facturaron 9 mil 716 millones de dólares y del canadiense, mil 28 millones de dólares.
Son los resultados con base en los que se llevan a cabo negociaciones activas sobre el futuro del acuerdo comercial. México y Estados Unidos acordaron tres rondas bilaterales previas a la revisión formal: la primera fue en mayo, en la Ciudad de México; la segunda, en Washington, los días 16 y 17 de junio, mientras la tercera está programada para la semana del 20 de julio, de nuevo en la capital mexicana.
En paralelo, el pasado 18 de junio se confirmó que los ministros de Comercio de los tres países sostendrán una reunión virtual el 1º de julio para formalizar el inicio del proceso de revisión.
Recientemente, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, afirmó que el T-MEC continuará vigente un mínimo de 10 años independientemente de lo que ocurra el 1º de julio, cuando los tres países deberán comunicar si optan por una extensión de 16 años o por mantener el acuerdo en su plazo original con revisiones anuales.
“La hipótesis de ya me voy a retirar del tratado, pues hasta hoy no existe, no ha ocurrido”, sostuvo, al recordar que cualquiera de los tres gobiernos tendría que haber notificado su salida con seis meses de anticipación.
En ese escenario de 10 años, uno de los puntos centrales por resolver sería el alcance de las revisiones anuales previstas, dado que muchos de los cambios que se buscan, como modificaciones a reglas de origen o mayor contenido regional en el acero, requieren procesos que toman años y no pueden sujetarse a revisiones de corto plazo sin generar incertidumbre a los inversionistas.
El sector agroalimentario figura entre los que tienen mayor interés en la continuidad del tratado.
Alrededor de 160 organizaciones de productores agrícolas y pecuarios de los tres países enviaron una carta a sus respectivos gobiernos para pedir que se preserve el acuerdo y se eviten disrupciones en la cadena de suministro de alimentos.
La región norteamericana produce 12 por ciento más alimentos de los que consume, con un índice de autosuficiencia alimentaria de 112 por ciento, y genera aproximadamente 33 por ciento del PIB mundial con una población conjunta de 512 millones de habitantes.
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