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Nevaco Global
18 de junio de 2026

Costa Rica enfrentará impactos multisectoriales ocasionados por el fenómeno de El Niño

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El Fenómeno de El Niño, previsto para consolidarse y afectar Costa Rica entre junio de 2026 y mayo de 2027, representa uno de los eventos climáticos de mayor trascendencia e impacto para el país en la última década. De acuerdo con los análisis del Instituto Meteorológico Nacional (IMN) y la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), este episodio de El Niño será de intensidad fuerte, incrementando los desafíos para múltiples sectores económicos, sociales y ambientales.

El Niño-Oscilación del Sur es un fenómeno global caracterizado por el calentamiento anómalo del océano Pacífico ecuatorial, que altera drásticamente los patrones de lluvias y temperatura en la región centroamericana. Para Costa Rica, la vertiente del Pacífico (Guanacaste, Pacífico Central y Sur, así como el Valle Central) sufrirá significativos déficits de precipitación (hasta -50% en algunos sectores), mientras el Caribe experimentará lluvias por encima del promedio (+15% a +21%), incrementando el riesgo de inundaciones.

En el informe denominado Estrategia Nacional de Contingencia Fenómeno El Niño 2026-2027, publicado por el CNE, se proyectan aumentos sostenidos en la temperatura media nacional, exacerbando el estrés térmico y la presión sobre los recursos naturales.

En la Gran Área Metropolitana y diversas regiones del Pacífico, según el informe, la disminución en la recarga de fuentes superficiales y subterráneas afectará el abastecimiento de agua a más de 700, 000 personas. Se implementarán racionamientos, habilitación de pozos de emergencia y distribución mediante camiones cisterna. El agotamiento hídrico también impactará a más de 1,300 ASADAS rurales, incrementando la vulnerabilidad de comunidades alejadas.

En paralelo, las condiciones cálidas y secas aumentan la proliferación de enfermedades transmitidas por vectores como dengue, zika y chikungunya. Además, la mala calidad y escasez de agua eleva la incidencia de enfermedades gastrointestinales y problemas respiratorios, especialmente en zonas urbanas con efecto de isla de calor.

En el sector agropecuario, el déficit hídrico en Guanacaste y el Pacífico Central provocará estrés agronómico y la reducción significativa en los rendimientos de cultivos esenciales como arroz, caña de azúcar y melón, así como en la crianza de ganado. El informe detalla que las pasturas pueden reducir su crecimiento hasta en un 75%, agravando la mortandad de animales y afectando la economía de pequeños y medianos productores rurales.

Por otro lado, en la vertiente Caribe, las condiciones húmedas favorecen algunas cosechas, pero incrementan las enfermedades y plagas en cultivos industriales como banano y cacao, generando nuevos desafíos fitosanitarios.

Sobre la matriz energética costarricense, fuertemente dependiente de la hidroelectricidad, el informe indica que enfrenta serios desafíos ante la disminución de caudales en los embalses. El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) proyecta un mayor uso de generación térmica (con combustibles fósiles), lo que elevará costos y podría derivar en ajustes tarifarios, afectando la competitividad industrial y el bolsillo de los hogares. Paralelamente, se implementarán campañas y protocolos para el uso eficiente de electricidad y el fortalecimiento de redes, buscando mitigar el riesgo de apagones.

El impacto sobre el turismo será doble. En hoteles y centros de hospedaje del Pacífico, la escasez de agua amenazará la continuidad operativa, forzando inversiones en tanques y sistemas alternativos. La percepción internacional de riesgo puede reducir la visitación, afectando especialmente a pymes turísticas. Por el contrario, en el Caribe, el exceso de lluvias pondrá a prueba la resiliencia infraestructural turística ante inundaciones o deslizamientos.

El informe destaca que las sequías en el Pacífico y el estrés hídrico en el Valle Central limitarán la operación de acueductos, pero en el Caribe y Zona Norte el riesgo prioritario serán las inundaciones y deslizamientos, amenazando carreteras, puentes y la conectividad de comunidades rurales y zonas productivas. El deterioro infraestructural encarecerá los costos logísticos, afectando incluso la competitividad en exportaciones agrícolas y pesqueras.

El calentamiento del Pacífico desplaza bancos de peces hacia aguas más profundas y frías, reduciendo la pesca artesanal y la captura de moluscos, impactando a cientos de familias costeras. Se anticipan riesgos adicionales de impago y morosidad en préstamos del sector pesquero.

Ante este panorama, el país ha activado una Estrategia Nacional de Contingencia bajo la rectoría de la CNE, con la colaboración de 19 instituciones, orientada al monitoreo permanente, coordinación sectorial y territorial, acciones de emergencia en agua, energía y producción, y especial atención sobre la población más vulnerable. La planificación ágil, la comunicación efectiva y el uso racional de recursos serán clave para reducir los impactos y salvaguardar la seguridad nacional ante El Niño 2026-2027.

Dicho fenómeno se perfila como un verdadero reto transversal, con efectos simultáneos y diferenciados en cada región del país. Sus impactos multisectoriales exigen respuestas articuladas, basadas en ciencia, solidaridad y capacidad preventiva. Solo mediante la acción anticipada en todos los frentes –agua, energía, producción, salud, turismo y protección social– podrá Costa Rica reducir los daños y garantizar su resiliencia ante una de las mayores amenazas climáticas de los últimos años.

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