Precio del aceite de oliva en España este lunes 24 de agosto
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DURANTE mucho tiempo hemos identificado el crecimiento económico con producir más: inversión, empleo, exportaciones son indicadores necesarios, pero no suficientes para responder a una cuestión decisiva: cuánto de la riqueza producida permanece en el territorio que la ha generado.
Una fábrica puede generar una enorme cifra de negocio y depender de proveedores externos, o una explotación agrícola puede producir una materia prima de gran valor que termina transformándose, envasándose y comercializándose en el exterior. La cuestión no es si esas actividades son productivas. Lo son. Todas suman al PIB y al empleo. La cuestión es si, además de producir, consiguen arraigar valor a medio y largo plazo en la comunidad local.
Y aquí nace un nuevo concepto para el debate económico: la economía regenerativa del hábitat. No es otro término para la rehabilitación ni otra forma de presentar la sostenibilidad. Se trata de valorar las actividades económicas, además de por lo que producen, por su capacidad para desarrollar y fortalecer el ecosistema territorial en el que se desarrollan.
La economía de un territorio no es la suma inconexa de sectores; funciona como una red. Agricultura, industria, turismo, tecnología y servicios se necesitan mutuamente. Y todos necesitan de personas, vivienda e infraestructuras. El último Marco Input-Output de Andalucía, elaborado por el IECA y publicado en 2025, permite observar esas relaciones y conocer qué parte de los bienes y servicios utilizados procede de Andalucía, del resto de España o del exterior. Y esas cifras muestran efectivamente una economía potente. La industria andaluza alcanzó 103.000 millones de euros de cifra de negocios y 260.000 personas empleadas; la construcción, 27.000 millones y 212.000 personas ocupadas. Y por supuesto, el turismo que superó los 32.000 millones de euros de producción y los 561.000 ocupados.
Pero esas cifras no responden a la cuestión esencial: cuánto de ese valor se queda, circula y vuelve a invertirse en los territorios donde se genera. Dos actividades con idéntica producción pueden tener una huella territorial muy diferente. Una puede apoyarse mayormente en proveedores de fuera; otra puede crear redes de empresas proveedoras locales, formar trabajadores, atraer talento, recuperar patrimonio y entorno natural y atraer nuevas inversiones. Ambas generan PIB, pero no dejan el mismo territorio detrás de sí.
Quizá deberíamos empezar por definir nuevas formas de medir la potencia económica de un territorio. Efectivamente el IECA dispone de buena parte de la información necesaria para estudiar cuánto valor permanece y circula dentro de un territorio, pero se debería complementar el PIB con un "indicador de retención y regeneración territorial del valor". Ahí lo dejo.
Hábitat no es únicamente vivienda. Es el espacio donde se encuentran las personas, las empresas y el territorio. Una empresa necesita trabajadores; los trabajadores vivienda; las familias servicios; el patrimonio usos. Por eso necesitamos considerar el hábitat como un ecosistema.
España dispone de un enorme capital construido infrautilizado. El último Censo de Viviendas del INE contabilizó 3,84 millones de viviendas vacías, el 14,4% de todo el parque residencial. Es cierto que no todas pueden incorporarse inmediatamente al mercado, pero la cifra revela, cuanto menos, una cantidad extraordinaria de capital pendiente de activación. Por tanto, no se trata solo de cuánto hay que construir, sino también de cuánto valor podemos crear recuperando lo que ya existe. Y ahí es donde la rehabilitación resulta insuficiente. Rehabilitar consiste en intervenir sobre un inmueble; regenerar supone algo más que una operación inmobiliaria. Implica actuar sobre el sistema de relaciones económicas, sociales y ambientales que existe alrededor de ese inmueble, movilizando proveedores locales, recuperando patrimonio histórico y natural, atrayendo población, generando empleo estable y activando servicios.
Toda esta reflexión tiene un origen empresarial concreto. José Vila Noal, empresario gallego afincado en Jaén, viene trabajando desde la iniciativa privada sobre una concepción del desarrollo basada en recuperar activos existentes e integrar territorio, patrimonio, arquitectura, inversión y sostenibilidad en nuevos ecosistemas de valor. Un visionario.
Pero la cuestión trasciende a un empresario o proyecto. Lo relevante es la visión. Si la economía circular nos enseñó que los residuos podían convertirse en recursos, la economía regenerativa nos invita a mirar de otra manera los activos infrautilizados: una vivienda vacía, un edificio abandonado, un patrimonio sin uso o un municipio que pierde población pueden ser problemas, pero también capital pendiente de activación, de regeneración.
Y no. No se trata de crecer menos, sino de conseguir que ese crecimiento deje más músculo económico detrás de sí. Durante décadas hemos aprendido a construir edificios e infraestructuras. El próximo desafío es aprender a construir ecosistemas de valor.
Porque construir puede generar valor una vez, pero regenerar cataliza sus efectos sobre el territorio produciendo valor durante generaciones.
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