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Movimiento de contenedores en la Terminal Marítima de Zaragoza (TMZ), que ha cumplido 25 años desde su nacimiento. / Laura Trives
Aragón no tiene costa. Tampoco grandes puertos ni acceso directo a las rutas marítimas internacionales. Sin embargo, una parte creciente de las mercancías que entran y salen de la comunidad lo hacen por barco. La aparente contradicción tiene su explicación en la Terminal Marítima de Zaragoza (TMZ), una infraestructura que hace 25 años parecía una apuesta arriesgada y que hoy se ha convertido en el principal puerto seco de España y uno de los nodos logísticos más importantes del sur de Europa.
La historia de la TMZ es también la historia de cómo Zaragoza decidió convertir su ubicación geográfica en una ventaja competitiva. A finales de los años noventa, cuando la logística todavía no ocupaba el lugar estratégico que tiene hoy en la economía, surgió la idea de conectar el tejido empresarial aragonés con los grandes puertos mediante el ferrocarril. El objetivo era sencillo de formular, pero complejo de ejecutar: acercar el mar a una comunidad situada a más de 300 kilómetros de la costa.
Aquella visión tuvo varios impulsores, tanto desde las administraciones como desde el ámbito empresarial. Entre ellos destacó el entonces alcalde de Zaragoza, José Atarés, que entendió que la posición estratégica de la capital aragonesa -equidistante de Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia- podía convertirse en un motor de desarrollo económico si se dotaba de las infraestructuras adecuadas.
La apuesta encontró un aliado fundamental en el Puerto de Barcelona. La alianza entre ambas instituciones dio origen a una de las primeras grandes experiencias de colaboración entre un puerto marítimo y una terminal interior en España. Lo que hoy parece una fórmula habitual era entonces una iniciativa pionera.
La terminal comenzó a operar en 2001 en los terrenos de Mercazaragoza. Su misión era funcionar como una extensión terrestre de los puertos marítimos, permitiendo que los contenedores realizaran buena parte de su recorrido por ferrocarril y no por carretera. El modelo ofrecía ventajas económicas, medioambientales y logísticas, además de acercar los servicios portuarios a las empresas aragonesas.
Los primeros años estuvieron marcados por un crecimiento progresivo, pero fue la llegada del ferrocarril regular y la consolidación de nuevos servicios cuando la terminal empezó a ganar dimensión. A lo largo de su historia, la TMZ ha acometido cinco ampliaciones para adaptarse a una demanda creciente. Cada una de ellas ha ido ampliando la superficie operativa, la capacidad de almacenamiento y las conexiones ferroviarias.
La transformación ha sido especialmente intensa durante la última década. La terminal ha incrementado su capacidad para recibir trenes de gran longitud, ha mejorado sus sistemas operativos y ha ampliado progresivamente sus espacios para almacenamiento y manipulación de contenedores.
El último gran salto se ha producido con la ampliación inaugurada este miércoles. La actuación, que ha supuesto una inversión de 10,5 millones de euros, ha añadido 50.000 metros cuadrados a la superficie operativa, ha ampliado las vías hasta superar los 1.000 metros de longitud y ha convertido la instalación en una terminal pasante gracias a una nueva conexión ferroviaria por el norte.
La obra permite eliminar maniobras de retroceso y aumentar notablemente la eficiencia operativa. Además, incrementa en un 50% la capacidad de almacenamiento y prepara la infraestructura para absorber nuevos crecimientos de tráfico en los próximos años.
La evolución de la terminal ha ido paralela a la apertura exterior de la economía aragonesa. Durante estos 25 años, las importaciones marítimas en contenedor de la comunidad se han multiplicado por más de siete y las exportaciones prácticamente se han quintuplicado. El crecimiento del comercio con Asia resulta especialmente significativo. Los intercambios con los mercados asiáticos se han multiplicado por ocho desde la creación de la TMZ, reflejando la creciente integración de Aragón en las cadenas globales de suministro.
Hoy más de la mitad de los contenedores marítimos que mueve Aragón pasan por la terminal zaragozana, que opera entre cinco y seis servicios diarios con el Puerto de Barcelona, que concentra alrededor del 70% de su tráfico. Esta conexión estratégica, gestionada por las empresas APMT Railway y SICSA, mantiene una alta frecuencia que garantiza la agilidad del corredor ferroportuario. La instalación, que también conecta regularmente con los puertos de Bilbao, Valencia y Algeciras, actúa como puerta de entrada y salida para sectores tan diversos como la automoción, la agroalimentación, la industria química o la distribución.
La alfalfa, la carne de porcino, los productos industriales y los bienes de consumo forman parte de un flujo constante de mercancías que ha contribuido a reforzar la competitividad de las empresas aragonesas.
Una de las singularidades de la TMZ es su estructura accionarial, prácticamente inalterada desde hace años y considerada uno de los factores que explican la estabilidad del proyecto. Mercazaragoza es el accionista de referencia y controla el 56,7% del capital. A través de esta participación, el Ayuntamiento de Zaragoza mantiene el liderazgo institucional de la sociedad en alianza con la sociedad estatal Mercasa.
El segundo socio es el Puerto de Barcelona, con un 21,5%, una presencia que refleja la estrecha relación estratégica que ambas entidades mantienen desde la fundación de la terminal. El Gobierno de Aragón posee otro 20,5%, mientras que el 1,3% restante corresponde a socios privados vinculados al sector logístico y portuario, entre ellos Samca, Eurozasa, APM Terminals y Hutchison Ports. Esta combinación de administraciones públicas y operadores privados ha permitido mantener una estrategia de crecimiento a largo plazo, alejada de los ciclos económicos y políticos.
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