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Nevaco Global
7 de julio de 2026

Cumbre de la OTAN en Ankara: cómo complacer a Trump mientras Europa busca un giro estratégico

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Los líderes de los 32 países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se reúnen este martes y miércoles en Ankara, la capital de Turquía, en lo que ya se califica como una de las cumbres más trascendentales y políticamente explosivas de la historia reciente de la Alianza. 22 años después de la última vez que el territorio turco albergó una cita de esta envergadura, el orden de prioridades geopolíticas ha cambiado drásticamente. Y no para bien: la incertidumbre y la desconfianza lo acaparan casi todo.

Europa se encuentra bajo una presión sin precedentes por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para asumir la responsabilidad total de su propia defensa, cuando hasta ahora tenía garantizado el paraguas norteamericano, en un escenario global marcado por la invasión rusa de Ucrania -que entra ya en su quinto año-, la inestabilidad crónica en Oriente Medio y la asertividad militar de potencias asiáticas que nadie sabe en qué puede acabar.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, a quien en los círculos diplomáticos de Bruselas apodan el "susurrador de Trump" debido a su acreditada habilidad para gestionar los exabruptos del mandatario estadounidense (y para aplaudirle cada decisión, también, lo que le hace cosechar motes menos lucibles), llega a Ankara con una estrategia clara: permitir que EEUU declare una victoria política rotunda ante sus ciudadanos, a cambio de mantener cohesionada la estructura transatlántica. El argumento central de Rutte es simple, directo y contundente en términos financieros: Europa finalmente está pagando la factura. Eso lo puede vender el republicano como una victoria en este año electoral, con comicios legislativos de mitad de mandato en noviembre.

El eje de la cumbre será la exigencia inflexible de Washington de que los socios europeos cumplan los ambiciosos compromisos de gasto militar arrancados por Trump el año pasado. Según el borrador de la declaración de la cumbre, dado a conocer por medios como Reuters y AP, los aliados europeos y Canadá han incrementado su inversión en defensa en más de 139.000 millones de dólares durante el año 2025, lo que representa un aumento cercano al 20% en un único año. Es para que el inquilino de la Casa Blanca esté satisfecho, pues es lo nunca visto.

Este esfuerzo masivo y generalizado responde al compromiso histórico sellado en la cumbre de La Haya, el año pasado. Los Estados miembros de la OTAN fijaron entonces como meta obligatoria destinar el 5% de su Producto Interior Bruto (PIB) a la defensa para el año 2035. En Ankara, Rutte presentará por primera vez un informe de progreso sobre un objetivo secundario pero igualmente crítico: un 1,5% adicional destinado específicamente a la movilidad militar, la infraestructura logística y la resiliencia civil ante ataques híbridos.

Este nuevo marco conceptual tiene un nombre propio dentro de los pasillos de la Alianza: burden shifting (el traspaso de la carga). Se va a escuchar mucho mucho en estos dos días de jornada. Por primera vez en la historia de la OTAN, este término figurará explícitamente en el comunicado oficial de cierre de la cita. Muestra el rumbo hacia lo que en Washington les gusta llamar OTAN 3.0 y, en términos prácticos, significa que Europa asumirá el peso principal de la defensa convencional frente a Rusia en el continente, permitiendo que las fuerzas armadas estadounidenses den un paso atrás o redirijan sus prioridades estratégicas hacia otros teatros de operaciones, como el Indopacífico.

No es nuevo, pero sí es la consolidación de un camino iniciado en el mismo Despacho Oval de Trump, cuando en julio del año pasado el exprimer ministro neerlandés fue a rendirle obediencia al norteamericano y confirmó, por primera vez, que un grupo de países de la Alianza se haría cargo de pagar armamento a EEUU para suministrárselo a Ucrania. De entonces hasta hoy, la apuesta es esa: Washington no se exprime en la ayuda a los de Volodimir Zelenski, sino que pone su industria y los aliados del otro lado del océano ponen los euros. Redondo.

Esta transformación genera profundas fricciones industriales. Para cumplir con los plazos impuestos por la urgencia del conflicto europeo, los gobiernos del Viejo Continente se disponen a firmar contratos multimillonarios de adquisición de armamento avanzado. Aunque muchos en Europa preferirían que ese dinero se invirtiera en el desarrollo de una industria de defensa estrictamente europea (autónoma, adecuada a sus necesidades, fomentando sus propias empresas), la realidad operativa obliga a mirar hacia el otro lado del Atlántico.

