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Nevaco Global
14 de octubre de 2026

Apagones en Ecuador: la industria podría ajustar sus nóminas si los cortes se extienden hasta enero

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La crisis eléctrica amenaza la competitividad, la producción y el empleo, en un escenario marcado también por el riesgo de un fenómeno de El Niño fuerte

Un trabajador revisa los medidores de energía eléctrica en una empresa, en Guayaquil.Archivo/ Expreso

La decisión de concentrar los racionamientos eléctricos en el sector productivo para evitar cortes en los hogares tiene un costo que podría ir más allá de las pérdidas empresariales. La reducción de la producción amenaza con trasladarse al mercado laboral, con posibles recortes de personal si las restricciones se prolongan.

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Así lo advierte el analista económico, Alberto Acosta, entrevistado en Teleamazonas, quien considera que el Gobierno debe evaluar medidas de emergencia para enfrentar la crisis energética sin profundizar el deterioro del empleo.

El problema, explica, es que la producción y los hogares no funcionan de manera separada. Si una empresa deja de operar durante una parte importante de la semana, sus ingresos pueden reducirse y, con ellos, su capacidad para mantener la nómina.

El especialista señala que el racionamiento debe organizarse de manera que evite daños mayores a la economía. Aunque reconoce la importancia de proteger a los hogares de las desconexiones, advierte que trasladar toda la carga al sector productivo puede terminar afectando a las mismas familias que se busca proteger.

Por ello, plantea que el esfuerzo para reducir el consumo eléctrico debe distribuirse entre los distintos tipos de usuarios, en lugar de concentrarse exclusivamente en las industrias.

La competitividad de las empresas ecuatorianas ya enfrenta presiones por el costo de la energía. Según el analista, la electricidad para los consumidores de alto consumo se ubica, en promedio, en unos 30 centavos por kilovatio hora, un valor que considera superior al promedio regional.

A ese costo se suma la falta de suministro. No todas las empresas tienen sistemas de autogeneración, por lo que los cortes limitan directamente su capacidad para producir y cumplir con sus compromisos comerciales.

El escenario se vuelve más preocupante si las restricciones continúan hasta enero o febrero. El especialista advierte que el país podría afrontar alrededor de tres meses de producción parcial, con efectos sobre los ingresos empresariales y las decisiones de contratación.

En ese contexto, recuerda que no todas las actividades pueden adaptarse de la misma manera. Una industria que utiliza hornos de gran tamaño, por ejemplo, necesita mantener procesos continuos y no puede encender y apagar sus equipos cada semana sin asumir costos adicionales.

Por eso, considera necesario que las autoridades permitan organizar las desconexiones de acuerdo con las características de cada sector. Una alternativa podría ser concentrar los cortes en determinados períodos para que algunas empresas trabajen semanas completas, en lugar de distribuir las interrupciones a lo largo de cada semana.

Ante la posibilidad de que los apagones se prolonguen, el analista propone implementar un programa de emergencia que permita a las empresas ajustar temporalmente sus jornadas laborales.

La propuesta contempla autorizar reducciones de jornada y establecer mecanismos de flexibilidad laboral, como se hizo durante la pandemia, para que las compañías puedan adaptarse a la caída de su actividad sin recurrir inmediatamente a los despidos.

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