La industria vacuna de Texas enfrenta una nueva amenaza que pone en jaque a toda la cadena de producción: la reaparición del gusano barrenador coincide con el nivel más bajo de rodeos estadounidenses desde 1951 y con precios récord para la carne, en un contexto de costos crecientes y fenómenos climáticos extremos.
Así lo informó The Texas Tribune, medio que documentó el impacto de la plaga en un sector ya golpeado por la sequía, los incendios y la volatilidad internacional.
El brote de gusano barrenador fue confirmado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) en junio, con al menos 12 casos en Texas y restricciones de movimiento para los animales en las áreas afectadas.
La principal estrategia para contener el avance de este parásito —una larva que devora el tejido de los animales desde el interior— es la liberación de moscas estériles, pero la instalación que permitirá su producción masiva no estará lista hasta noviembre de 2027, de acuerdo con The Texas Tribune.
El escenario se complica porque la crisis del rodeo venía profundizándose desde mucho antes. Según el Consumer Price Index Report de mayo citado por el mismo medio, los precios de la carne vacuna en Estados Unidos subieron 12,9% en el último año.
El rodeo nacional inició 2026 con 86,2 millones de cabezas, la cifra más baja en 75 años, según el USDA. Para los productores, el avance del parásito implica costos adicionales y nuevas incertidumbres, como explicó David Ortega, profesor de economía alimentaria en Michigan State University: contener la plaga exige inspecciones y cuidados especiales, lo que frena operaciones y retrasa tareas rutinarias.
La presión sobre los ranchos de Texas se amplifica en regiones clave como el Panhandle, responsable del 85% de la carne vacuna estatal y de generar unos USD 6.000 millones al año.
Allí, los incendios forestales —incluido el de Smokehouse Creek en 2024, el mayor en la historia del estado— provocaron la muerte de más de 15.000 cabezas de ganado en una sola semana, según The Texas Tribune. A la par, la sequía afecta ya a la mitad del territorio, dificultando el pastoreo y el acceso al forraje.
La crisis de oferta no solo encarece la carne en los supermercados. También limita la actividad de frigoríficos y restaurantes.
Trevor Caviness, tercera generación al frente de Caviness Beef Packers, relató al medio que su planta tiene capacidad para procesar unas 2.900 cabezas diarias, pero hoy opera al 75-80% por la escasez de animales.
El precio de un novillo listo para faena subió de USD 1,70 por libra en 2021 a USD 2,55 en la actualidad —un aumento del 50%, según datos de la Universidad de Nebraska en Lincoln citados por The Texas Tribune— aunque los márgenes de ganancia siguen en negativo por el alza de insumos y la capacidad ociosa.
El avance del gusano barrenador obliga a los rancheros a modificar prácticas habituales. James Henderson, a cargo del Bradley 3 Ranch en el Panhandle, señaló que durante un brote deben evitar heridas abiertas, lo que posterga tareas como el marcado, el descorne y la castración hasta el invierno, cuando las bajas temperaturas detienen la reproducción del parásito. “Uno está prácticamente obligado a hacer esas cosas cuando esas moscas no están”, indicó a The Texas Tribune.
La falta de ganado ya impacta en las cocinas. Skeeter Miller, fundador de The County Line en Austin, explicó al medio que cocinar y vender brisket dejó de ser rentable: el costo de 10 libras de brisket crudo se elevó a USD 54, muy por encima del año pasado, y una porción típica de media libra pasó a costar USD 16, al menos 5 más que en 2025.
Pese a los aumentos, el margen sobre una pieza de 10 libras cayó del 4-5% a solo 2%. La Texas Restaurant Association advirtió que los cierres de locales de barbacoa se aceleraron, ya que continuar subiendo precios implicaría perder aún más clientes.
El gusano barrenador representa una amenaza adicional para una cadena ya tensionada por la baja disponibilidad de animales, la volatilidad de los insumos y la incertidumbre comercial.