La revuelta republicana recuerda que el Parlamento est� muy debilitado, pero no muerto
Estados Unidos cumple un cuarto de milenio en plena erosi�n de su sistema de contrapesos. La idea central del experimento de los Padres Fundadores, basada en la igualdad de sus ciudadanos y el equilibrio entre poderes para evitar la tiran�a, sufre enormes desaf�os en el segundo mandato de Trump. En menos de dos a�os ha firmado m�s de 240 decretos presidenciales, superando a mandatos completos de muchos presidentes. Ha recurrido al poder del Despacho Oval para desplegar a la Guardia Nacional en ciudades gobernadas por dem�cratas, con la excusa de sus pol�ticas migratorias; ha sorteado la consulta parlamentaria en sus incursiones militares en el Caribe, incluyendo la captura de Nicol�s Maduro; y ha desmantelado una parte de la administraci�n del pa�s, despidiendo a miles de empleados p�blicos y reasignando fondos aprobados por el Congreso.
La trifecta republicana -en la Casa Blanca, la C�mara de Representantes y el Senado- se ha traducido en el sometimiento del Parlamento a la voluntad de Trump, con los legisladores conservadores aprobando sin objeciones nombramientos controvertidos o bloqueando iniciativas bipartidistas que intentaban limitar el poder presidencial. El presidente ha perseguido a los republicanos disidentes y ha activado una ingenier�a electoral agresiva para adulterar el mapa antes de las elecciones de medio mandato, en noviembre. La Casa Blanca ha indicado a los estados conservadores que redibujen sus distritos en favor de los republicanos para reducir la futura representaci�n dem�crata en las c�maras. Trump busca la hegemon�a pol�tica poniendo en riesgo la alternancia en el poder, esta vez con el aval del Tribunal Supremo.
No todo est� perdido. La rebeli�n republicana en el Senado el pasado mes de mayo ha sido un toque de atenci�n a las interferencias de Trump. Los senadores rechazaron, entre otras cosas, la creaci�n de un fondo para indemnizar a supuestos perseguidos pol�ticos, entre los que figuraban los asaltantes del Congreso en 2021; los fondos para algunos programas de la agenda fronteriza; o el dinero que el presidente quer�a destinar a la construcci�n de su sal�n de baile en la Casa Blanca. La revuelta recuerda que el Parlamento est� muy debilitado, pero no muerto.
Tambi�n el Tribunal Supremo ha tenido un papel ambivalente. Ha respaldado al presidente en varias decisiones trascendentales: garantizando la inmunidad en sus actos oficiales o el uso de procedimientos de urgencia para aplicar pol�ticas controvertidas, como deportaciones o despidos masivos de trabajadores federales. Pero tambi�n le ha puesto l�mites al tumbar los aranceles globales, piedra angular de su pol�tica econ�mica, y protegiendo la independencia de la Reserva Federal y el derecho de ciudadan�a por nacimiento que Trump quer�a eliminar.
En el amanecer de los Estados Unidos, Benjamin Franklin ya sab�a de los enormes riesgos del experimento. Nunca antes unas ideas hab�an alumbrado una naci�n y el �xito no estaba garantizado. En 1787, al abandonar la Convenci�n de Filadelfia, le preguntaron qu� tipo de gobierno hab�an concebido los delegados. �Una rep�blica, si pueden conservarla�, contest� Franklin, sugiriendo que solo la vigilancia activa de los ciudadanos podr�a mantenerla sana y en pie.
A ver, Pinganillo, ent�rate de cu�ntos Decretos ha firmado este Gobierno que sufrimos en Espa�a, como ha erosionado la divisi�n de poderes, y c�mo gobierna, no de espaldas, sino frontalmente contra el Parlamento. Que luego me vendr�is a vender que PP y Vox son trumpistas, pero vuestro jefe (s�, el tuyo) es m�s trumpista en sus hechos que Trump. Qu� verg�enza de periodistas los que ejercen en este pa�s.