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Nevaco Global
25 de junio de 2026

Los años veinte fueron de auge tras la pandemia… y ojalá pase de nuevo

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Hacía frío y algo de viento, de pie frente al Capitolio, el recién investido presidente pidió "una nueva unidad de espíritu y propósito" para articular a una nación sacudida por la pandemia y el alto desempleo. Su predecesor no estaba en el estrado. La toma de posesión de Warren G. Harding el 4 de marzo de 1921 marcó el comienzo poco prometedor de una década histórica. El sombrío estado de ánimo no dejaba presagiar que Estados Unidos estaba a punto de entrar en un ciclo expansivo.

Los pujantes y felices años veinte (una década conocida como los roaring twenties) vieron la adopción generalizada de las cadenas de montaje, el automóvil, la radio, las películas, la plomería interior y los electrodomésticos. El consumismo y la cultura de masas tomaron forma. Fue la década del art deco y el jazz, Coco Chanel y Walt Disney, El Gran Gatsby y el Renacimiento de Harlem. Fue "la primera década verdaderamente moderna", dice el historiador económico de la Universidad de Marquette, Gene Smiley.

Hoy que Estados Unidos sufre otra pandemia, es tentador preguntarse si la historia se repetirá. Una vez que pase el virus, ¿rugirá la década de 2020 como lo hizo la década de 1920?

No es imposible. El año pasado demuestra que la economía y la sociedad pueden cambiar rápidamente de forma. Hemos visto el desarrollo de varias vacunas COVID-19 en un tiempo récord y una transición casi inmediata al trabajo remoto. A pesar de la pandemia, Tesla vendió casi medio millón de vehículos eléctricos en 2020. Una división de Alphabet resolvió un problema que la comunidad científica llevaba 50 años estudiando, usó inteligencia artificial para predecir con precisión cómo se pliegan las proteínas, un avance que podría revolucionar el descubrimiento de nuevas medicinas.

Sin embargo, con toda probabilidad, Estados Unidos continuará luchando contra el "estancamiento secular", una plaga económica de las naciones desarrolladas. Los signos incluyen una población que envejece, un lento crecimiento de la fuerza laboral y una demanda débil de crédito, razón por la cual la enfermedad es resistente a los remedios monetarios tradicionales. La evidencia más reciente de que los inversores no tienen muchas esperanzas de que la próxima década rompa ese molde es que el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años protegidos contra la inflación está en terreno negativo de alrededor de 1 por ciento, frente al 4 por ciento durante el boom tecnológico de los noventa.

A pesar de las diferencias, al copiar lo que se hizo bien en los años veinte y evitar lo que salió mal, los estadounidenses pueden hacer que la década de 2020 sea un éxito, para los estándares actuales, claro.

El mundo de 2021 es "un batiburrillo de los años veinte en muchos sentidos", dice el economista Eugene White de la Universidad de Rutgers. Los precios de las acciones son altos en relación con las ganancias corporativas, como ocurría entonces. El recelo actual hacia instituciones internacionales como las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud le resultaría familiar a un ciudadano de 1920. Las relaciones raciales vuelven a ser tensas, aunque los afroamericanos están en mejor posición que hace un siglo. Los aranceles aumentaron bajo el presidente Donald Trump, como lo hicieron en los años veinte. Los estadounidenses continúan quejándose de un gobierno intrusivo, como lo hicieron durante la Prohibición. La década de 1920 fue la primera en la que la población rural fue menor que la urbana; en esta década, la América blanca rural se siente ignorada tras haber apoyado la fallida reelección de Trump.

Los años veinte no tuvieron un buen comienzo. La pandemia de gripe española, que mató a unos 675 mil estadounidenses de una población de 100 millones, había terminado, pero el país estaba sumido en una recesión de 18 meses marcada por la mayor caída en un año de los precios al por mayor y al consumo desde que se tiene registro. El milagro económico de los años veinte no comenzó realmente hasta julio de 1921, cuando terminó la recesión y la psicología del 'boom' se abrió paso.

Este verano, dependiendo de cómo avance la vacunación, es probable que haya un destello de ese frenesí cuando la gente salga de sus burbujas COVID-19. Los economistas encuestados por Bloomberg pronostican un crecimiento del PIB por encima del promedio después de un primer trimestre difícil, la previsión media estima una tasa anualizada de 4.7 por ciento en el tercer trimestre.

Abundan los indicios de una demanda contenida. La compañía Carnival, en una señal de confianza en el deseo del público de viajar de nuevo en crucero, alista ya su barco más grande, el Mardi Gras de 5 mil 200 pasajeros. Libres por fin para hacer lo que quieran, los estadounidenses podrían "vivir en el puro momento, vivir gozosamente de ginebra y amor", como escribió el crítico literario Malcolm Cowley sobre la llamada Generación Perdida.

Ginebra y amor hacen un cóctel poderoso, pero no mantendrán el crecimiento de una década. El argumento optimista para una reedición del próspero 1920 es que el confinamiento de la pandemia ha acelerado la adopción de tecnologías como las videoconferencias y el comercio digital que seguirán pagando dividendos mucho después de que el virus haya desaparecido. La consultora McKinsey & Co. dice que un sondeo global a ejecutivos reveló que están siete años por delante de lo que planeaban estar en términos de la proporción de productos digitales o habilitados digitalmente en las carteras de sus empresas. Y todavía hay margen para más. Cowen Research reporta que casi la mitad de los compradores de tecnología empresarial que entrevistó dijeron encontrarse en las primeras etapas de una transición a la computación en la nube.

Cuando se pronostica el progreso tecnológico lo difícil es averiguar dónde estamos en la curva de adopción. Allí tenemos por ejemplo a los robots. La palabra fue acuñada en 1920 por el escritor checo Karel Capek, pero un siglo después los robots no están a la altura de las esperanzas (o temores). Se necesitaron 13 años, de 2005 a 2018, para que la cantidad de robots instalados en Estados Unidos se duplicara, según la Federación Internacional de Robótica. Para un pesimista, eso es casi una meseta. Para un optimista, significa que los robots todavía están en la parte inferior de la curva de adopción en forma de "S" y despegarán en cualquier momento.

El argumento pesimista, el que no prevé un boom como el de los años veinte, sostiene que la expansión de la fuerza laboral y los avances en la escolaridad no igualan a los de aquella década, y los avances en tecnología de la información y biotecnología, aunque impresionantes, no se comparan con las tecnologías transformadoras y polivalentes que impulsaron el crecimiento hace un siglo (la electrificación y el motor de combustión interna, por nombrar dos). Como dijo decepcionado el inversionista Peter Thiel: "Queríamos coches voladores y en su lugar nos dieron 140 caracteres".

Para el estadounidense promedio, la vida cambió más de 1920 a 1929 de lo que probablemente cambie de 2020 a 2029. La electrificación nos dio refrigeradores (en lugar de hieleras), lavadoras (en lugar de lavaderos) y radios. Con la electrificación, las fábricas ya no tuvieron que depender de la energía de un solo generador conectado a las máquinas mediante correas y poleas ruidosas e ineficientes.

El motor de combustión interna se consolidó en la década de 1920, impulsando automóviles, camiones, equipos agrícolas y aviones. El número de conductores registrados casi se triplicó durante la década. El auge del automóvil provocó inversiones en carreteras y suburbios, así como en la producción de caucho, acero, vidrio y petróleo.

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