Preocupa la nueva propuesta de reforma a la Ley Aduanera
Congestión y embargos, son los principales temas que piden se analicen diversos actores del sector aduanero
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El presidente estadounidense recibi� a su hom�logo chino en la pista del aeropuerto, un gesto excepcional antes de una cumbre en la que Pek�n llega reforzado
En 1985, Xi Jinping durmi� en la habitaci�n de un adolescente aficionado a Star Trek en Muscatine, Iowa. Ten�a 31 a�os, era un dirigente local del Partido Comunista en el condado chino de Zhengding y hab�a viajado con una delegaci�n interesada en la cr�a de cerdos y los usos del ma�z. Estados Unidos y China apenas llevaban seis a�os de relaciones diplom�ticas. Nadie en aquella casa pod�a saber que el hu�sped que observaba los recuerdos de una serie sobre viajes al futuro acabar�a regresando como presidente de la potencia que disputa a Washington ese futuro.
Cuarenta y un a�os despu�s, el viaje desemboc� el mi�rcoles en otra escena dif�cil de imaginar entonces. El avi�n de Xi aterriz� en la Base Conjunta Andrews, a las afueras de Washington, y Donald Trump fue a esperarlo al pie de la escalerilla. Tambi�n estaba Melania Trump para dar tambi�n la bienvenida a la primera dama china, Peng Liyuan.
Las dos parejas se saludaron sobre una alfombra roja desplegada en la pista; son� una banda militar, se dispararon salvas y un bombardero B-1 sobrevol� la ceremonia. El rugido hizo que Trump torciera el gesto. Xi permaneci� impasible.
Un presidente estadounidense suele recibir a sus invitados en la Casa Blanca, no en el aeropuerto. Xi, de hecho, no acudi� a la pista cuando Trump viaj� a Pek�n en mayo. La diferencia de protocolo es deliberada. Trump reserv� al l�der de su principal rival una atenci�n que rara vez concede a los gobernantes de pa�ses aliados. Este jueves a�adir� una ceremonia de Estado, una revista militar y una cena junto a los grandes empresarios tecnol�gicos estadounidenses.
"El presidente Trump es un maestro del arte del espect�culo", escribi� en redes Graham Allison, ex decano de la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard, quien opin� que la c�lida bienvenida demostraba el "respeto sin precedentes" del presidente estadounidense por el l�der chino.
Al Trump que irrumpi� en pol�tica acusando a China de vaciar las f�bricas estadounidenses ahora se le caen continuamente los elogios en p�blico hacia su hom�logo chino. Ha pasado de presentar a Pek�n como el gran culpable del declive industrial de su pa�s a cuidar una relaci�n personal con Xi. Un cambio que no ha borrado la rivalidad entre las dos superpotencias. En todo caso se podr�a decir que Washington ha descubierto -y padecido- cu�nto cuesta presionar a China cuando esta tiene las mismas o m�s armas para responder.
La guerra arancelaria del a�o pasado llev� a ambas econom�as a amenazarse con grav�menes superiores al 100%. Pek�n respondi� usando su posici�n dominante en las tierras raras, indispensables para fabricar desde autom�viles hasta equipos militares. La escalada termin� en una tregua, no en la rendici�n de ninguna de las partes. El mi�rcoles, antes incluso de que los presidentes se sentaran a negociar, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunci� que ambos pa�ses hab�an acordado prolongar esa tregua, que expiraba en noviembre, hasta el 10 de enero.
La mayor�a de los analistas internacionales sostienen que Xi llegaba a su primera visita de Estado a Washington en 11 a�os con m�s margen del que Trump hubiera querido concederle. China conserva una palanca decisiva en minerales cr�ticos; Estados Unidos mantiene la suya en los semiconductores avanzados y los equipos necesarios para producirlos. Trump necesita exhibir resultados antes de las elecciones legislativas de noviembre y gobierna bajo la presi�n de una guerra con Ir�n que ha encarecido la energ�a.
Pek�n tampoco atraviesa por su mejor momento interno: el consumo de los hogares sigue d�bil y la crisis inmobiliaria pesa sobre su econom�a. Aunque Xi, arropado por la estabilidad pol�tica de su r�gimen, puede permitirse una negociaci�n m�s larga.
La inteligencia artificial concentra estos d�as gran parte de la atenci�n. No se trata solo de qu� pa�s desarrollar� los modelos m�s potentes o vender� m�s chips. Ambos gobiernos contemplan tambi�n el riesgo de ciberataques, fallos de sistemas avanzados e incidentes con consecuencias para la seguridad nacional. En las conversaciones preparatorias del pasado domingo, Bessent propuso a su hom�logo chino, He Lifeng, un mecanismo para avisarse cuando un incidente relacionado con la IA alcance ese nivel de gravedad.
Washington parece que quiere hablar con Pek�n sobre los peligros de una tecnolog�a cuya ventaja estrat�gica pretende conservar. Pero en los medios estatales chinos apuntan a la desconfianza de que el di�logo sirva para limitar su desarrollo mientras Estados Unidos mantiene los controles sobre los chips m�s sofisticados. Los equipos de ambos pa�ses ya hablaron en mayo de abrir consultas sobre IA y nunca llegaron a formalizarlas. Un canal de comunicaci�n ser�a un avance; un acuerdo capaz de frenar la competici�n parece mucho menos probable.
Sobre la mesa de la cumbre est�n tambi�n las compras chinas de bienes agr�colas y aviones estadounidenses y los precursores del fentanilo. Trump aspira a terminar con anuncios que pueda presentar como victorias comerciales. Xi busca que Washington rebaje restricciones sin entregar la capacidad de presi�n que le ha permitido llegar hasta aqu�.
Taiwan, como en otras ocasiones, es la conversaci�n m�s delicada. Pek�n reclama la isla y observa con atenci�n las ventas de armas estadounidenses. Sus dirigentes aspiran a obtener de Trump un lenguaje m�s favorable a sus posiciones. Cualquier cambio relevante, sin embargo, alarmar�a a los aliados de Estados Unidos en Asia. La guerra de Ir�n a�ade otra fricci�n: Washington mira hacia el mayor comprador del petr�leo iran� en busca de ayuda para contener a Teher�n, mientras Pek�n no da se�ales de querer asumir las exigencias estadounidenses.
Este jueves muchos focos est�n puestos en la cena de Estado. Entre los invitados se espera a dirigentes de compa��as como Apple, Nvidia y OpenAI, una muestra de hasta qu� punto la disputa tecnol�gica se ha instalado en el centro de la relaci�n. El presidente chino, en cambio, lleg� sin la delegaci�n de grandes empresarios chinos que se hab�a barajado para el viaje.
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El presidente podría anunciar la medida a finales de esta misma semana