Entre la “narcomadera” boliviana, la disputa argentino-británica por Malvinas y el Escudo de Trump, La Moneda enfrenta tensiones diplomáticas que ponen a prueba su margen de maniobra entre compromisos políticos, intereses económicos y soberanía.
La administración de José Antonio Kast enfrenta cuatro frentes internacionales simultáneos donde las promesas de campaña y el discurso político chocan de frente con la tensión de los contratos, la soberanía territorial, seguridad y la economía de las superpotencias.
Bolivia y la “narcomadera”. Pese a que la historia real ocurre fuera de la alfombra roja, la llegada de José Antonio Kast a La Paz este 16 de octubre pudo ser presentada como un hito relevante: la primera visita oficial de un Mandatario chileno desde 1955 y la oportunidad de normalizar relaciones diplomáticas tras 48 años sin embajadores, evaluando nombrar al cónsul Roberto Ruiz.
El expresidente boliviano Jorge Quiroga no anduvo con rodeos e increpó al Ejecutivo chileno, tras bambalinas, para que acredite científicamente la acusación sobre 108 toneladas de droga o de lo contrario pida disculpas públicas, mientras J. A. Kast busca enarbolar la bandera de la cooperación contra el crimen organizado, acorralado por un procedimiento policial chileno que Bolivia califica de atropello comercial e internacional.
Argentina y la trampa de Malvinas. En el Edificio Carrera afirman que “letra chica” es donde siempre se esconden las trampas y que la Cancillería fue víctima de un ardid. El 3 de septiembre, Kast firmó una declaración conjunta con Javier Milei respaldando la soberanía trasandina sobre Malvinas, incluyendo una cláusula donde Buenos Aires “valoraría” que Chile frene una logística “ilegal” en la zona disputada. La diplomacia argentina no tardó en cobrar ese voucher.
Mientras el senador Karim Bianchi exigió desplegar a la Armada e interceptar barcos argentinos en respuesta, el senador Alejandro Kusanovic advirtió que un choque naval dinamitaría la economía de Magallanes, la Zona Franca y el tránsito de camiones.
El Reino Unido golpea la mesa. Londres no se quedó mirando desde la tribuna mientras Buenos Aires sancionaba empresas y demandaba arbitrajes. La respuesta británica colocó a Chile directamente en el fuego cruzado entre la potencia naval europea y Milei escalando a la Convemar, para iniciar un arbitraje internacional contra el Reino Unido, solicitando medidas provisionales ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar (ITLOS) para frenar el proyecto Sea Lion (valorado en US$ 2.200 millones).
A ello se agrega otro movimiento. Londres pidió formalmente a Interpol rechazar solicitudes argentinas de detención contra personas vinculadas al proyecto petrolero Sea Lion, por considerar que tienen motivaciones políticas. Se trata de una gestión dirigida a un organismo internacional, no de una comunicación a Santiago. Sin embargo, desde la diplomacia sostienen que los británicos se van acercando al Edificio Carrera.
Washington y el “Escudo” de Trump. El cuarto frente es el más amplio y peligroso en términos geoeconómicos. El 22 de septiembre en la ONU, Chile se alineó con Donald Trump al suscribir el Escudo de las Américas junto a 13 países. Lo que La Moneda vendió como un simple tratado policial parece esconder compromisos estratégicos profundos en materia de inversiones, cadenas de suministro de cobre y litio, así como restricciones a proveedores de infraestructura tecnológica.
El “Escudo” de Washington busca cercar la influencia de China, el principal socio comercial de Chile. Aunque La Moneda insiste en público en que no hay presiones de la Casa Blanca ni contradicción con Pekín, la infraestructura digital –como el cable submarino Humboldt– está bajo la lupa de la inteligencia estadounidense.
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