El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de la Reserva Federal (Fed), aprobó por un voto unánime de 12 a 0 un incremento de 25 puntos base (un cuarto de punto porcentual) en la tasa de fondos federales, ubicándola en un rango objetivo de 3.75% a 4.00%.
El nuevo presidente del banco central, Kevin Warsh, se alineó con un acuerdo unánime que pone de manifiesto la dificultad del gobierno de Donald Trump para contener la escalada inflacionaria.
A pesar de las promesas de la administración Trump de reducir el costo de la vida, los efectos derivados de los aranceles comerciales, la crisis energética provocada por el conflicto en Irán y las abultadas inversiones en inteligencia artificial han mantenido presiones sobre los precios de forma sostenida.
Este escenario llevó a la Fed a determinar un aumento de un cuarto de punto porcentual en la tasa de referencia, ubicándola en el rango de 3,75% a 4,00%.
Las estimaciones actualizadas sobre la trayectoria monetaria muestran que 16 de los 18 integrantes del comité prevén al menos un incremento adicional de un cuarto de punto de aquí al cierre del año, mientras que únicamente dos consideran prudente mantener los tipos en su nivel actual.
Por su parte, se entiende que Warsh optó nuevamente por no remitir una proyección individual sobre el rumbo de las tasas.
Este movimiento representa el primer viraje en la orientación monetaria bajo la gestión del nuevo titular de la entidad, quien asumió la presidencia a finales de mayo tras ser designado por Trump bajo la expectativa de que impulsaría un relajamiento en las tasas.
Sin embargo, tanto el comunicado oficial como el cuadro de previsiones macroeconómicas sugieren que la institución se prepara para adoptar un sesgo más restrictivo de cara al próximo ejercicio, previendo que la tasa alcance un rango de 4,00% a 4,25% a finales de este año y se sostenga en ese mismo nivel hacia finales de 2027.
Aunque la declaración evitó incluir lineamientos prospectivos sobre los siguientes pasos —una preferencia comunicacional que ha promovido Warsh—, el dictamen tiende a disipar la incertidumbre sobre si la junta postergaría el endurecimiento monetario para complacer a la Casa Blanca.
Finalmente, el documento suprimió una mención previa que atribuía las presiones sobre los precios a "distorsiones en la oferta", particularmente en el mercado de energéticos. Esta modificación responde a la visión de diversos consejeros, entre ellos el propio Warsh, quienes advierten que la inflación ha mostrado un carácter lo suficientemente extendido como para no dar margen a la complacencia.
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