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Por primera vez, en las encuestas se impone el rechazo a Bruselas pese al alto coste de vida
En pleno centro de Reikiavik, el restaurante Skrei� ofrece c�cteles como Marianito (2.800 coronas islandesas, o 19,91 euros), con verm�, o Butano (18,49 euros), con pachar�n. Los postres incluyen crema catalana con naranja fundida (2.600 coronas, que son 18,49 euros) y las tapas, patatas bravas con alioli (12,45 euros) o pan con tomate (7,82 euros, aunque la factura sube a 12,50 si se le a�ade queso manchego).
Son precios relativamente asequibles para Islandia, donde media hora en taxi del aeropuerto de Keflavik a Reikianvik con tarifa nocturna sale por 26.000 coronas (183 euros), y el precio de un piso de dos habitaciones en el centro de la capital "vale un mill�n de coronas, o sea, 70.000 euros", seg�n explica el ex director ejecutivo de Microsoft en el pa�s, H�lldor Jorgen. S�mese a ello un inter�s hipotecario del 10%, consecuencia de una inflaci�n que en agosto alcanz� el 5,3%, y el island�s medio acaba pagando cuatro veces -tres de ellas al banco- el precio de la vivienda.
Cuadrar esas cifras para que sea m�s f�cil vivir en el pa�s era una de las promesas de la eventual entrada en la Uni�n Europea. Pero, en Skrei�, pese a estar en el presunto centro del voto favorable en el refer�ndum de hoy al establecimiento de negociaciones con Bruselas, las cosas no estaban nada claras el jueves.
Y eso que nombre del restaurante, hace alusi�n a un proceso de apertura de la econom�a islandesa hist�rico, que fue forzado por la habilidad del gobierno espa�ol de Eduardo Dato en 1921. El incidente tiene hasta un nombre en island�s: el "affair Spanarvin", o sea, " el caso del vino espa�ol".
Fue una jugada que provocar�a un ataque de celos a Donald Trump. La cosa hab�a arrancado en 1915, cuando los islandeses, en otros referendos, hab�an decidido, como buenos estrictos protestantes, prohibir� al alcohol. El problema es que el pa�s estaba aislado econ�micamente, y una de sus escasas exportaciones era el bacalao seco y salado, conforme a la t�cnica conocida, precisamente, como 'Skrei�'. Islandia exportaba muy poco. Y uno de los mercados principales de su bacalao era, precisamente, Espa�a.
Y ah� es donde Madrid vio la oportunidad. En 1921, amenaz� con imponer un arancel prohibitivo al bacalao de Islandia si Reikiavik no levantaba su ley seca para las bebidas con menos del 21% de alcohol. Entre las cuales, casualmente, se encuentra el vino espa�ol. As� que los islandeses, atrapados entre la necesidad de divisas y la estricta moral luterana aprobada en plebiscito, optaron por lo primero. El Parlamento di� marcha atr�s al refer�ndum. Y el 29 de junio de 1923 abri� Reikiavik la primera tienda con el cartel Spanaevun, o sea, Vino espa�ol.
Hoy, 105 a�os despu�s, Islandia tambi�n se plantea abrirse a la Uni�n Europea, en una operaci�n que tendr�a unas consecuencias econ�micas, infinitamente m�s grandes que la apertura al vino de Espa�a. Pero en Skrei� no parece que est�n por la labor.
Un sondeo informal a una tumultuosa mesa de islandeses cenando tapas dio el jueves por la noche ocho 'noes' y una indecisa. Seis horas antes, justo despu�s del turno de almuerzo, uno de los camareros, Ingi, de 31 a�os, dec�a que no ten�a nada claro lo que iba a votar. Pero, a medida que hablaba, mientras iba recogiendo cubiertos y servilletas, le daba m�s y m�s cera a la UE, hasta llegar a una frase que generalmente se reserva para quienes votan a favor de los adversarios de los procesos de integraci�n supranacional, como el estadounidense Donald Trump, el brit�nico Nigel Farage, o el h�ngaro Viktor Orban: "Los del 's�' est�n motivados por el resentimiento". Ese d�a se public� la primera encuesta de Gallup desde la convocatoria del refer�ndum, el pasado enero, y el 'no' parece haberse impuesto al 'no'.
