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Encuentro entre los ministros de Exteriores de España y Marruecos, José Manuel Albares y Nasser Bourita, en abril del año pasado.
Europa Press
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Washington tardó veinte años en comprender el error que había cometido con China, pero desde entonces no han parado de barrenarlo dejando muchos cadáveres por el camino.
El empresariado español en 2026 sigue viviendo en una mentalidad del pasado, creyendo que sus negocios en Marruecos no se verán afectados por el choque (a estas alturas inevitable) entre España y Marruecos.
Los empresarios que comprendan esta amenaza a tiempo aún están a tiempo de maniobrar. Los que no, sufrirán fuertes pérdidas económicas esta década.
Apple no cometió su error más caro diseñando un mal teléfono. Lo cometió fabricando uno magnífico en el país equivocado.
Durante dos décadas, el gigante estadounidense concentró en China proveedores, conocimiento industrial, montaje y mercado. El balance parecía menos atenazante porque las fábricas eran de Foxconn. La dependencia, sin embargo, era enteramente de Apple.
En abril de 2025, cuando los aranceles pusieron precio a esa vulnerabilidad, la compañía había perdido más de 600.000 millones de dólares de capitalización desde comienzos de año.
La geopolítica había entrado en la cuenta de resultados por la puerta del almacén.
La historia de este accidente empezó con la victoria en la Guerra Fría, con una superioridad que parecía eterna.
En el 2000, la economía estadounidense era aproximadamente 8,5 veces mayor que la china (como Marruecos respecto a España hoy).
La Administración Clinton presentó la normalización comercial como un negocio redondo: China abriría su mercado y el contacto con el capitalismo fortalecería a sus reformistas democráticos.
Pekín ingresó en la Organización Mundial del Comercio en diciembre de 2001 con la alfombra roja puesta por Washington. Igual que España apoyando a Marruecos ante la Unión Europea.
El comercio traería prosperidad. La prosperidad, moderación. Y la moderación, democracia.
Era una cadena causal endeble, pero nadie empezó a cuestionarla hasta que llegó la década de 2010.
El presidente de Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el primer ministro marroquí, Aziz Akhannouc (d).
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Prohíbe arrendar tierras estatales para extraer mineral clave para la industria nuclear
El mandatario brasileño iba a defender la soberanía nacional y criticaría indirectamente los aranceles impuestos por Estados Unidos.