Hasta hace unas semanas, Nicole pensaba estudiar Abogacía. Aunque cursa el último año de la Escuela Técnica N°7, donde se forma en Electromecánica, fue durante sus prácticas en la planta de Prestige Auto, en Virrey del Pino, partido de La Matanza, cuando empezó a considerar realmente qué quería estudiar.
Nicole, de 18 años, es una de las estudiantes de las quince escuelas que participan del programa de formación y prácticas profesionalizantes que la compañía desarrolla junto con TICMAS —una empresa EdTech enfocada en el aprendizaje y el desarrollo de talento—. El programa, que incluye la formación de 70 estudiantes en forma presencial y más de mil en instancias asincrónicas, forma parte de la Academia Mercedes-Benz y está destinado a estudiantes del último año de las escuelas técnicas. Combina cinco cursos teóricos con prácticas en el centro industrial donde se fabrica la Mercedes-Benz Sprinter. Desde seguridad en el trabajo industrial hasta procesos específicos de la producción automotriz, pasando por las competencias digitales, automatización y robótica, el recorrido busca que los estudiantes adquieran conocimientos que les permitan comprender las tareas de cada sector y participar de ellas cuando ingresen a la planta.
Nicole va a la planta todos los miércoles, de ocho a doce, y asegura que fue su familia la que la alentó a aprovechar esta oportunidad, porque en un principio la vio con cierta incredulidad. Durante su paso por chapistería, aprendió a medir puntos de soldadura con ultrasonido. Hoy en el taller se siente una más, rodeada de compañeros de experiencia que le explican cómo son los procedimientos.
—Lo que ves es cómo cada uno se desarrolla en su lugar. Y cómo lo hacen con amor, porque se nota —cuenta.
Es esa disposición a enseñar uno de los aspectos que Daniel Valeggia, director de la planta, destaca al hablar de la llegada de los estudiantes. Para quienes llevan años en la empresa, acompañar a los chicos supuso volver sobre procedimientos que conocían de memoria y encontrar la manera de explicárselos a quienes recién empiezan.
—Nuestra empresa tiene un rango etario alto y eso implica que tiene mucha experiencia. Es momento de pasar el testimonio y de ver cómo se transmite el conocimiento a las nuevas generaciones —dice.
Pero también, el recibir a los estudiantes fue un desafío: exigió que cada equipo se adaptara para incorporarlos con éxito a cada sector. Ahora, cuando Valeggia se los cruza en la planta, los ve cómodos, disfrutando de la experiencia.
—Nuestra expectativa —dice— es que este sea el comienzo y que año tras año siga repitiéndose. Para nosotros, es muy importante hacer un semillero para la industria.
Verónica Niemann, gerente de Relaciones Institucionales de Prestige Auto, dice que lo primero que les preguntó a los chicos fue si alguna vez se habían imaginado que iban a estar adentro de la fábrica: muchos le dijeron que no. Para ella, que participó activamente en la elaboración del programa, esta experiencia permite que los chicos conozcan la empresa y empiecen a considerar qué hacer después del secundario.
—Espero que salgan con muchos aprendizajes, que se lleven lo que es trabajar en equipo, que se lleven una proyección para sí mismos, para el futuro, y que puedan seguir estudiando —dice—. Yo empecé a trabajar acá hace treinta años. Empecé como pasante. Hoy tengo la posibilidad de estar del otro lado y recibirlos a ellos. Y lo hacemos con mucha pasión, con mucho amor y con mucho respeto.
Emmanuel Contreras es uno de los tutores pedagógicos de TICMAS que acompaña a los estudiantes en su aprendizaje en la fábrica. Su trabajo consiste en ayudarlos a relacionar aquello que estudiaron en la escuela con situaciones reales dentro de la planta, que pueden requerir otros conocimientos o una manera diferente de aplicarlos. Agrupados de a dos o de a tres, los estudiantes aprenden junto a él y a los demás referentes de cada área, y también entre pares.
Después de varias semanas, Contreras observa cómo crece el compromiso: llegan antes del horario de entrada, se animan a consultar, piden más responsabilidades.
—Por ahí vienen con temores, con dudas, “si pregunto van a pensar que no sé”, pero de a poco se van soltando y se manejan con más autonomía —dice.
En el área de Mejora Continua, los estudiantes participan de las reuniones y se animan a proponer soluciones. El ingeniero Jorge Giacomodonato, que coordina el sector, cuenta que los chicos acompañan al equipo desde el momento en que reciben una consulta hasta cuando se alcanza la definición sobre cómo resolverla. Un ejemplo: el sector de Pintura necesitaba un recipiente para recuperar los restos de sellador que se retiran del vehículo y evitar que contaminen el proceso. Los chicos tomaron un modelo, prepararon la información para el plano y avanzaron en la fabricación de un prototipo a través de una impresión 3D.
Justamente en Pintura, los chicos tienen que identificar y registrar defectos, analizar los resultados y presentarlos ante los supervisores. Sebastián Linares, ingeniero a cargo del sector, destaca que las preguntas de los estudiantes se vuelven más precisas a medida que conocen el área.