Aranceles para proteger economías, dice Scott Bessent
Scott Bessent urge aranceles para proteger economías frente a desequilibrios comerciales globales.
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Pyongyang encadena tres a�os de fuerte crecimiento, ha ganado miles de millones con la guerra de Ucrania, ampliado su arsenal nuclear y vuelve a contar simult�neamente con el respaldo de Putin y Xi Jinping. Ahora, Donald Trump quiere recuperar la diplomacia personal con el l�der norcoreano, pero esta vez es Kim quien tiene menos necesidad de negociar
Hace siete a�os, Kim Jong-un sali� de Han�i con las manos vac�as. Hab�a viajado hasta Vietnam convencido de que su buena relaci�n personal con Donald Trump pod�a servir para romper el aislamiento de Corea del Norte y obtener un alivio de las sanciones a cambio de concesiones sobre su programa nuclear. La cumbre termin� abruptamente, sin acuerdo y con el presidente estadounidense abandonando las negociaciones. Para un r�gimen que controla hasta el �ltimo detalle de la imagen de su l�der, aquella escena fue una humillaci�n extraordinaria.
El Kim de 2026 habita en un mundo muy diferente. Ya no es el joven dictador de una econom�a asfixiada que necesitaba convencer a Washington para salir del aislamiento. Ahora es Vladimir Putin quien compra sus proyectiles y recibe a sus soldados. Xi Jinping ha recuperado la vieja relaci�n con Pyongyang y Trump insiste en que quiere volver a reunirse con �l antes de que termine el a�o.
"Kim est� siendo cortejado simult�neamente por los l�deres de Estados Unidos, China y Rusia", resume Sung-Yoon Lee, investigador principal del Instituto Sejong de Se�l.
Contra casi todos los pron�sticos, Kim llega as� al momento de mayor fortaleza desde que hered� el poder tras la muerte de su padre, Kim Jong-il, en diciembre de 2011. Su pa�s contin�a siendo uno de los m�s pobres y herm�ticos del planeta, pero la guerra de Ucrania ha rescatado a Pyongyang de a�os de aislamiento. Adem�s, el sistema internacional de sanciones que deb�a estrangularlo hace aguas, con Rusia y China utilizando su poder de veto para bloquear nuevas medidas de castigo en la ONU. Y no hay que olvidar que su programa nuclear contin�a avanzando.
El cambio tambi�n empieza a percibirse en las calles de la capital. Cuando el presidente chino visit� Pyongyang en 2019, m�s all� de algunas avenidas monumentales hab�a poco que ense�ar. Este a�o, durante su visita del pasado junio, Xi Jinping se encontr� una ciudad salpicada de nuevos barrios de torres de apartamentos, restaurantes, centros comerciales, coches el�ctricos, calles iluminadas y espacios de ocio.
"Pyongyang se ha vuelto visiblemente m�s pr�spera y orientada al consumo", explica Rachel Minyoung Lee, investigadora del Stimson Center. "Esto se refleja en la proliferaci�n de rascacielos, autom�viles, calles iluminadas y centros comerciales donde venden productos occidentales de lujo, as� como en una mayor actividad en los espacios p�blicos en general".
Medir la econom�a del pa�s sigue siendo un ejercicio de aproximaciones porque Corea del Norte no publica estad�sticas econ�micas regulares desde 1965. Pero las estimaciones realizadas desde Se�l apuntan en una misma direcci�n. El Banco de Corea calcula que el PIB norcoreano creci� un 3,5% en 2025, el tercer a�o consecutivo con una expansi�n superior al 3%. Es un vuelco dif�cil de imaginar hace unos a�os: una de las econom�as m�s sancionadas del mundo lleva tres ejercicios creciendo a un ritmo superior al de su pr�spero vecino del Sur.
La explicaci�n conduce directamente a Ucrania. Pyongyang ha convertido una guerra europea situada a 7.000 kil�metros de distancia en el mejor negocio exterior de su historia reciente. El Instituto de Estrategia de Seguridad Nacional surcoreano calcula que, entre agosto de 2023 y diciembre de 2025, el r�gimen norcoreano recibi� entre 7.700 y 14.400 millones de d�lares en divisas y bienes a cambio de armas y tropas para Rusia. Otras estimaciones elevan hasta unos 22.000 millones de d�lares, cuatro veces m�s que durante los cuatro a�os anteriores.
La magnitud del suministro militar ha sido extraordinaria. Seg�n las estimaciones ucranianas, Corea del Norte lleg� a proporcionar aproximadamente la mitad de la munici�n utilizada por el r�gimen de Putin en determinados periodos de la guerra: millones de proyectiles de artiller�a y mortero y alrededor de 120 misiles bal�sticos. A ello se sumaron unos 14.000 soldados norcoreanos enviados a Rusia y los planes para desplegar decenas de miles m�s.
Para Kim, el rendimiento no se mide �nicamente en divisas. Sus militares est�n adquiriendo algo que el Ej�rcito Popular de Corea no pose�a desde la guerra de 1950-1953: experiencia real de combate. Los soldados norcoreanos han participado en operaciones terrestres en Kursk y han aprendido sobre drones, guerra electr�nica, artiller�a de precisi�n y las exigencias log�sticas de un conflicto moderno.
Pyongyang tambi�n ha podido comprobar sobre el terreno c�mo funcionan sus propios misiles y proyectiles. Rusia, a cambio, proporciona combustible, alimentos, asistencia t�cnica y tecnolog�a que puede acelerar algunos de los programas militares norcoreanos.
Pero hay otra cara menos visible fuera del escaparate de Pyongyang. "La capacidad de Corea del Norte para gestionar sus problemas econ�micos sigue siendo extremadamente d�bil", sostiene Kim Byung-yeon, profesor de Econom�a de la Universidad Nacional de Se�l.
Tampoco est� claro cu�nto de los miles de millones procedentes de Rusia llega al norcoreano corriente. Desde la pandemia, Kim ha reforzado el control sobre los jangmadang, los mercados informales que surgieron durante la gran hambruna de los a�os 90 y que durante d�cadas permitieron sobrevivir a millones de familias. Mientras la �lite de la capital consume productos importados, la gran mayor�a de la poblaci�n sigue viviendo en condiciones extremadamente muy precarias.
Retomando el terreno geopol�tico, Rusia ha regalado estos �ltimos a�os a Kim un importante margen frente a China. Durante d�cadas, Pek�n fue pr�cticamente la �nica v�a de supervivencia exterior de Corea del Norte. Todav�a representa alrededor del 95% de su comercio exterior, pero Pyongyang ya no depende exclusivamente de su vecino. Kim puede jugar ahora con dos grandes potencias. Y Xi parece haber tomado nota.
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