El turismo a Cuba cae en 2026 un 64 %, tras un agosto con apenas 30.490 visitantes
La crisis entre Estados Unidos baila peligrosamente al compás de lo que dice y corrige, una y otra vez, Donald Trump. "Yo diría que Cuba y nosotros llegaremos a un acuerdo. No creo que sea necesario el Ejército", dijo el magnate republicano apenas pocos días después de asegurar ante la Asamblea General de la ONU que su administración "está buscando un cambio fundamental" en la isla y que el Gobierno "acabará cayendo". Sin embargo, este sábado pareció alejarse de la hipótesis de una intervención militar, revelada el viernes por CBS News al acceder a un mensaje interno. "Cuba está en una situación muy difícil. Queremos ayudar a Cuba. Queremos abrirle las puertas de Cuba a nuestra gente", señaló Trump, y destacó la voluntad de regresar de muchos cubanos norteamericanos. El multimillonario no solo se corrigió a sí mismo sino al viceministro de Exteriores cubano, Carlos Fernández de Cossío, quien había sido muy pesimista sobre la situación bilateral. "No puede identificarse que existan avances, cuando el Gobierno de Estados Unidos impone con frecuencia semanal o quincenal nuevas medidas coercitivas de castigo al pueblo cubano y continúa reforzando la brutal guerra económica", dijo a la agencia oficial Prensa Latina.
Lo único comprobable en medio de tantas declaraciones cruzadas es el empeoramiento de las condiciones de vida de los cubanos al punto de no dejar casi rastros de los años de menor precariedad. Tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, Washington redobló cerco a Cuba con una asfixia energética y sanciones económicas de todo tipo con la expectativa de producir en el verano acontecimientos sociales que pudieran desestabilizar seriamente al Gobierno. Los cortes de energía dejaron a la población a oscuras y en plena emergencia alimentaria, las ciudades apenas se mueven, pero el escenario proyectado no se cumplió cabalmente. El colapso sigue una lógica desconcertante para los analistas. En ese contexto tuvieron lugar meses atrás intercambios subrepticios que no llegaron a ningún lugar. Trump aludió a ellos ante la ONU. Sin embargo, lo que se conoce es que el secretario de Estado, Marco Rubio, rechazó la amplia reforma económica que proyectan las autoridades y, en los hechos, sepulta por completo el viejo modelo estatista, porque Cuba no ofrece una reforma política del mismo alcance.
El ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, también combinó este sábado ante la Asamblea General la condena a las acciones de EEUU y la disposición a una negociación. "Estamos abiertos a relaciones comerciales y de negocios con las compañías estadounidenses como lo estamos con cualquier otro país", dijo. Recalcó que eso solo puede hacerse "sobre las bases de seriedad, respeto, igualdad soberana, observancia del derecho internacional y sin injerencia en los asuntos internos, ni precondiciones". Nunca "por la vía de la intimidación", tanto a los cubanos como a empresas extranjeras que este año decidieron abandonar sus negocios en el turismo y la minería. Las medidas son en los hechos "un acto de castigo colectivo" que busca "inducir en Cuba una crisis humanitaria, lo que también constituye un crimen".
A la par, Fernández de Cossío, había deslizado otras definiciones. "La pregunta fundamental, que los medios corporativos nunca plantean, es si Estados Unidos tiene derecho a utilizar la fuerza militar contra Cuba. La otra: ¿cuál sería la excusa para cometer tal crimen y provocar muertes y destrucción? Cuba, sin duda, tiene el derecho legítimo a la legítima defensa". El Gobierno había dicho días antes, no puede avanzar por el camino de la reforma que permitiría la participación del capital extranjero en áreas que se consideraban sensibles como la banca, la tierra, la construcción y otros rubros, debido a la posición norteamericana. Pero también reiteró la disposición de La Habana a compensar a los ciudadanos y empresas de Estados Unidos cuyas propiedades fueron nacionalizadas tras 1959, siempre que ambos países lleguen a una "solución integral", lo que supone el fin de las sanciones económicas y el embargo comercial.
Los intercambios suceden en un momento dramático de la mayor de las Antillas. Las urgencias no pueden esperar los tiempos estirados de eventuales conversaciones formales o informales que supongan una avance. Un informe del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), publicado el viernes, informa que el PIB retrocedió cinco puntos en 2025 ante la caída de las exportaciones de bienes y servicios, la falta de energía y una contracción "inusual" del turismo. La caída del PIB entre el año de la pandemia y la última medición es de 15%.
Se presagia a su vez un desastre mayor para 2026, teniendo en cuenta la parálisis de la actividad en muchos frentes debido a la falta de petróleo e insumos importados. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) prevé una contracción del 10,3 %. De acuerdo con el CEEC, Cuba atraviesa una "crisis múltiple" con desequilibrios macroeconómicos y una alta inflación". Todo se agrava debido a "la pérdida sustancial de la capacidad de respuesta interna, emigración y comportamiento demográfico negativo, así como mayor dependencia del financiamiento externo, crecimiento de la inequidad y la pobreza". El camino al desarrollo, reconoce, "está prácticamente postergado" por un "déficit de generación eléctrica" que es consecuencia de una ausencia de inversiones de larga data y el "cerco energético" de EEUU. En este contexto de precariedad, el CEEC destaca una de las paradojas del presente: un avance del sector privado, que pasó a aportar cerca del 29 % de los ingresos tributarios del Estado.