La tensión diplomática entre Polonia y Ucrania marcó este jueves la Conferencia de Recuperación de Ucrania celebrada en Gdansk, donde el presidente Volodimir Zelensky no estuvo presente debido a una disputa sobre el nombre de una unidad militar ucraniana.
Kiev bautizó esa unidad en honor al Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), organización a la que Polonia acusa de haber perpetrado una masacre contra cerca de 100.000 de sus ciudadanos durante la Segunda Guerra Mundial. Esa decisión llevó al presidente polaco Karol Nawrocki a retirarle a Zelensky la Orden del Águila Blanca, la máxima condecoración del país. La delegación ucraniana en Gdansk fue encabezada por la primera ministra Yulia Svyrydenko.
El conflicto se produce en un momento delicado para Ucrania, que busca miles de millones en inversión para la reconstrucción de posguerra y aspira a adherirse a la Unión Europea (UE), con la primera fase de las negociaciones de adhesión iniciada la semana pasada en Luxemburgo. El primer ministro polaco Donald Tusk inauguró la conferencia llamando a construir el futuro “sobre la base de la verdad, el respeto mutuo y la comprensión de la historia”.
El choque dejó a Tusk en una posición delicada, su gobierno debe sostener el apoyo a Kiev mientras la opinión pública se aleja de Ucrania por razones que preceden a este episodio. El cansancio con los refugiados y las disputas por las importaciones de cereales ya habían deteriorado esa relación; la polémica sobre el nombre de la unidad sumó otro frente.
Según una encuesta de SW Research para el diario Rzeczpospolita, el 51,9% de los polacos afirmó que la decisión de Zelensky dañó su percepción de Ucrania. El dato refleja cuánto peso tienen las matanzas de Volinia en la forma en que Polonia procesa cualquier reivindicación de esa organización.
La lectura de ambos lados es incompatible: para muchos ucranianos, el UPA representa la resistencia contra la Unión Soviética y la Alemania nazi; para Polonia, ese mismo grupo es sinónimo de genocidio.
El primer ministro se reunió con Zelensky en Bruselas apenas un día antes de que el presidente polaco tomara su decisión, y dos fuentes cercanas al gobierno polaco señalaron que ambos líderes habían discutido cómo reducir la tensión. “Lo siguiente fue la escalada de Nawrocki... y tenemos un problema enorme”, resumió una de ellas.
Nawrocki ha rechazado que la política interna influyera en su determinación. Su asesor de política exterior, Marcin Przydacz, acusó el lunes al mandatario ucraniano de usar la disputa histórica para desviar la atención de escándalos de corrupción internos. Zelensky, a su vez, sostuvo que su par polaco busca capitalizar el conflicto de cara a las elecciones parlamentarias de 2027, en las que sus aliados del partido Ley y Justicia (PiS) esperan retornar al gobierno.
El presidente ucraniano anunció esta semana que devolvió la condecoración, otorgada en 2023, e indicó que su país “permanecerá abierto a todas las formas significativas de diálogo con Polonia para intentar evitar interpretaciones contradictorias de los capítulos difíciles y dolorosos de nuestro pasado común”.
La crisis abre además otro frente para Varsovia: quedar fuera de las negociaciones sobre el futuro de Ucrania. La ausencia de Tusk en una reunión reciente del E3 —Gran Bretaña, Alemania y Francia— con Zelensky en Londres encendió las alarmas, aunque el miércoles sí participó en Berlín en un formato ampliado, el E5, que incluyó al primer ministro italiano.
Un diplomático europeo fue directo: “Si Polonia quiere participar en las conversaciones sobre Ucrania, incluidos formatos como el E3, no sorprende que no se la invite si su comportamiento es este”. El primer ministro polaco reconoció el miércoles que la disputa "el mayor regalo para el presidente ruso", Vladimir Putin.