Las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos, conocidas como midterms, llegan a su recta final con una cuestión central: ¿podrá el presidente Donald Trump conservar el control del Congreso o tendrá que gobernar frente a una mayoría legislativa de la oposición? El próximo 3 de noviembre, los estadounidenses renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 puestos del Senado, en unos comicios que también decidirán 36 gobernaciones y numerosos cargos estatales y locales.
Aunque no se elige por presidente, la gestión de Trump se ha convertido en uno de los principales ejes de la campaña. La creciente inflación, la guerra con Irán, la inmigración y la valoración del gobierno federal han situado las elecciones en un escenario de creciente confrontación entre republicanos y demócratas.
Y para consternación del magnate, las encuestas nacionales reflejan una ventaja demócrata en la intención de voto para el Congreso. Sin embargo, el resultado dependerá de la distribución territorial de los votos, de la participación electoral y de lo que suceda en un grupo de distritos y estados competitivos.
Las midterms son las elecciones que se celebran aproximadamente dos años después de las presidenciales, cuando se renueva el Congreso durante el mandato de un presidente. No existe una fecha oficial única de inicio de campaña: los candidatos pueden anunciar sus candidaturas, recaudar fondos y hacer campaña durante meses, mientras que las primarias se celebran en fechas diferentes según el estado.
En estos comicios se renuevan los 435 miembros de la Cámara de Representantes, cuyos mandatos duran dos años. También se disputan 33 escaños ordinarios del Senado y dos elecciones especiales, en Florida y Ohio, para completar mandatos que han quedado vacantes. Los senadores cumplen mandatos de seis años. Además, se celebran elecciones para gobernadores, legislaturas estatales y otros cargos locales. Estas contiendas pueden modificar las políticas sobre fiscalidad, educación, inmigración, aborto y derechos electorales. La composición del poder Legislativo determina qué leyes pueden aprobarse, cómo se negocian los presupuestos y hasta dónde puede avanzar el programa político de la Casa Blanca.
La Cámara de Representantes tiene un papel fundamental en la aprobación de leyes presupuestarias y tributarias, la supervisión de la Administración y el inicio de procedimientos de impeachment. El Senado, por su parte, confirma numerosos nombramientos presidenciales, incluidos jueces federales y miembros del gabinete, y participa en la aprobación de tratados internacionales. También juzga los procesos de destitución iniciados por la Cámara.
Por eso, un cambio de mayoría tendría consecuencias que irían mucho más allá de una derrota electoral para el partido del presidente. Si los demócratas recuperan la Cámara en esta ocasión, podrán controlar sus comisiones, convocar audiencias, solicitar documentación y someter a un mayor escrutinio las decisiones del Ejecutivo. También podrían bloquear o modificar iniciativas legislativas de Trump y utilizar las investigaciones parlamentarias para exigir explicaciones sobre su gestión.
Si además conquistan el Senado, aumentará su capacidad para frenar nominaciones y dificultar la aprobación de leyes. No obstante, una mayoría demócrata no supondría el fin de la presidencia de Trump: el presidente conservaría sus competencias ejecutivas y el poder de veto, sujeto a los límites constitucionales.
El resultado también influirá en la carrera presidencial de 2028, cuando ambos partidos deberán definir sus candidatos y evaluar qué estrategias políticas les permiten ampliar sus bases electorales.
Los republicanos llegan a las elecciones con el control de ambas cámaras. En la Cámara de Representantes disponen de una mayoría de 218 escaños frente a 214 demócratas, con dos vacantes y un representante independiente que se alinea con los republicanos. En el Senado, los republicanos mantienen una ventaja de 53 a 47, contando en el bloque demócrata a dos senadores independientes.
La estrechez de estos márgenes convierte la elección en una competición en la que unas pocas contiendas pueden cambiar el equilibrio institucional.
Para conquistar la Cámara, los demócratas necesitan una ganancia neta de al menos cuatro escaños. En el Senado también necesitan ganar cuatro puestos netos para alcanzar 51 escaños, una mayoría que les permitiría controlar la cámara sin depender del voto de desempate del vicepresidente.
El mapa del Senado presenta, sin embargo, dificultades específicas para la oposición. Los demócratas deben defender sus propios escaños en estados competitivos y, al mismo tiempo, conquistar varios territorios donde Trump ganó en 2024.
Según Reuters, las carreras en Maine, Ohio, Carolina del Norte, Iowa y Georgia figuran entre las contiendas que pueden determinar el control del Senado. También merecen atención Michigan y Texas, donde las campañas demócratas buscan ampliar el mapa de estados competitivos.
Las encuestas nacionales muestran una ventaja demócrata en la intención de voto para la Cámara de Representantes. El promedio de sondeos publicado por On Point Politics situaba el 20 de octubre el apoyo a un candidato demócrata en el 51,6%, frente al 42,1% para uno republicano, una diferencia de 9,5 puntos. Por su parte, el seguimiento de Nate Silver publicado el 23 de octubre calculaba una ventaja demócrata de 9,1 puntos en la llamada generic congressional ballot, la pregunta que plantea a los votantes qué partido preferirían para el Congreso.