La cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping en Pek�n deja una nueva tregua comercial marcada por compras agr�colas, pedidos millonarios a Boeing y acuerdos sobre tierras raras. La Casa Blanca afirma que acordaron la creaci�n de una "junta de comercio"
La tregua comercial entre Washington y Pek�n ya comienza a tener arquitectura pol�tica tras la cumbre de la semana pasada en Pek�n entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el l�der chino, Xi Jinping. Ambas potencias han anunciado la creaci�n de dos organismos bilaterales -una junta de comercio y otra de inversi�n- con los que buscan gestionar una relaci�n econ�mica cada vez m�s estrat�gica, m�s desconfiada y, al mismo tiempo, igual de dependiente.
El anuncio, difundido primero el fin de semana por el Ministerio de Comercio chino y posteriormente ampliado por la Casa Blanca, supone el intento m�s serio de institucionalizar la tregua despu�s de la escalada arancelaria del a�o pasado, represalias cruzadas y restricciones tecnol�gicas que sacudieron a las dos econom�as m�s grandes del mundo.
En Pek�n hablan de "resultados preliminares", una f�rmula habitual en la diplomacia china cuando todav�a quedan flecos por negociar. Pero el mensaje, citan muchos analistas, es claro: las dos superpotencias necesitan estabilizar su convivencia antes de que la confrontaci�n termine da�ando irreversiblemente sus propias cadenas de suministro.
La nueva junta comercial tendr� como objetivo discutir qu� productos quedar�n sujetos a aranceles y cu�les podr�n quedar exentos. En paralelo, el foro de inversi�n abrir� un canal permanente para abordar proyectos chinos en territorio estadounidense, un asunto extremadamente sensible en Washington, donde el temor al avance industrial y tecnol�gico de China ha ido contaminando el debate pol�tico en los �ltimos a�os.
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, resumi� el esp�ritu del acuerdo con una frase: "Lo importante es que tenemos estabilidad estrat�gica con China". Detr�s de esa expresi�n hay una realidad inc�moda para ambos gobiernos. EEUU necesita contener la inflaci�n y asegurar suministros industriales cr�ticos; China necesita evitar un deterioro econ�mico mayor en plena desaceleraci�n interna y con su peor crisis inmobiliaria muy presente.
Greer ya confirm� d�a atr�s que ambas partes establecer�an una junta de comercio que supervisar�a la reducci�n de aranceles en bienes por valor de 30.000 millones de d�lares en cada pa�s.
El acuerdo incluye tambi�n algunos compromisos concretos. Pek�n se habr�a comprometido a comprar al menos 17.000 millones de d�lares anuales en productos agr�colas estadounidenses hasta 2028, una cifra que incluye soja, carne de vacuno y aves de corral. China tambi�n renovar� las licencias para cientos de plantas procesadoras de carne estadounidenses y reabrir� parcialmente su mercado a determinados productos agroalimentarios bloqueados durante los �ltimos a�os por disputas comerciales.
Desde EEUU, los analistas han se�alado que el volumen combinado de estas compras sigue lejos de los niveles previos a la guerra comercial desatada por Trump. Antes de la ofensiva arancelaria lanzada, las exportaciones agr�colas estadounidenses hacia China alcanzaban los 40.900 millones de d�lares anuales. Hoy, incluso sumando los nuevos compromisos, la cifra permanece m�s de un 30% por debajo de aquel r�cord.
Tras la cumbre, uno de los compromisos -en este caso por parte de Trump- es que Washington facilite la venta a China de aviones, motores y componentes aeron�uticos, una concesi�n en un momento en el que la rivalidad tecnol�gica entre ambos pa�ses se ha convertido en el eje central de la competencia geopol�tica global. La Casa Blanca confirm� adem�s la compra de 200 aviones de Boeing por parte de China, aunque Trump lleg� a insinuar el viernes durante su regreso a Washington en el Air Force One que el pedido podr�a ampliarse hasta 750 aparatos "si hacen un buen trabajo".
Aunque China lleva a�os intentando levantar un campe�n nacional capaz de desafiar a Boeing y a Airbus, el fabricante estatal Comac sigue dependiendo de tecnolog�a occidental para sacar adelante su avi�n insignia, el C919. El aparato, presentado como el orgullo de la ingenier�a china, utiliza motores, sistemas electr�nicos y componentes cr�ticos fabricados en EEUU y en Europa. Garantizar el acceso a esos suministros resulta esencial para el Gobierno de Xi, que considera la autosuficiencia tecnol�gica una prioridad estrat�gica absoluta para el pr�ximo lustro.
La negociaci�n tambi�n ha tocado otro de los grandes nervios industriales de la econom�a mundial: las tierras raras. Seg�n el comunicado de la Casa Blanca, Pek�n se comprometi� a "atender las preocupaciones estadounidenses relacionadas con el suministro de minerales cr�ticos como el neodimio, el escandio, el itrio o el indio, fundamentales para la fabricaci�n de veh�culos el�ctricos, semiconductores, armamento avanzado y tecnolog�a verde".
China domina alrededor del 70% de la producci�n mundial de tierras raras y ha convertido ese monopolio en una herramienta de presi�n geopol�tica (y en su principal carta ganadora durante la guerra comercial). Durante los �ltimos a�os, Pek�n utiliz� restricciones a la exportaci�n de galio, germanio y otros minerales estrat�gicos como respuesta a las sanciones tecnol�gicas estadounidenses. El nuevo acuerdo intenta aparentemente rebajar ese intercambio de restricciones.
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