El crudo parece estar bien abastecido, pero el relato para los combustibles que realmente consumimos es diferente.
Las existencias de gasóleo, gasolina y combustible para aviones se mantienen cerca de los mínimos alcanzados durante la crisis de 2022, ya que las interrupciones en el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, en las refinerías rusas y en las exportaciones de Oriente Medio siguen ejerciendo presión en el sector downstream. La verdadera oportunidad energética no está en el barril de crudo, sino en el barril que se quema.
La escasez se ha extendido a los segmentos downstream de la cadena de suministro (refino y distribución)
Existencias totales de productos a nivel mundial (en millones de barriles)
Para los inversores, eso significa mirar más allá del precio del crudo y centrarse, en cambio, en aquellos sectores menos resistentes. Hoy en día, esa oportunidad se encuentra en el segmento downstream: en el barril que el mundo realmente consume.