Rutte ha adelantado la firma de "decenas de miles de millones de dólares" en nuevos contratos de defensa que beneficiarán directamente a la industria militar estadounidense, un argumento que sirve de bálsamo para contentar a la Administración Trump, pero que irrita a capitales como París o Berlín, que abogan por una mayor autonomía estratégica, por un giro que les quite servidumbres de una vez. Ahora EEUU no es "el cajero" de la OTAN, como se quejaba el republicano en su primer mandato (cuando aún se le ponía en jarras la alemana Angela Merkel, cuando había resistencia), sino que es el receptor de mucho, mucho dinero en contratos.

No está de más recordar que Estados Unidos, quien tanto pide a los demás, no gasta actualmente el 5% de su PIB en defensa, sino que su inversión militar se sitúa entre el 3,3% y el 3,5% del PIB. Son datos de su propio gabinete.

Para Rutte, el éxito de la cumbre de Ankara se medirá en su capacidad para transformar la hostilidad de Trump en una oportunidad de modernización para la alianza. Al presentar a una Europa que gasta más, que compra tecnología estadounidense y que asume el liderazgo en su propio territorio, el secretario general intenta desactivar la retórica del aislacionismo estadounidense. Sin embargo, el precio a pagar es alto. El paso hacia esa OTAN 3.0 implica una aceptación tácita de que el paraguas de seguridad incondicional de EEUU ya no existe de la misma manera. Europa se ve forzada a madurar militarmente a marchas forzadas, no por una iniciativa interna de unificación, sino por el imperativo dictado desde Washington y por la cruda realidad de un frente oriental que no da tregua.

La pregunta que flota en el aire no es solo cuánto dinero está dispuesta a gastar Europa, sino si este colosal desembolso financiero y el rediseño de responsabilidades estratégicas serán suficientes para mantener al amigo americano dentro de la Alianza, o si por el contrario, representan el primer paso hacia una desconexión transatlántica definitiva. De ahí que no sea exagerado afirmar que la OTAN se juega en Turquía su supervivencia para las próximas décadas.

La elección de Ankara como sede de este encuentro no es casualidad. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, busca consolidar a su país como un actor geopolítico indispensable y un puente fundamental entre Occidente y el convulso Oriente Medio. El islamista conservador, a quien Trump considera un "amigo cercano", intentará aprovechar la cumbre para obtener ganancias estratégicas individuales, incluyendo la modernización de sus propias capacidades militares y el reconocimiento de su papel de mediador regional.

Y, sobre todo, un lucimiento con aval internacional, cuando sigue siendo un mandatario represor con la disidencia y un depredador de la libertad de prensa, quien encarcerla a críticos, impide protestas y procesa judicialmente a activistas, periodistas o abogados, reduce los derechos de las mujeres y sigue atacando a los kurdos.

La agenda de la cumbre concede un espacio prioritario a la seguridad en Oriente Medio y la contención de Irán. El borrador de la declaración oficial ya reafirma de manera tajante que la República Islámica "nunca debe llegar a desarrollar o poseer un arma nuclear", lo mismo que ha servido de base al acuerdo marco de tregua alcanzado con EEUU y que ahora se trata de desarrollar. Asimismo, el documento hace un llamamiento urgente a garantizar la total libertad de navegación a través del Estrecho de Ormuz -una de las arterias energéticas más importantes del planeta, por donde antes de la contienda iniciada en febrero pasaba un 20% del crudo mundial-, cuya inestabilidad reciente ha provocado una volatilidad severa en los mercados internacionales del petróleo y el gas licuado, con precios del crudo que han llegado a oscilar entre los 90 y los 116 dólares por barril.

