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Nevaco Global
15 de junio de 2026

Sin margen para seguir recortando gastos: ¿es sostenible el equilibrio fiscal?

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El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció recientemente que ya casi no hay margen para seguir comprimiendo el gasto público, por lo que la preservación y consolidación del equilibrio o superávit fiscal, piedra basal del plan económico, depende crucialmente de una recuperación del nivel de actividad económica que trascienda los sectores energético, agroindustrial y minero y ensanche las bases de sustentabilidad del “cambio de régimen” que inició el gobierno de Javier Milei.

“Tenés que recaudar más porque seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil. Estamos en un nivel de gasto de 15 puntos del Producto Bruto Interno (PBI)… es el nivel de gasto que había en los 90 y es 10 puntos menos de lo que fue el pico hace ocho años”, explicó Caputo.

He ahí la pregunta sobre la sostenibilidad del ajuste y el equilibrio fiscal, pues gran parte del gasto (jubilaciones, pensiones, asignaciones familiares) está indexada a la inflación. El gobierno anunció algunos recortes por $2,5 billones, pero su apuesta en adelante es a una mejora de la actividad y aumento del empleo formal.

El economista Jorge Vasconcelos ha mostrado en recientes informes la estrechísima relación entre el IVA-DGI (y en particular, la recaudación del IVA) y la evolución del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), tomando en cuenta la “tendencia ciclo” que despeja efectos estacionales o extraordinarios.

Tambien Caputo, al exponer en el “Summit 2026” del IAE Business School, la escuela de negocios de la Universidad Austral, dijo basarse en los datos de la “tendencia ciclo”.

“La fiesta recién empieza”, aseguró el ministro, al explicar que si bien Vaca Muerta y la energía arriman el grueso de dólares que sustentan el aumento de reservas y la actual estabilidad cambiaria, el crecimiento será mucho más amplio gracias a que esos sectores hoy más beneficiados por el RIGI y la inversión local y extranjera permitirán el “equilibrio general” en que muchos más sectores puedan crecer.

Desde que Milei es presidente, enfatizó Caputo, incluso la exportación de Manufacturas de Origen Industrial (MOI) creció 20% en cantidades.

En cualquier caso, la sostenibilidad fiscal sigue siendo clave y pilar del modelo oficial, heredero de un historial poco envidiable. Caputo recordó en el IAE que la Argentina tuvo déficit fiscal en 113 de los últimos 124 años, que en ese período atravesó 22 crisis económicas y que 20 de ellas fueron de origen fiscal.

En cuanto a la etapa más reciente, en un seminario fiscal del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Universidad de Buenos Aires, Julián Folgar, profesor de la UBA y economista del Banco Mundial, mostró el “sube y baja” del gasto público, con una etapa de “expansión” fiscal (2005-2015) y otra de obligada contracción (2015/2025), que incluye el ajuste más explícito y decidido iniciado a fines de 2023.

La experiencia de las últimas dos décadas, subrayó Folgar a Infobae, muestra la importancia de una política de gasto prudente y sostenible. “Cuando las expansiones del gasto se concentran en partidas rígidas (como salarios y jubilaciones) los ajustes posteriores tienden a recaer de manera desproporcionada sobre componentes más flexibles -como la inversión pública, las transferencias o ciertos programas-, independientemente de que hayan sido o no los principales responsables del aumento inicial. Esto puede afectar funciones relevantes del Estado y sugiere que la mejor forma de evitar ajustes costosos es prevenir expansiones difíciles de sostener en el tiempo”.

Los datos sugieren que a partir del “cuidado de cuentas” iniciado a fines de 2023 hay una oportunidad de consolidación. Desde entonces, las prestaciones deshicieron un tercio de su expansión previa, forzando al resto del gasto a ajustarse más que proporcionalmente, algo que a su vez impulsa reacciones de los sectores afectados.

Ahí entra en juego la “sostenibilidad” del ajuste y el equilibrio o superávit fiscal. El grueso de la corrección se basa en la reducción de subsidios (antes amplios e indiscriminados, ahora focalizados en un grupo más reducido) y los cambios a la indexación de los haberes jubilatorios. Y del lado de los ingresos hubo una pérdida significativa al dejarse de lado el “Impuesto PAIS” que había pergeñado la gestión de Alberto Fernández, y una ganancia por la restitución del impuesto a las ganancias personales que había prácticamente condenado la gestión ministerial de Sergio Massa como parte de su “plan platita” para la elección presidencial 2023.

Ampliando el campo del gasto para incluir provincias y municipios, Marcelo Capello, vicepresidente y director de estudios fiscales del Ieral, cree que la meta anunciada por Milei de alcanzar un gasto público equivalente a 25% del PIB (objetivo del “Pacto de Mayo”, firmado en julio de 2024) luce difícil de cumplir.

“A pesar de que bajó 11 puntos del PIB desde 2015 a 2025, aun se ubica en 32% del PIB. Si bien todavía podría haber recortes adicionales en subsidios a energía y transporte, o en el gasto corriente provincial, también es cierto que debería mejorar el nivel de inversión pública, y otros gastos como las transferencias a universidades”, dijo a este medio.

A futuro, agrego, “para bajar impuestos a nivel provincial existe margen para bajar el gasto, pero en el nivel nacional más bien deberá tratarse de una eliminación de impuestos distorsivos (retenciones, impuesto al cheque) compensado con la eliminación de algunos gastos tributarios y mejor recaudación en los impuestos más tradicionales”.

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