Manuel Lao.
Carlos R. Cózar
El mercado internacional del lujo no entiende de esperas ni de escalas. Con esta premisa, Manuel Lao, la 23ª fortuna de España según la revista Forbes, ha decidido transformar la logística de su joya agropecuaria en los Montes de Toledo (Ciudad Real).
El empresario, que vendió el gigante del juego Cirsa en 2018 por más de 2.000 millones de euros, ha iniciado los trámites para construir un aeródromo privado de largo alcance en su finca, la Dehesa de El Molinillo, situada en la localidad ciudadrealeña de Retuerta del Bullaque.
A través de su sociedad Nortia Agricultural, Lao persigue un objetivo estratégico: abrir una vía de exportación directa entre el entorno rural castellanomanchego y grandes capitales financieras como Nueva York o Dubái.
La infraestructura permitirá a delegaciones comerciales y clientes internacionales de alto nivel aterrizar directamente en la finca para adquirir sus productos ecológicos premium —con su galardonado aceite de oliva virgen extra como principal reclamo— evitando el paso previo por aeropuertos comerciales secundarios.
El proyecto, que ya se encuentra en fase de información pública en la Consejería de Fomento de Castilla-La Mancha para su estudio de impacto ambiental, destaca por unas magnitudes inusuales para una pista privada.
El trazado principal del aeródromo medirá 1.900 metros de longitud por 30 de anchura. Estas dimensiones responden a una necesidad puramente técnica: permitir la operativa a máxima carga de los reactores transoceánicos más exclusivos del mercado.
Un claro ejemplo es el Gulfstream G650, un jet privado valorado en unos 70 millones de euros que requiere, precisamente, de unos 1.800 metros de pista para garantizar su despegue a pleno rendimiento.
La instalación funcionará como un complejo logístico integral. A pie de pista, se habilitará una plataforma de estacionamiento con capacidad para recibir hasta tres de estas aeronaves simultáneamente, lo que vendrá acompañado de una zona de bienvenida para los pasajeros y un área de aparcamiento para ocho vehículos.
Asimismo, para proteger los aviones frente a la climatología y realizar tareas de mantenimiento, el recinto contará con un hangar de proporciones industriales: 1.600 metros cuadrados de planta y 11 metros de altura libre.
En el plano técnico, el aeródromo está diseñado para operar con total autonomía. Dispondrá de su propio cuadro eléctrico, generadores de respaldo y un sistema de seguridad equipado con depósitos de agua y espumógeno para la extinción de incendios.
El plan de vuelo contempla un volumen de operaciones bajo pero selecto: una media de dos maniobras semanales, limitando el tráfico a unos cien vuelos anuales.
Esta exclusividad comercial se combinará con un uso de servicio público, ya que la pista estará disponible para atender emergencias sanitarias o colaborar en la extinción de incendios forestales de forma puntual.
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