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Nevaco Global
7 de junio de 2026

Aterrizar en el coto, la caza de lujo que se abre paso en la región

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Para el que viene a Extremadura a cazar, hay mucha diferencia entre bajarse de un avión comercial en el aeropuerto de Sevilla o Madrid, hacer ... la cola correspondiente, pasar las armas por la aduana, conducir entre tres y cuatro horas, los últimos kilómetros por carreteras estrechas llenas de curvas, o bien aterrizar en la finca y poner el pie directamente sobre la hierba del paraje donde se desarrollará la cacería. Los cazadores adinerados prefieren lo segundo, por eso en Extremadura a las mejores fincas cada vez más veces se llega volando.

En comparación con las que hay en Castilla-La Mancha no son muchas las pistas de aterrizaje extremeñas con fines cinegéticos, en torno a media docena, pero esta posibilidad va a más en la región, adonde también llegan cazadores en helicóptero, lo que requiere menos trámites e infraestructuras.

Desde la Federación Extremeña de Caza afirman que la cifra de este tipo de clientes millonarios, normalmente extranjeros, es cada vez más alta porque los agentes que actúan de intermediarios han reparado en la calidad y extensión de algunas fincas y las ofrecen a sus clientes. Desde la federación ven bien que Extremadura se suba a ese carro porque redunda en mayor cuidado de las fincas y más empleo en los pueblos colindantes, aunque creen que aún no hay tanta infraestructura para llegar volando como sí la hay en comunidades cercanas que ofrecen machos monteses y ojeos de perdiz como experiencias cinegéticas exclusivas.

Según el registro oficial de Enaire, perteneciente al Ministerio de Transportes, en la comunidad extremeña hay en estos momentos siete instalaciones aeroportuarias activas, de las cuales seis son aeródromos privados de uso restringido.

El otro es el aeropuerto público-militar de Badajoz, que asume el control y la coordinación del tráfico de la región desde la base de Talavera la Real. Allí, casi la mitad de maniobras de aterrizaje y despegue –el 42%, que son más de 1.400 operaciones anuales– fueron el año pasado movimientos ajenos a la rutina de las compañías comerciales (Air Nostrum, Binter...), esto es, emergencias, transportes de órganos o repostajes, pero también vuelos privados de millonarios que vienen a cazar y son recogidos en coche para ser trasladados a la finca.

En la Siberia se autorizó un aeródromo pensado para cazar, pero el de Cáceres no salió adelante

Una ventaja respecto a los aeropuertos de Madrid o Barcelona es que la inspección de armas por parte de la Guardia Civil, o de la Policía Nacional si son extracomunitarios, en Badajoz se solventa en apenas unos minutos, explica Alfonso de la Fuente, director de la finca Las Golondrinas de Santa Cristina, paraje exclusivo en el entorno de Trujillo donde se puede realizar el ojeo de perdiz. «Las cifras han ido a más en los últimos años y ahora mismo atendemos entre 30 y 40 operaciones al año de cazadores que llegan en avión privado, un tipo de cliente que genera mucho trabajo y por tanto riqueza. Para que cacen cuatro personas se necesitan más de cuarenta empleados», pone de ejemplo.

Para De La Fuente, «es un orgullo que clientes que vienen de otro continente tengan en mente Extremadura. El primer año vienen solos a cazar y quizás atienden algún negocio en Madrid, pero al año siguiente repiten con la familia, reservan en Atrio, conocen la Plaza Mayor de Cáceres, al siguiente también van Mérida, con la que los norteamericanos se quedan maravillados, y todo por lo que puede ofrecer Extremadura, ya que cazar se caza igual en muchos sitios, pero no es lo mismo quedarte en una cochera de Uzbequistán que en una instalación perfectamente cuidada y atendida con un paisaje como el que tenemos aquí», defiende este empresario que espera también que el aeródromo de Cáceres salga adelante algún día por la riqueza que puede generar esta infraestructura en la región.

Aunque lo habitual es usar el aeropuerto de Badajoz, en el término de Talavera la Real, quienes pueden todavía van más allá y aterrizan en el coto directamente. En realidad, de los seis aeródromos privados que hay en Extremadura solo dos de ellos tienen esta finalidad de manera evidente. Uno es el de la finca El Membrillar, en la Siberia, de la familia Fierro, construido hace unos cinco años y operativo en la actualidad. El otro es la pista que hay en la finca de Media Luna, de aproximadamente 900 hectáreas y ubicada en la provincia de Cáceres cerca de las poblaciones de Alía y Guadalupe.

Su propietario, José Plaza, tiene ya 86 años y no vuela, pero es un gran aficionado y tenía allí una pista de aterrizaje que consiguió legalizar hace 25 años. «Cuando la hice en la finca era para volar yo con mi avioneta de recreo, no pensé en cazadores, pero ahora quieren venir, aunque me tienen que llamar a mí antes si quieren tomar tierra, salvo que sea una emergencia», explica.

Lo que hay en esta finca es una pista de hierba que mantiene en perfecto estado con su hangar, manga y equipo de comunicaciones, por lo que no todos los aviones pueden usarla, si bien apenas autoriza aterrizajes, solo a quien conoce o le inspira confianza. Quienes sí tienen pista asegurada son los clientes que acuden a las monterías. «Suelen ser dos al año y usan la pista quienes llegan en avión privado, que suelen ser franceses, alemanes y últimamente eslovenos. Es una ventaja porque no tienen que coger el coche y van de la pista al cortijo, o bien los llevamos a casas rurales que hay cerca o a un hotel de cuatro estrellas a ocho kilómetros», señala José Plaza, quien indica que mantiene la pista «porque le da valor añadido a la finca». Además, considera que la actividad cinegética de gente adinerada es positiva. «En cada puesto hay dos personas y se sortean 30 puestos. Es un impacto económico importante en la zona porque da trabajo a mucha gente entre secretarios, rehaleros, postores, el catering...».

Uno de los otros cinco aeródromos registrados en Enaire está en el entorno de Trujillo –aeródromo Cerro Lindo, en Monroy, que cuenta con una pista compacta de 800 metros– si bien apenas tiene uso, aunque figura como gestionada por la sociedad Cundegan S.L., dedicada a la Agricultura, Ganadería, Caza y Servicios.

Otro es el aeródromo El Moral , en Ribera del Fresno, en la provincia pacense, que aparece gestionado por el Instituto Aeronáutico S.L. También existe el aeródromo Virgen de la Estrella, una pista pequeña junto a la N-630 que construyó un aficionado, pero que no tiene actividad.

Sí registran vuelos casi a diario en cambio los dos aeródromos conectados con las grandes ciudades extremeñas, Badajoz y Mérida. En el primer caso existe El Manantío, situado a solo 13 kilómetros de la capital pacense y uno de los mejor equipados, ya que cuenta con una pista de 800 metros, escuela de pilotos, hangares avanzados e instalaciones de reparación. Por su parte, a solo 3,5 kilómetros de la capital extremeña se encuentra el aeródromo de Mérida-Royanejos, autorizado en 2016 y gestionado por el Aeroclub de Mérida.

Pero esto es solo lo que se ve y aparece en el registro oficial del Ministerio de Transportes. Hay otros tipos de aeródromos. Son de uso exclusivo, se pueden usar en fincas para uso propio y no más de 40 operaciones al año que son autodeclarativas y que no hay que reportar. En otras palabras, son los que operan con máxima discreción.

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