Entre bonos y acciones, dólares y pesos, inflación o tasa TAMAR (tasa de plazo fijo por más de $1.000 millones) hay muchas opciones para dejarlas pasar.
El petróleo sigue siendo una dificultad para que el mundo vuelva a crecer a tasas más elevadas, dado que el conflicto bélico en Medio Oriente no parece tener fin y los países desarrollados han consumido buena parte de sus reservas. El petróleo Brent cotiza en torno de los u$s100, y se viene el invierno en el hemisferio norte. La falta de gas también se hará sentir, si la logística no hace que el comercio fluya a nivel mundial.
A esto tenemos que sumarle la suba de tasas de retorno en Estados Unidos, la tasa a 10 años se ubica en el 5,26% anual, si bien esta semana la tesorería americana realizó licitaciones de deuda por u$s119.000 millones, se convalidaron los niveles de tasas más altos de los últimos 20 años, en estos valores apareció la demanda, y esto nos indica que el inversor del mundo tiene apetito inversor si la tasa supera el 5,0% anual.
Argentina produce unos 930.000 barriles de petróleo por día y exporta 330.000 barriles por día; el petróleo a u$s100 el barril potencia el ingreso de dólares, amplía el superávit comercial energético, suma oferta al mercado, esto permite que el Banco Central siga comprando dólares y que el precio no baje demasiado.
Hasta el día jueves 8 de octubre, el Banco Central durante toda la gestión Bausilli-Werning compró u$s36.656 millones. En el año 2026 llevan comprados u$s14.852 millones; este año pensaban comprar entre u$s10.000 y u$s17.000 millones, superaron el piso de la meta en un 50%, y tal vez superen los u$s17.000 millones este año. Toda suba de reservas posibilitará una baja del riesgo país, pero es difícil en momentos en que la tasa base, que es la tasa de los bonos de tesorería americanos, esté al alza.
El aumento del petróleo genera una expansión en el sector petróleo, con epicentro en las provincias de Río Negro y Neuquén. Sin embargo, esto impacta en el precio interno del combustible, lo que genera un aumento de los costos y quita rentabilidad en el resto de los sectores de la economía.
Esto destruye a la teoría económica que dice que hay inflación cuando aumentan los costos, y ratifica el concepto de que la inflación es un fenómeno monetario. Como no se modifica la cantidad de moneda, la suba de una materia prima internacional no genera un aumento de precios; lo que produce es una merma de rentabilidad.
En esto se perjudican sectores ligados al campo, industria, comercio, construcción entre otros; el epicentro geográfico es todo el país menos las provincias petroleras. En Argentina el costo de los fletes es muy elevado, dado las grandes distancias geográficas.
El mix de suba de petróleo y aumento de tasas en el mundo generó una retracción económica que impacta en los niveles de inversión; mientras sigamos en el mundo con un precio del petróleo en torno de los u$s100 y tasas a 10 años en Estados Unidos por encima del 5,0% anual, será muy difícil crecer a tasas superiores al 2% anual.
Las tasas en pesos siguen en niveles muy bajos: una caución en pesos se consigue a tasas del 20% anual, un bono con vencimiento al 30 de noviembre del año 2026 rinde el 1,9% mensual y tiene una tasa interna de retorno del 25,5% anual.
Un bono en pesos con vencimiento el 30 de junio del año 2027 rinde el 2% mensual y tiene una TIR (tasa interna de retorno) del 27,6% anual. Un bono que vence el 31 de agosto del año 2028, como el TMG28 que ajusta por tasa TAMAR más el 6,9% anual, rinde el 2,7% mensual y tiene una tasa interna de retorno del 39% anual. Todo lo que vence post elecciones presidenciales tiene un premio muy elevado.
A nuestro parecer nos encanta el AO29 que vence en octubre del año 2029 y rinde el 12,1% anual.
El relevamiento de expectativa de mercado, que es la media de los pronósticos de las consultoras de mercado que brindan su información al Banco Central, prevén un dólar a diciembre del año 2026 en $1.621, a septiembre del año 2027 en $1.925 y diciembre del año 2027 en $2.005.
Cuando vamos a elegir una acción para comprar, obligadamente vamos a ver cuánto gana la empresa, cuánto es el flujo de fondos libre de caja que cuenta en su poder, de modo tal de poder estimar si la empresa podría repartir dividendos, recomprar acciones propias, o seguirá invirtiendo en la compañía.
Cuando vemos la estructura de un bono, nos interesa su moneda, cómo ajusta su cotización y qué paridad tiene para poder determinar su atractivo.