Los agricultores españoles denuncian la gran diferencia entre el precio que reciben por sus productos y el que pagan los consumidores en el supermercado.
El aumento de los costes de producción, la competencia de países extracomunitarios y la incertidumbre climática están reduciendo la rentabilidad del sector agrícola.
A pesar de la Ley de la Cadena Alimentaria, los agricultores consideran insuficiente su aplicación para evitar que los productos se paguen por debajo del coste de producción.
El envejecimiento de la población agrícola y la falta de relevo generacional amenazan el futuro del sector en España.
La diferencia entre lo que cobra un agricultor por su producción y el precio que finalmente paga el consumidor continúa siendo una de las grandes preocupaciones del campo español.
Detrás de esta brecha hay un problema que el sector denuncia desde hace años y que ha dado lugar a movilizaciones masivas en toda España.
Juan Carlos, productor de tomate, lo resume con una frase que refleja el malestar de muchos agricultores: "Vas a una gran superficie y el precio puede estar a 2,50 o 3 euros, cuando al agricultor se le está pagando 1 euro".
Su testimonio, ofrecido a los informativos de Antena 3, llega en un momento especialmente complicado para la agricultura española.
Los productores afrontan un escenario marcado por el aumento de costes, la incertidumbre climática, la competencia de países extracomunitarios y una rentabilidad cada vez menor.
La principal queja de los agricultores se centra en la diferencia entre el precio en origen y el de venta al público.
Aunque existe una Ley de la Cadena Alimentaria destinada a impedir que los productos se comercialicen por debajo de los costes de producción, las organizaciones agrarias consideran que su aplicación sigue siendo insuficiente y que el margen continúa concentrándose en los eslabones posteriores de la cadena.
Indicadores como el Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD), elaborado por COAG, muestran de forma recurrente que muchos productos agrícolas multiplican entre tres y cinco veces su valor desde que salen del campo hasta que llegan al supermercado.
A esta situación se suma el incremento de los gastos que deben asumir las explotaciones. Juan Carlos explica que la reciente inestabilidad internacional también está teniendo consecuencias directas sobre su actividad.
"Con esta nueva guerra, el tema del combustible está por las nubes. Al igual que las personas que van a comprar, a nosotros se nos encarece todo también", señala.
El aumento del precio del gasóleo agrícola, los fertilizantes, la electricidad o los productos fitosanitarios ha reducido considerablemente los márgenes de beneficio de muchas explotaciones, que en algunos casos aseguran producir con una rentabilidad mínima.