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Alejandro Vidal, Head Investment Manager de Deutsche Bank España, analiza un escenario marcado por la incertidumbre sobre los tipos de interés, la persistencia de la inflación y el impacto creciente de la Inteligencia Artificial. La Fed, el BCE y la tensión en los chips se perfilan como claves para entender hacia dónde pueden moverse los mercados en los próximos meses.
Nuestra previsión actual es que los tipos de interés se mantengan en los niveles vigentes. Sin embargo, es cierto que durante las últimas semanas el mercado, especialmente los bancos de inversión, ha comenzado a formular una tesis que apunta a posibles subidas de tipos, una postura que el mercado ya ha empezado a incorporar.
Aunque consideramos que este planteamiento es prematuro, el simple hecho de que el debate esté abierto introduce un escenario triple. Por un lado, persiste el mensaje previo de que aún podría quedar margen para alguna bajada, aunque esta opción pierde fuerza; por otro lado, los indicadores sugieren una estabilización. No obstante, el mensaje de la Reserva Federal, tanto en el fondo como en la forma, sumado a los datos de Estados Unidos, con una inflación persistente y un crecimiento económico que no da señales de agotamiento, está permitiendo que los departamentos de análisis y los bancos de inversión construyan esta tesis de endurecimiento. De hecho, el mercado la está asumiendo con fuerza.
Muestra de ello es que el bono estadounidense a 2 años está alcanzando máximos y el dólar avanza con solidez hacia niveles de 1,13. Nos espera un periodo dinámico porque todas las opciones siguen abiertas. A pesar de estos movimientos y en el más estricto corto plazo, nos inclinamos hacia un escenario donde los tipos permanezcan sin cambios. Con todo, la mera construcción de esta hipótesis de subidas es un factor clave que, sin duda, continuará moviendo los mercados.
En el debate sobre qué factor es el detonante y cuál la consecuencia, la economía estadounidense está mostrando una tendencia inflacionista robusta y persistente. La actividad económica se mantiene firme y, en el ámbito de las materias primas, observamos cómo el impacto de las tensiones en el crudo debido al conflicto en el estrecho de Ormuz comienza a suavizarse. Aunque el precio del petróleo está retrocediendo, no se aproxima en absoluto a los niveles de 60 o 70 dólares registrados entre febrero y marzo. Actualmente, el escenario más probable apunta a una banda de entre 80 y 90 dólares, lo que representa un incremento significativo.
Por otra parte, los componentes electrónicos como los chips y las memorias se encuentran en una situación de extrema tensión. Las compañías vinculadas a la Inteligencia Artificial, impulsadas por una alta capacidad de compra y una necesidad acuciante de estos suministros, están imponiendo sus precios. Esta dinámica afecta a casi cualquier bien de consumo actual, ya que los electrodomésticos, televisores, teléfonos móviles y, por supuesto, los automóviles, incorporan elementos electrónicos. Esto genera una doble presión: por un lado, la falta de disponibilidad eleva los precios debido a la escasez de oferta; por otro, se encarecen los propios componentes integrados.
Un escenario que combine nuevas subidas de tipos con un freno en el crecimiento económico no resultaría favorable para unos mercados que cotizan en máximos y que ya descuentan óptimos beneficios y márgenes comerciales.
Todo indica con claridad que, a pesar del retroceso en el precio de las materias primas, el Banco Central Europeo mantiene en su agenda una nueva subida de tipos de interés que terminará aplicando. Cuestión distinta es el comportamiento del mercado, que desde el inicio del ciclo alcista llegó a descontar no solo la próxima subida, sino incluso una tercera.
Para nosotros, proyectar una tercera subida resulta aventurado en este momento. Consideramos que un único incremento adicional sería suficiente. De hecho, en las últimas jornadas se observa cómo los tipos a corto plazo en Europa están cediendo ligeramente, lo que refleja que el mercado empieza a descartar esa tercera opción. Estimamos que el proceso concluirá tras dos subidas. En Europa, el tipo de interés neutral se sitúa actualmente entre el 2% y el 2,5%; por lo tanto, alcanzar el 2,5% supondría situarse en la banda superior de la neutralidad. No prevemos que se dé el paso hacia el 2,75%, ya que esto significaría entrar en un terreno claramente restrictivo.
Esta senda parece estar asumida por los inversores; la verdadera incertidumbre radica en los pasos posteriores. Si hacia mediados de 2027 la inflación se encuentra bajo control y la economía europea se enfría debido al efecto de estas subidas y a la evolución macroeconómica global, es razonable prever que el mercado empiece a interpretar este nivel del 2,5% como algo transitorio. Llegado ese momento, podríamos volver a hablar de un descenso hacia el 2,25% o el 2%. En resumen, la subida hasta el 2,5% parece asegurada, mientras que la opción del 2,75% carece de fundamento actual.
En este entorno, los sectores beneficiados serán aquellos que, por su propia naturaleza, obtienen ventajas de unos tipos ligeramente más altos y de unas curvas de tipos empinadas, siempre que se evite la recesión. El ejemplo más claro es el sector financiero. Asimismo, evolucionarán positivamente aquellas empresas capaces de trasladar el encarecimiento de sus costes directamente a sus precios de venta, ya sea por una demanda elevada o por su sólida posición competitiva.
En este punto, la tecnología presenta una doble vertiente. Por un lado, cuenta con una gran capacidad para fijar y transmitir precios; por otro, sus valoraciones dependen de beneficios proyectados a largo plazo, los cuales se ven penalizados por el repunte de los tipos de interés. A pesar de la volatilidad reciente, el sector tecnológico, especialmente el segmento de componentes debido a su fuerte demanda, mantendrá un buen rendimiento. Junto a la tecnología y la banca, ciertas industrias y áreas específicas del sector de consumo de perfil más defensivo muestran buenas perspectivas.
Por el contrario, adoptamos una postura más cautelosa respecto a los sectores farmacéutico y de la salud. Aunque mantuvimos una visión muy favorable hacia ellos durante los últimos trimestres, actualmente detectamos mayores incertidumbres en su evolución.
El panorama financiero global estará condicionado por varios factores clave. En primer lugar, Estados Unidos se adentra en la campaña electoral de las elecciones de mitad de mandato (midterms). Más allá de los discursos políticos y las declaraciones llamativas que puedan generar volatilidad a corto plazo, el factor determinante será la evolución de la política arancelaria y los acuerdos comerciales en Oriente Medio, cuyos plazos de ejecución se siguen prorrogando. El resultado de estos acuerdos dependerá en gran medida de la composición de las cámaras legislativas tras las elecciones de noviembre, ya que muchas de estas medidas arancelarias requerirán la aprobación del Congreso y no podrán resolverse mediante decretos presidenciales.
En segundo lugar, el foco estará puesto en la evolución del sector tecnológico y, de manera específica, en la Inteligencia Artificial. Tras la destacada salida a bolsa de SpaceX, se esperan próximas operaciones de calado por parte de compañías como Anthropic u OpenAI. El mercado continuará recibiendo solicitudes de financiación por parte de empresas de IA, tanto a través de emisiones de bonos como de ampliaciones de capital. Aunque el porcentaje de acciones en libre circulación (free float) de estas grandes corporaciones aún es limitado, su volumen es tan significativo que su capacidad para atraer demanda será un termómetro definitivo para medir la viabilidad de las inversiones en este sector emergente.
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