Mientras decenas de miles de personas intentaban alcanzar Ceuta desde Marruecos, a pocos kilómetros los ferris seguían transportando camiones y mercancías entre las dos orillas del Estrecho: piezas de automóvil, maquinaria, combustibles, ropa, frutas y productos pesqueros. La frontera volvía a convertirse el pasado jueves en un punto de máxima tensión política, pero seguía funcionando como uno de los principales corredores comerciales entre Europa y el norte de África.
La magnitud de la entrada irregular, con cifras nunca vistas hasta ahora, ha alimentado las sospechas sobre una posible relajación del control fronterizo marroquí, especialmente por el precedente de 2021. Sin embargo, no existen pruebas públicas concluyentes de que Rabat organizara o permitiera deliberadamente el movimiento migratorio. Tampoco se han anunciado represalias económicas. De hecho, las autoridades de ambos países reforzaron posteriormente la frontera y facilitaron el regreso a Marruecos ,- de buena parte de quienes habían cruzado.
Pero lo ocurrido deja al descubierto una relación de dependencia cruzada entre ambos países: España necesita la cooperación de Marruecos para controlar la frontera y gestionar los flujos migratorios, mientras Marruecos necesita a España para vender, atraer inversión y consolidarse como plataforma industrial próxima al mercado europeo. En 2024, ambos países intercambiaron mercancías por un valor récord de 22.693 millones de euros.
Además, España es desde 2012 el principal socio comercial de Marruecos, mientras el país magrebí ocupa el primer lugar entre los mercados africanos para las empresas españolas.
España cerró 2024 con un superávit comercial superior a los 3.000 millones de euros frente a Marruecos. Las exportaciones al país crecieron cerca de un 6% y alcanzaron un máximo histórico, según la Secretaría de Estado de Comercio. En conjunto, las empresas españolas vendieron a Marruecos bastante más de lo que compraron.
Aun así, su peso dentro del comercio exterior español es limitado. Las exportaciones de mercancías superaron los 384.000 millones de euros en 2024 y Marruecos concentró alrededor del 3,4% del total, algo más de tres de cada 100 euros vendidos al exterior. Una crisis prolongada golpearía a empresas y sectores concretos, pero España cuenta con una economía más diversificada y con mercados alternativos.
Para Marruecos, en cambio, la relación con España es clave en su economía. El informe anual de su Office des Changes, el organismo oficial que publica las estadísticas de comercio exterior del país, señala que Europa concentró el 62% del comercio exterior de Marruecos en 2024 y recibió más del 71% de sus exportaciones. Dentro de los intercambios con el continente, España fue su principal socio, con el 29,1% del total, por delante de Francia, que representó el 21%.
Los datos de la Comisión Europea confirman esa dependencia del mercado comunitario. En 2025, la UE absorbió el 33,2% de las exportaciones marroquíes y suministró el 34% de sus importaciones. El comercio de bienes entre las dos partes alcanzó los 62.200 millones de euros.
La relación va bastante más allá de la venta de tomates marroquíes en supermercados españoles o de gasolina española al otro lado de la frontera. Las dos economías forman parte de cadenas de producción compartidas, especialmente en la automoción, el textil, la maquinaria y los componentes eléctricos.
España exporta a Marruecos combustibles, bienes de equipo, maquinaria, metales, productos químicos y componentes que utilizan las fábricas instaladas allí. Marruecos, por su parte, vende a España vehículos, cableado eléctrico, piezas para automóviles, prendas de vestir, frutas, hortalizas y pescado.
En ocasiones, un mismo producto cruza varias veces el Estrecho: las materias primas o las piezas salen de España, se transforman o ensamblan en Marruecos y vuelven después para incorporarse a un vehículo, llegar a una tienda o continuar hacia otro país europeo.
El comercio entre Marruecos y la UE muestra hasta qué punto ha crecido la conexión industrial. En 2025, la maquinaria y el material de transporte representaron más de la mitad de las importaciones comunitarias procedentes de Marruecos, por delante de los alimentos y el textil. Se trata de una estructura más propia de una plataforma manufacturera que de un simple proveedor agrícola.
Por eso, una interrupción prolongada del comercio podría perjudicar a las empresas de ambos países. Las fábricas españolas que utilizan cableado o piezas fabricadas en Marruecos tendrían que asumir retrasos, buscar otros proveedores o pagar más por el transporte.
Los controles aduaneros adicionales también podrían afectar a los productos agrícolas y pesqueros marroquíes destinados a España y al resto de Europa, que necesitan llegar con rapidez para no perder valor ni estropearse.
Hay más de 350 empresas españolas instaladas en Marruecos, según el Gobierno, y sus inversiones generan 27.655 empleos en el país. Marruecos es además el principal destino de la inversión española en África, con un volumen acumulado próximo a los 2.000 millones de euros.