La construcción modular dejó hace tiempo de estar asociada únicamente a oficinas temporales o soluciones de emergencia. Hoy, este sistema industrializado se expande sobre distintos segmentos del mercado y demuestra una capacidad de adaptación que le permite desarrollarse tanto en áreas protegidas como en uno de los polos energéticos más importantes del país.
Uno de los ejemplos más recientes de esta tendencia es la instalación de módulos habitacionales y sanitarios en diez parques y reservas nacionales del país. El proyecto, impulsado por la Administración de Parques Nacionales junto con el Banco Mundial, permitió llevar infraestructura de alta calidad a zonas remotas y de difícil acceso, donde la obra tradicional resulta compleja, costosa o puede generar un mayor impacto sobre el entorno natural.
"La construcción modular industrializada no es una alternativa a la vivienda tradicional: es una evolución de la forma de construir. Argentina cuenta con capacidad industrial, tecnología, conocimiento técnico y empresas especializadas para fabricar tanto módulos habitacionales simples como desarrollos de alta complejidad destinados a minería, energía, hotelería, educación, salud y vivienda", señala Juan Pablo Rudoni, fundador y presidente de ECOSAN y de la Cámara Argentina de la Construcción Modular Industrializada.
Las instalaciones se realizaron en los parques nacionales Traslasierra, Talampaya, Ciervo de los Pantanos, El Rey, Baritú, Lanín, Nahuel Huapi y Los Alerces y en las reservas nacionales Pizarro y El Nogalar de los Toldos
La posibilidad de fabricar gran parte de las estructuras en planta, reducir los tiempos de ejecución y minimizar la intervención sobre el terreno permitió que la construcción modular ampliara sus fronteras y comenzara a ganar espacio dentro del mercado inmobiliario.
Desde viviendas unifamiliares hasta hoteles, edificios de mediana densidad, complejos corporativos y desarrollos vinculados a la energía, el sistema industrializado empieza a consolidarse como una alternativa capaz de ofrecer mayor previsibilidad en costos y tiempos, dos variables clave para los inversores.
En algunos casos, la logística representa un desafío tan importante como la propia construcción. Para llegar a la Reserva Nacional El Nogalar de los Toldos, en Salta, los módulos recorrieron 1.865 kilómetros, atravesaron Bolivia y superaron los 2.200 metros de altura antes de ser instalados en destino.
Mientras Añelo acelera su transformación urbana para consolidarse como municipio de primera categoría y ampliar su infraestructura al ritmo de Vaca Muerta, el crecimiento sostenido del sector energético está dando lugar a una nueva ola de proyectos inmobiliarios y consolidando a la construcción industrializada como uno de los grandes protagonistas del desarrollo de la región.
A diferencia de la construcción tradicional, uno de los atributos que más valoran los desarrolladores e inversores es la flexibilidad del sistema: "Los módulos permiten relocalización, escalabilidad y reutilización, reduciendo considerablemente el riesgo frente a cambios de ciclo", explica Rudoni.
Si bien reconoce que Vaca Muerta, como toda economía asociada a los commodities, mantiene cierta sensibilidad frente a las fluctuaciones del mercado energético, sostiene que el escenario actual es distinto al de años anteriores.
Las inversiones en oleoductos, infraestructura y exportación muestran que Vaca Muerta dejó de ser una oportunidad coyuntural para consolidarse como una plataforma estratégica de largo plazo para el país.
En ese contexto, las construcciones modulares empiezan a ganar protagonismo dentro del real estate argentino. La posibilidad de desarrollar activos más rápidos, eficientes y adaptables convierte a este sistema en una herramienta capaz de responder tanto a la demanda habitacional como a los nuevos desafíos de sectores productivos y regiones en expansión.
Juan Pablo Rudoni explica a iProfesional que una de las principales ventajas de la construcción modular industrializada es la velocidad de ejecución. "Una vivienda de dos dormitorios puede estar terminada en aproximadamente 60 a 90 días, dependiendo del nivel de personalización, las terminaciones elegidas y las condiciones del terreno", destaca.
Esto es posible porque entre el 80% y el 90% del proceso constructivo se realiza dentro de una fábrica, bajo condiciones controladas, mientras que en paralelo pueden ejecutarse las tareas de preparación del terreno. De esta manera, los tiempos se reducen significativamente respecto de una obra tradicional, que suele demandar entre 8 y 12 meses para una vivienda de características similares.
El valor de una casa modular depende del tipo de vivienda, el nivel de equipamiento y las terminaciones elegidas. En el segmento estándar, una vivienda modular industrializada puede ubicarse desde u$s1.100 por metro cuadrado llave en mano.