�Resentimiento hacia qui�n? �Hacia los bancos, que se benefician de unos m�rgenes de intermediaci�n que no son de este mundo gracias a unos tipos de inter�s oficiales que la semana pasada subieron al 8%? �O hacia el sacrosanto sector pesquero, en el que seis familias controlan el 50% de las licencias para faenar y, si se les a�aden otras 19, sale un total de 25 clanes que se llevan el 75% de los permisos de pesca de algunos de los mejores caladeros del mundo, no solo en cantidad y calidad sino, tambi�n, en lo que se refiere a conservaci�n y sostenibilidad?
La econom�a islandesa es, como el pa�s, un caso aislado. Un c�nico podr�a decir que es el ejemplo de una gesti�n basada en los par�metros de la izquierda identitaria del siglo XXI. Islandia tiene unos niveles de tolerancia posiblemente sin parang�n en el mundo, especialmente en lo que concierne a identidad sexual y g�nero. Y cuenta con una econom�a sostenible - aunque la caza de las ballenas que sigue practicando el empresario Kristj�n Lofftsson provoque vah�dos a muchos ecologistas del mundo -, basada en la innovaci�n, especialmente en el sector energ�tico, como muestra la planta geot�rmica Reykjavik Geothermal en las faldas Teide, en la isla de Tenerife.
Pero es tambi�n un pa�s de impuestos altos y de subvenciones enormes, especialmente a los sagrados sectores de la agricultura -sobre todo, crianza de ovejas y, en los �ltimos a�os, invernaderos- y pesca. Seg�n la Organizaci�n para la Cooperaci�n y el Desarrollo Econ�mico (OCDE), el 52% de los ingresos de los agricultores islandeses proceden del Estado. Con semejante bombeo de dinero p�blico, no es de extra�ar que las zonas rurales ni se planteen la mera posibilidad de votar 's�' a negociar nada con la UE. Para ellos, hablar con Bruselas ser�a, literalmente, ponerle un precio al gaznate de la gallina de los huevos de oro.
El 's�' choca, adem�s, con el car�cter island�s. Por mucha imagen de pa�s cosmopolita y ultramoderno, con su Museo del Punk en el centro de Reikiavik (y, tambi�n en la capital, el m�s conocido de penes), los islandeses son, seg�n dicen quienes les conocen, mucho m�s de pueblo que la imagen proyectada por la cantante Bj�rk vestida de cisne para recoger el Oscar en 2001.
Muchos j�venes trabajan en verano en la agricultura o en el sector pesquero, bien en barcos, bien en plantas de procesamiento de las capturas, lo que genera una especie de vinculaci�n a los trabajos tradicionales. A eso se suma una enorme tasa de abandono escolar. Uno de cada cinco alumnos que empieza la Secundaria no la termina, una cifra pr�cticamente id�ntica a la de Espa�a, que es uno de los pa�ses industrializados con peores cifras en ese sentido. Y el 18% de los que entran en la Universidad no se grad�an. El resultado es una sociedad estratificada por niveles educativos, en la que las diferencias se han enquistado de generaci�n en generaci�n.
Abrir Islandia a la UE supondr�a una transformaci�n de su econom�a. El pa�s tendr�a que recortar subsidios y afrontar un dur�simo ajuste que chocar�a con la oposici�n de los sindicatos, que son otro poder f�ctico con una influencia inimaginable en, por ejemplo, Espa�a. Las centrales islandesas controlan la mayor parte del sistema de pensiones del pa�s, lo que les permite obligar a Gobierno y empresas a indexar todas las subidas de precios, lo que perpet�a la inflaci�n. Si el pa�s pasa a formar parte del euro, tendr�a que asumir un recorte de los salarios reales para contener los precios. La reconversi�n industrial espa�ola de los ochenta ser�a una fiesta de cumplea�os comparada con el cambio de estilo de vida que eso supondr�a para los 403.800 islandeses que viven en el pa�s.
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La denuncia fue presentada por Jeffrey A. Bartos ante el Consejo de Seguridad de la ONU, al sostener que el dinero del grupo militar contrasta con la falta de alimentos en la isla