Es una alternativa de descarbonizar industrias, pero los expertos advierten que su implementación masiva continúa enfrentando obstáculos
Una foto referencial sobre la elaboración del llamado hidrógeno verde.IA
Mientras distintos países aceleran sus planes para reducir emisiones contaminantes y abandonar progresivamente los combustibles fósiles, el hidrógeno verde comienza a ocupar un lugar central dentro de las estrategias energéticas globales. Europa busca asegurar futuras importaciones de energía limpia, empresas internacionales anuncian inversiones millonarias y países como Chile intentan posicionarse como actores relevantes dentro de una industria que promete transformar la transición energética. Sin embargo, detrás del creciente entusiasmo político y tecnológico, persisten dudas importantes sobre la verdadera viabilidad del hidrógeno como solución energética a gran escala.
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Aunque el hidrógeno ha sido presentado como una alternativa capaz de descarbonizar industrias y sistemas de transporte difíciles de electrificar, especialistas advierten que su implementación masiva continúa enfrentando obstáculos técnicos, económicos y estructurales que aún están lejos de resolverse.
El principio tecnológico detrás del hidrógeno no es nuevo. Mediante un proceso conocido como electrólisis, la electricidad separa las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno. El problema, sin embargo, no radica únicamente en producir hidrógeno, sino en la enorme cantidad de energía necesaria para hacerlo.
El impacto ambiental del proceso depende completamente de la fuente eléctrica utilizada. Cuando la electricidad proviene de combustibles fósiles, las ventajas climáticas prácticamente desaparecen. Solo cuando se utilizan energías renovables, como solar o eólica, se obtiene el denominado hidrógeno verde.
Pero esta condición revela una de las principales contradicciones de la tecnología: para producir hidrógeno limpio, primero es necesario disponer de sistemas eléctricos limpios, robustos y capaces de generar grandes excedentes de energía renovable.
En otras palabras, el hidrógeno no reemplaza automáticamente los problemas energéticos actuales, sino que depende directamente del desarrollo previo de infraestructura renovable a gran escala.
A pesar de los avances recientes en electrólisis, la producción de hidrógeno verde continúa siendo considerablemente más costosa que otras alternativas energéticas convencionales.
Actualmente existen distintas tecnologías de producción, entre ellas los sistemas alcalinos, los electrolizadores PEM y las tecnologías de óxido sólido. Aunque estas opciones han mejorado la eficiencia del proceso, todavía enfrentan importantes limitaciones técnicas y económicas.
Entre los principales desafíos destacan, entre otros, el elevado consumo energético requerido durante todo el proceso de producción, los altos costos de infraestructura para generación, almacenamiento y distribución, la dependencia de materiales especializados y costosos, las dificultades asociadas al transporte y almacenamiento seguro del hidrógeno, la necesidad de grandes volúmenes de agua y electricidad renovable.
Estas barreras han llevado a numerosos especialistas a cuestionar si el hidrógeno podrá realmente expandirse con la velocidad que actualmente proyectan gobiernos y empresas energéticas.
En medio de esta discusión, Chile aparece como uno de los países con mayor potencial para desarrollar hidrógeno verde gracias a sus recursos solares y eólicos, particularmente en regiones del norte y sur del país.
Diversos proyectos impulsados por el sector público y privado buscan convertir al país en un futuro exportador de combustibles limpios hacia mercados como Europa y Asia. Sin embargo, el desarrollo de esta industria también abre interrogantes sobre el costo de las inversiones, el uso intensivo de recursos naturales y la capacidad real de construir infraestructura energética a gran escala.