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La oposición demócrata necesita arrebatar a los republicanos tres escaños en la Cámara de Representantes y cuatro en el Senado para hacerse con el control del Congreso en las elecciones de medio mandato de este martes.
La noche electoral será decisiva para el presidente, Donald Trump, que se juega la mayoría republicana en el Congreso ante unos sondeos que apuntan a una clara victoria de la oposición demócrata.
Sin embargo, los resultados que anuncien los medios no serán oficiales, sino proyecciones periodísticas que responden a una peculiaridad del sistema estadounidense: no existe un recuento nacional único, rápido y centralizado.
Los comicios se han convertido, en la práctica, en un referéndum sobre la gestión del presidente Trump, y determinarán la composición del Congreso durante sus dos últimos años en la Casa Blanca.
Según el agregador de encuestas Decision Desk HQ, los demócratas tienen un 84 por ciento de probabilidades de ganar el control de la Cámara Baja y un 64 por ciento de arrebatar el Senado al partido de Trump.
Los ciudadanos votan este martes para renovar los 435 escaños de la Cámara de Representantes. Su composición actual es de 219 republicanos, 214 demócratas y dos vacantes, por lo que la oposición necesita arrebatar tres escaños a los conservadores para alcanzar la mayoría.
También se renueva aproximadamente un tercio de los 100 escaños del Senado. Para conquistar la mayoría, los demócratas necesitan retener los que defienden, especialmente el de Míchigan, donde la contienda está ajustada, y arrebatar a los republicanos cuatro de los seis que figuran entre los más disputados: Alaska, Iowa, Kansas, Maine, Ohio y Texas.
Estos estados, considerados tradicionalmente bastiones republicanos, muestran, según los sondeos, un giro hacia los demócratas a raíz del descontento por la inflación, la impopular guerra de Irán y el impacto de los aranceles.
Pese a la ola demócrata que anticipan muchas encuestas, los analistas advierten de que los sondeos han tendido a subestimar la movilización del electorado trumpista.
Cada uno de los 50 estados y el Distrito de Columbia organiza sus propias elecciones, sin una autoridad federal que centralice las papeletas y anuncie los resultados.
Además, cada estado, condado y municipio aplica sus propias reglas sobre el voto, la identificación de los electores, el sufragio por correo y el escrutinio.
Esta fragmentación explica por qué el recuento oficial puede prolongarse días o incluso semanas, como ocurrió en las presidenciales de 2020, cuando varios estados clave tardaron días en completar el conteo por el elevado volumen de votos por correo durante la pandemia de covid-19.
Una vez cerrados los colegios electorales, las papeletas se verifican y escanean o cuentan a mano. Después, los resultados se trasladan a los centros electorales de cada condado, que los publican a medida que avanza el escrutinio.
La agencia Associated Press (AP) y las grandes cadenas de televisión —ABC, CBS, CNN, NBC y Fox News— cuentan con sus propias ‘mesas de decisión’, equipos que proyectan a los ganadores de cada contienda antes de que concluya el recuento.
Para ello, cruzan los resultados provisionales de cada condado con otras variables, como las encuestas a pie de urna, las tendencias históricas y la procedencia de los votos pendientes de contar.
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