La guerra de Trump contra Irán ha generado incertidumbre en los precios del petróleo, que siguen siendo volátiles a seis meses del conflicto.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el de China, Xi Jinping, visitan la Ciudad Prohibida, el 8 de noviembre de 2017, en Beijing, China.
Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó su guerra contra Irán a finales de febrero, analistas energéticos emitieron sombrías advertencias que apuntaban que los precios del petróleo podrían más que duplicarse durante un conflicto prolongado e instaron a inversionistas y conductores a prepararse para un viaje accidentado.
La guerra sigue en curso y el precio del petróleo continúa siendo volátil. Pero las proyecciones más alarmantes aún no se han materializado a los seis meses de un conflicto que no tiene final a la vista.
El presidente de China, Xi Jinping, quien realizará una esperada visita de Estado a Washington la próxima semana, podría sostener con argumentos creíbles que el mundo debe dar las gracias por la estrategia energética de su país.
No está claro hasta qué punto se abordará el tema de Irán durante la visita, que se produce en un momento en que el Partido Republicano de Trump enfrenta la presión de los votantes por el alza de los combustibles, y en que el colchón de seguridad de China se pone cada vez más a prueba a medida que se prolonga el conflicto en Oriente Medio.
Trump, que ha tratado de mantener una frágil tregua comercial con Beijing, ha sido cauto en sus declaraciones públicas sobre las diferencias con Xi respecto a la relación del país con Irán. "Hemos estado aprovechándonos de Beijing de una manera extraña", comentó Rosemary Kelanic, directora del programa de Oriente Medio en Defense Priorities, un centro de estudios de Washington.
"China lo hace porque entiende que va en el tren que Trump está conduciendo hacia un precipicio. Si los precios del petróleo suben mucho, eso perjudica a la economía global. Si perjudica a la economía global, los perjudica a ellos".
Reservas chinas ayudaron a Xi a capear la tormenta — por ahora. Beijing invirtió años y miles de millones de dólares para acumular la mayor reserva de petróleo del mundo, con alrededor de unos 1,400 millones de barriles a finales del año pasado, según estimaciones de la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Para proteger a China de los riesgos de suministro externo, Xi convirtió la autosuficiencia energética en parte del último plan quinquenal nacional.
Recurrir a sus vastas reservas permitió a China —que es el segundo mayor consumidor de petróleo del mundo y el principal comprador de Irán— recortar drásticamente las importaciones de crudo una vez que Estados Unidos e Israel iniciaron sus bombardeos y Teherán cerró de facto el estrecho de Ormuz.
Además, se vio favorecido por el giro dado en los últimos años hacia los vehículos eléctricos y por recurrir cada vez más a otras alternativas energéticas.
La reducción de las importaciones de China, a su vez, ayudó a aliviar la demanda global, suavizando los efectos alcistas sobre los precios para Estados Unidos, Europa y el resto del mundo.
Antes de reunirse con Xi, Trump tiene previsto verse este martes con líderes del Consejo de Cooperación del Golfo en Nueva York, en un aparte de la Asamblea General anual de Naciones Unidas. El grupo incluye a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Omán, Kuwait y Bahrein.
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