Pekín y Washington extienden la tregua de aranceles hasta el 10 de enero, mientras persisten desacuerdos en regulación tecnológica y el conflicto en Oriente
El presidente chino, Xi Jinping (i), y el presidente estadounidense, Donald Trump (d), en Washington D. C., EE. UU., el 24 de septiembre de 2026.EFE
Entre la guerra en Oriente Medio, una rivalidad comercial con repercusiones a escala mundial y el temor a un descontrol de la inteligencia artificial, los desafíos de la relación entre China y Estados Unidos son inmensos.
Estos temas sí fueron abordados por los presidentes Donald Trump y Xi Jinping durante sus encuentros en la cumbre del jueves 24 de septiembre de 2026, pero de manera muy general, y lo que sobre todo queda en la memoria es el fasto con el que la Casa Blanca recibió al presidente chino.
Donald y Melania Trump sacaron toda la artillería para estar, al menos, a la altura de Xi y su esposa Peng Liyuan, que se esmeraron como anfitriones en mayo pasado: hubo un recibimiento personal a pie de pista a su llegada en avión el miércoles; despliegue de trompetas y banderas a su llegada a la Casa Blanca el jueves; cena de Estado entre más de 130 invitados, con la crema y nata de la industria y la tecnología estadounidenses y una veintena de miembros de la delegación china; y como premio, una invitación "especial" para recorrer las obras del futuro salón de baile de la Casa Blanca.
Trump volvió a reivindicar con Xi una "verdadera gran amistad".
Xi se mantuvo fiel a la reserva que lo caracteriza y habló más bien de una "relación personal". Hizo hincapié en la necesidad de que las dos potencias "coexistan en paz" pese a sus divergencias.
Reiteró la advertencia contra la "trampa de Tucídides", una teoría política que plantea una mayor probabilidad de guerra cuando una nueva potencia en ascenso —como China— compite con una potencia establecida, como Estados Unidos.
"Ostentar, esa era la idea", dice Ryan Hass, del laboratorio de ideas Brookings. "El mensaje consistía en decir que ambos líderes son capaces de gestionar eficazmente las relaciones entre China y Estados Unidos dentro de límites tolerables de competencia. Ninguno de los dos dirigentes esperaba gran cosa del otro", apunta.
Concretamente, Xi prometió invitar a 100.000 jóvenes estadounidenses a China para intercambios durante cinco años, y prestar dos pandas a un zoológico de Atlanta.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, la primera dama Melania Trump, el presidente chino, Xi Jinping, y Peng Liyuan en la Casa Blanca, el 24 de septiembre de 2026.EFE
Pasadas las cortesías, Xi planteó durante sus conversaciones con Trump dos grandes preocupaciones.
Esperó que Estados Unidos tratara "con prudencia" el tema de Taiwán, informó la agencia Xinhua. Pidió abiertamente que Estados Unidos "se opusiera" a la independencia de Taiwán, que China considera parte integrante de su territorio.
Bates Gill, investigador del National Bureau of Asian Research, no cree en un cambio por parte de Estados Unidos: "El presidente Trump puede muy bien hacer declaraciones que vayan en contra de la política tradicional estadounidense, pero eso no se traduciría necesariamente en un cambio real".
Xi también expresó su deseo de que Estados Unidos e Irán lleguen a un acuerdo "lo antes posible" mediante la negociación.