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El presidente del Banco Central, Roberto Lagos, sostuvo que el paso de L26 a L27 no debería generar alarma y aseguró que el país mantiene suficientes reservas internacionales.
El verdadero riesgo no está en un solo centavo, sino en cuánto tiempo continúa depreciándose el lempira y cómo ese movimiento se traslada a importaciones y precios.
El dólar superó este viernes la barrera de los L27 por unidad en Honduras y convirtió una variación relativamente pequeña en un nuevo punto de atención para consumidores, importadores y empresas.
El Banco Central de Honduras (BCH) reportó una cotización de venta de L27,0010 por dólar, dentro de una tendencia de depreciación gradual del lempira frente a la moneda estadounidense.
El presidente del BCH, Roberto Lagos, pidió calma y sostuvo que “un centavo no debería crear ningún impacto”, argumentando que el ritmo de deslizamiento sigue siendo moderado y que el país dispone de suficientes reservas internacionales.
Su argumento tiene una base importante: una variación aislada de un centavo no modifica por sí sola el costo de vida.
El problema aparece cuando ese movimiento deja de ser aislado y se convierte en una tendencia prolongada.
Pasar de L26,99 a L27,00 no implica que los productos importados aumenten automáticamente de precio al día siguiente.
Pero cruzar una barrera redonda suele tener un efecto psicológico y comercial porque concentra la atención sobre una trayectoria que ya venía ocurriendo.
Para una economía que depende en buena medida de importaciones, una depreciación sostenida significa que empresas y consumidores necesitan más lempiras para comprar la misma cantidad de dólares.
Eso puede afectar combustibles, materias primas, fertilizantes, maquinaria, medicamentos y otros bienes adquiridos en el exterior.
El economista José Murillo advirtió que el impacto no se limita a los bienes importados directamente.
El combustible, por ejemplo, influye en transporte y distribución. Una empresa que importa insumos también puede terminar trasladando parte del incremento a sus precios.
Así funciona uno de los canales por los que una depreciación prolongada puede alimentar presiones inflacionarias.
No significa que cada movimiento del dólar produzca inflación inmediata, sino que un tipo de cambio más alto encarece la base de costos de una economía altamente conectada con mercados externos.
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