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Nevaco Global
26 de agosto de 2026

Trump en apuros, demócratas divididos

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Donald Trump. / Andrew Thomas / Zuma Press / Eur / Europa Press

Pese a que todas las encuestas castigan severamente la gestión política de Donald Trump, las elecciones de mitad de mandato que tendrán lugar en noviembre se presentan todavía inciertas. Puede parecer una paradoja, teniendo en cuenta que el porcentaje de aprobación de la presidencia no alcanza el 37%, pero hay diversos factores que podrían todavía ahorrarles a los republicanos una derrota suficiente como para perder la mayoría en una o dos de las cámaras del Congreso. Los republicanos salen ciertamente con desventaja, pues las llamadas elecciones midterm suelen castigar históricamente al partido del presidente en ejercicio. Les ocurrió a los demócratas bajo la presidencia de Bill Clinton y la de Barack Obama, y le ha ocurrido al partido del presidente en 38 de las 42 elecciones de este tipo que han tenido lugar desde mediados del siglo XIX.

A ello se añade el descontento por el aumento del coste de la vida, que guarda relación con la alocada política de aranceles llevada a cabo por Trump, por los excesos en la deportación de inmigrantes que ha dejado muchos sectores sin mano de obra, por la manera de gobernar de Trump, confundiendo los intereses del país con los de su familia, y por la guerra de Irán, que genera rechazo incluso entre una parte del electorado republicano. Sin embargo, las encuestas todavía acreditan al Partido Republicano un 42% del voto, a algo más de seis puntos de los demócratas. Un castigo, desde luego, pero no una debacle como podría pensarse a la vista de la alta desaprobación (59,4%) que genera el presidente.

Para explicar el porqué de esta capacidad de resistencia que muestra el voto republicano conviene recordar que cada puesto que va a renovarse es el resultado de unas elecciones donde predominan los temas locales sobre las grandes cuestiones de la agenda federal. También hay que tener en cuenta que la contienda se da entre candidatos cuya personalidad suele ser muy relevante. En ese sentido, las elecciones primarias que tienen lugar en ambos partidos han permitido constatar dos fenómenos que añaden incertidumbre al resultado.

Mientras Trump ha conseguido aplacar en buena medida el descontento de una parte del universo MAGA, imponiendo la mayoría de sus candidatos, el Partido Demócrata ha mostrado una división profunda que le puede pasar factura. Aunque en la mayoría de los casos se han impuesto candidatos moderados, que podrían atraer voto republicano descontento, la victoria de algunos candidatos progresistas sobre los moderados en algunos estados ha introducido un factor nuevo en la contienda electoral.

En particular en dos estados que son clave para el resultado final, como Míchigan, donde ganó el médico Abdul El Sayed, y Florida, donde venció la activista Angie Nixon. Ambas victorias revelan la profundidad del malestar en las filas del Partido Demócrata y plantean numerosas incógnitas. La duda está en saber si estos candidatos, que han vencido por la mínima a sus contrincantes, serán capaces de ganar a los republicanos, que no han tardado en calificarles de comunistas, antisemitas y otros calificativos que provocan la aversión de muchos votantes.

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