Es la primera vez en meses de preparación que la Administración plantea abiertamente la posibilidad de postergar la renegociación del acuerdo.
CIUDAD DE MÉXICO.- Con un comedido "no hay prisa", la presidenta Claudia Sheinbaum ha indicado a los grupos de interés económico la nueva pauta para la revisión del TMEC, el medular tratado de libre comercio que México comparte con Canadá y Estados Unidos.
Dejando de lado el objetivo de una renegociación expedita el 1 de julio, el Gobierno de la mandataria ha ampliado el cronograma, en un intento por preparar el terreno para un escenario de más largo plazo y mayor incertidumbre. "Con relación al tratado: vamos avanzando, no hay prisa. Por supuesto que queremos que los aranceles que actualmente tenemos disminuyan. Eso sí nos interesa muchísimo. Pero de la revisión, estamos viendo en qué momento", puntualizó en una de sus conferencias matutinas de esta semana.
Es la primera vez en meses de preparación que la Administración plantea abiertamente la posibilidad de postergar la renegociación del acuerdo, que mueve unos 2.500 millones de dólares diarios solo en la frontera entre México y EE UU. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, incluso fue más allá y planteó un escenario de "revisiones que no son concluyentes los próximos diez años", aunque dando por sentado que el TMEC sobrevivirá a la guerra arancelaria del presidente Donald Trump y tras ser utilizado como una palanca en la concertación de temas no comerciales, como migración o narcotráfico.
A poco menos de dos meses de la cita, existen pocas posibilidades de que el acuerdo sea denunciado por alguna de las partes, pues ha demostrado ser beneficioso para el intercambio de unos 1,5 billones de dólares entre las tres economías; un monto importante en un contexto de presiones inflacionarias y crecimiento económico débil a nivel global. No obstante, la revisión se encamina a un limbo negociador marcado por la cautela del Gobierno mexicano y la presión de Estados Unidos. Al renunciar a una negociación rápida, la Administración de Sheinbaum compra tiempo, pero también traslada preocupaciones a la inversión y evidencia las asimetrías que mantiene frente a un socio cada vez más proteccionista. Más que una revisión técnica, lo que se perfila es una negociación prolongada y con riesgo de politizarse, donde México juega a no perder, aunque eso implique posponer definiciones clave para su economía.
"No queremos que la parte más política de elecciones que hay en Estados Unidos y posteriormente en México influya, sino que sea realmente una visión de largo plazo de las tres economías", señaló Sheinbaum. Ante esto, se da por sentado que el escenario ideal para México, de una extensión unánime por 16 años adicionales con una nueva fecha de expiración en 2042, será intercambiada por una prolongación con conversaciones contínuas hasta que se acuerde, o no, una renovación por 16 años antes de 2036.
Oscar del Cueto, presidente de la AmCham México, considera que el TMEC sigue siendo el foro para "norteamericanizar" los productos que consume este gigantesco mercado y que seguirá ofreciendo ventajas competitivas a las empresas que ven a México como base de manufactura y exportación. No obstante, sostiene que las empresas deben entender, y ajustarse, a que Washington no va a abandonar su política arancelaria en áreas medulares para su economía y su base de votantes. "Ya nos quedó claro el mensaje: no más ´free trade´, no van a desaparecer las tarifas", explicó el empreario en su reciente participación en el Consejo de las Américas en Ciudad de México. Así describió el mensaje transmitido por el representante comercial de EE UU, Jamieson Greer, en su visita oficial de hace tres semanas.
La próxima reunión será el 28 de mayo y allí se oficializarán los próximos pasos. "Creemos que el 1 de julio no va a ser el cierre total. Hay mucho que integrar: el tema de inteligencia artificial (IA), que no está, los derechos de autor y cómo hacemos más productivos los intercambios (...) no vamos a olvidarnos del acuerdo, va a ser ajustado. Un acuerdo 2.2 manejado por Trump", indicó el también presidente en México de la ferroviaria Canadian Pacific Kansas City (CPKC).
Por su parte, Luis de la Calle, director general de CMM Consultores y un miembro del equipo que negoció el tratado vigente, forma parte de un pequeño –aunque creciente– grupo que piensa que tal vez es mejor para México esperar que el republicado termine su mandato, para luego enfilar el futuro comercial del bloque norteamericano. Explica que, de hecho, el equipo original determinó el 2026 para la revisión calculando que Trump ya no estaría en el poder, incluso si se reelegía inmediatamente. "Recordarán que la posición original del presidente Trump fue que hubiera una sunset clause, cláusula del ocaso: que cuando llegáramos a 2026 terminara el acuerdo a menos que Estados Unidos, México y Canadá hicieran una determinación positiva de que querían que se extendiera. México y Canadá eso no lo aceptamos y se consiguió un mecanismo de revisión", añadió. Esa extensión puede ser utilizada a favor del país, insistió.
"México tiene que ser muy estratégico, no debemos apresurarnos a tener un mal acuerdo con EE UU y Canadá, no hay ninguna razón. Si de aquí al 30 de junio no nos ponemos de acuerdo el tratado no desaparece, sigue adelante", puntualizó.
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