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Estaba sentado en la Casa Blanca junto a Mark Rutte, secretario general de la organización, que intentó suavizar la situación bromeando y diciendo que también iría por él —Rutte se ha erigido como el gran adulador de Trump mientras este escupe su odio hacia el resto de Estados miembros—. “No habría ido por todo lo que hemos pasado en los últimos dos meses con los distintos países”, insistió el presidente. Hace 10 años, durante la cumbre de 2016, Erdogan invitó a la OTAN a celebrar su cumbre de 2018 en Estambul. Entonces, varios países de la UE maniobraron para impedirlo . “No queremos reforzar la imagen internacional de Turquía y [queremos] evitar dar la impresión de que la OTAN respalda la política interna del Gobierno turco”, decían entonces altos cargos de la organización. Erdogan estaba lanzando su campaña de represión masiva tras el intento de golpe de Estado de 2016, la cual continúa todavía 10 años después. El presidente Donald J. Trump se reúne con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, el miércoles 24 de junio de 2026 en el Despacho Oval. La misma Turquía a la que los socios de la OTAN miraban con recelo por comprar sistemas antimisiles rusos (por lo cual fue expulsada del programa de los cazas F-35 y castigada con sanciones por EEUU que aún siguen vigentes), por bloquear el ingreso de Finlandia y Suecia a la organización y por atacar a las fuerzas kurdas apoyadas por EEUU en Siria. Por no hablar de la represión interna. Mientras se celebra la cumbre, tienen lugar varias vistas judiciales contra el alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, principal rival político de Erdogan y en prisión provisional desde hace más de un año. Tiene tres causas pendientes que pretenden frustrar su carrera política. El alcalde fue incluso expulsado de su propio juicio junto a uno de sus abogados. “Mientras Turquía acoge la cumbre de la OTAN su futuro democrático se juega en un tribunal de [la cárcel de] Silivri”, decía Nacho Sánchez Amor, diputado socialista en el Parlamento Europeo y relator para Turquía, quien ha asistido a las vistas en la prisión turca. El mes pasado, otro tribunal ordenó la destitución del líder del partido opositor, Özgür Özel, en un enésimo ejemplo de la persecución política en el país. Turquía también ha detenido a centenares de personas, desde cómicos a activistas, en los días previos a la reunión, e incluso ha prohibido las manifestaciones hasta que acabe la cumbre, utilizada para apuntalar el poder de Erdogan. Los activistas han apodado la operación como 'Jardín de rosas sin espinas'. Un foro para la venta de armas Pero, ¿de qué se hablará en la cumbre? De armas y del gasto en defensa. Así lo recoge la propia página web de la cumbre . 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Es curioso que los socios europeos de la OTAN intenten reducir dependencias de un socio inseguro como EEUU comprando armas a... EEUU. Los 29 miembros de la Alianza Atlántica del viejo continente han aumentado la importación de armas un 143% entre el periodo 2016-2020 y el 2021-2025. Casi 6 de cada 10 euros (el 58%) de esas compras van a la caja estadounidense (la proporción se mantiene estable en los últimos años). Sin embargo, de todas las exportaciones de armas de miembros de la UE, solo una quinta parte va a otro país de la UE. Entre EEUU (42%) y la UE (28%) suman el 70% de todas las exportaciones mundiales de armas. Aquí entra el papel de Turquía. A principios de año, la presidenta de la comisión, Ursula von der Leyen, equiparó a Turquía con Rusia y China , desatando una crisis diplomática con el aliado de la OTAN. Erdogan respondió unos días después: “Europa necesita a Turquía más de lo que Turquía necesita a Europa”. Y la industria de defensa turca es una de las razones. Según analistas y oficiales, una parte importante de la cumbre será examinar cuánto se puede integrar Turquía y su base industrial de defensa en Europa. El sector turco ha vivido, en palabras de Rutte, “una revolución” y ha aumentado sus exportaciones de armas un 122% entre los periodos 2016-2020 y 2021-2025. Un alto cargo turco declaraba al periódico Financial Times que el país espera aumentar este año sus exportaciones otro 30%. “Europa puede aprender mucho de nosotros”, decía. “Turquía cuenta con un gran espíritu emprendedor, conocimientos de ingeniería y una envergadura industrial que solo Alemania puede igualar. Pero Alemania es cara”, oponía otro alto cargo de la OTAN. Como Turquía no es Estado miembro de la UE, se le ha bloqueado el acceso a los 150.000 millones de euros de préstamos para compras en defensa. Sin embargo, Ankara ha firmado acuerdos bilaterales para esquivar esto. Baykar, el fabricante líder mundial de drones con inteligencia artificial dirigido por el yerno de Erdogan, se ha asociado con la empresa italiana Leonardo en una corporación conjunta que le permite acceder a la financiación de la UE como empresa que opera en Europa. El fabricante de munición Repkon también ha firmado un acuerdo para construir instalaciones de producción en Alemania. A finales del año pasado, Turquía también vendió 30 aviones de entrenamiento a la Fuerza Aérea española que se fabricarán conjuntamente con Airbus en un acuerdo por valor de 2.600 millones de euros. Esta cumbre es una feria de armas, pero antes de seguir gastando, Europa necesita definir su estrategia. Y disparar nuestras compras de armas a EEUU para llegar al 5% del gasto en defensa y así contentar a Trump no es el camino. Tienes que leer... El fin del mundo , de Upton Sinclair. Ya lo he recomendado antes, pero creo que esta vez viene muy al caso. Es la historia de un joven socialista cuyo padre es un gran fabricante de armas tras la Primera Guerra Mundial. Es el primero de una larga saga en la que el protagonista, Lanny Budd, se ve enredado en las principales crisis políticas internacionales. Si te gusta este boletín, tienes que leerlo. Gracias por llegar hasta aquí. ¡Hasta la semana que viene!

7 jul 2026