El primer ministro Mark Carney anunció que Canadá aplicará aranceles compensatorios a productos estadounidenses por un valor de 20 mil millones de dólares a partir del 8 de septiembre, con lo que intensifica la disputa que sacude una de las relaciones comerciales más importantes del mundo.
“Damos este paso a regañadientes”, dijo Carney el sábado, al reconocer que la medida aumentará los costos y reducirá las opciones para los canadienses, perjudicará a empresas estadounidenses inocentes y dificultará la cooperación entre ambos países.
Carney afirmó que no le quedó otra opción después de que las negociaciones comerciales con EU fracasaron el viernes por la noche y Estados Unidos impuso aranceles de importación de 50 por ciento a artículos como madera contrachapada, licores, equipos eléctricos y material de hockey procedentes de Canadá.
“Estás en guerra cuando te atacan”, dijo Carney a los periodistas en Ottawa. “Nos atacaron”.
La arriesgada decisión de Carney recuerda cómo llegó repentinamente al poder el año pasado: con una campaña enfocada en liderar una contraofensiva contra Trump, quien comenzó su segundo mandato al decir que quería convertir a Canadá en el estado número 51 con “fuerza económica”.
Carney, exbanquero central en dos ocasiones, dedicó gran parte de su mandato a intentar un enfoque conciliador con Estados Unidos, al tiempo que diversificaba la economía canadiense. Revocó los aranceles de represalia impuestos por su predecesor, Justin Trudeau, eliminó un impuesto a los servicios digitales que había irritado a Trump y renegoció un acuerdo favorable a Estados Unidos para la construcción de un puente que conectara Detroit con Windsor, Ontario.
Esa táctica no sirvió para llegar a un acuerdo. El sábado, Trump utilizó una facultad que data de la época de la Gran Depresión, conocida como la Sección 338, para imponer aranceles a productos canadienses por un valor total de aproximadamente 20 mil millones de dólares en importaciones anuales estadounidenses.
Ahora Carney retomó la estrategia que Trudeau implementó en marzo de 2025: fuertes aranceles compensatorios, destinados a igualar los de Trump en términos de dólares. Los aranceles canadienses se aplicarán al acero, los productos lácteos, los electrodomésticos, la maquinaria agrícola, la electrónica, la pulpa y el papel estadounidenses. El gobierno publicará más detalles en los próximos días, según anunció el primer ministro.
Al contraatacar, Carney se arriesga económica y políticamente, en busca de un equilibrio entre el sufrimiento a corto plazo y la estrategia a largo plazo.
Funcionarios estadounidenses indicaron el viernes que, si Canadá respondiera, tendrían opciones para intensificar la situación, lo que aumenta la posibilidad de una guerra comercial en espiral entre dos países que intercambiaron casi 900 mil millones de dólares en bienes y servicios el año pasado.
Carney afirmó que las negociaciones fracasaron por varias razones. Una de ellas fue la imposición de aranceles a los automóviles por parte de Trump, que fijan un gravamen de 25 por ciento sobre el contenido no estadounidense en los vehículos fabricados en Canadá.
Los equipos negociadores consideraron reducirlo a 15 por ciento, pero Estados Unidos no quiso extender esa exención arancelaria a los camiones medianos y pesados, como los que actualmente se fabrican en la planta de Ford en las afueras de Toronto.
Según Carney, Estados Unidos también intentó poner límites a los acuerdos comerciales de Canadá con otros países e hizo exigencias inaceptables en materia cultural y lingüística francesa.
Añadió que la tensión no es una buena noticia para las conversaciones en torno al Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá, que entró en revisión periódica después de que Trump se negara a renovarlo en julio.
Tras meses de mostrarse reacio a hablar sobre las delicadas y complejas negociaciones estadounidenses, Carney dio un giro el sábado y retomó el tono que empleó en su discurso de enero, ampliamente seguido, en el Foro Económico Mundial de Davos. En aquel momento, instó a las naciones medianas a colaborar y resistir la coerción de las superpotencias, lo que provocó la reprimenda de Trump.